Cardenal Tucci: la guerra de Irak es la derrota de la razón, no de la oración

El purpurado es miembro del Consejo directivo de Radio Vaticana

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ROMA, 20 marzo 2003 (ZENIT.org).- La razón y la comprensión del Evangelio han sufrido una derrota con el ataque a Irak, afirmó este jueves el cardenal Tucci subrayando la responsabilidad de Sadam Husein en la situación actual y el hecho de que no se hayan agotado las vías pacíficas para evitar el conflicto.

De acuerdo con el purpurado italiano, la responsabilidad del líder iraquí abarca todo el período de su gobierno, especialmente tras la guerra del Golfo, «porque no ha obedecido las decisiones de la ONU y por lo tanto ha llevado a una situación tremendamente crítica».

«Al mismo tiempo –declaró el cardenal Tucci–, estoy convencido de que no se ha hecho todo lo que se podía hacer para evitar la guerra».

«Esta guerra –afirmó– ciertamente está al margen de toda legalidad, de toda legitimidad, de toda legitimación internacional y el único organismo que podía darla es la ONU».

Por eso, según el purpurado, el conflicto representa un golpe notable a la autoridad de las Naciones Unidas. Igualmente, la unidad de Europa ha resultado herida.

«Ciertamente –añadió el cardenal que ha recorrido el mundo preparando los viajes de Juan Pablo II por el mundo hasta hace unos meses– con esta guerra se dará ocasión a un mayor fundamentalismo entre los pueblos islámicos».

Según explicó el purpurado, el conflicto no representa una derrota de la oración, sino «de la razón». «Es una derrota del Evangelio» en el sentido de que «el Evangelio no es comprendido», observó.

El cardenal Tucci manifestó también que cuando toda la problemática salga a la luz, «se verá que prácticamente esta guerra ya se había decidido cualquiera que fuera el resultado de las inspecciones de la ONU».

«Esto en mi opinión es grave», señaló. Sin embargo puntualizó la importancia de no caer en actitudes de antiamericanismo, porque «no hará bien a nadie».

Ello «ciertamente no beneficiará a Estados Unidos, pero tampoco a Europa, y sobre todo es peligroso porque debilita, en el fondo, la fuerza de los países democráticos».

El purpurado alertó además de la importancia de «no caer en una especie de fundamentalismo llamémosle occidental» –«porque sería blasfemo llamarlo cristiano»– y que al final se le diera la razón a la tesis del «Choque de civilizaciones» de Huntington.

En cualquier caso, señaló que esta guerra exacerba la oposición y que existiría el peligro, en la política actual norteamericana, de que se llegara verdaderamente cada vez más a un enfrentamiento de civilizaciones «que no ayudaría a nadie».

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ZENIT Staff

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