El desafío cristiano: anunciar a Cristo en un mundo escéptico; dice el Papa

Al encontrarse con la Conferencia Episcopal de Escandinavia

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CIUDAD DEL VATICANO, 7 abril 2003 (ZENIT.org).- El desafío de los cristianos en estos momentos consiste en anunciar a Cristo «claramente y sin ambigüedad», en un mundo caracterizado por el escepticismo y la confusión, considera Juan Pablo II.

Así lo explicó este sábado al recibir a los obispos de la Conferencia Episcopal de Escandinavia (Suecia, Noruega, Islandia, Finlandia, Dinamarca), con los que en días anteriores se había reunido personalmente, con motivo de su quinquenal visita «ad limina apostolum» al Papa y a la Curia Romana.

«En un mundo cargado de escepticismo y confusión, podría parecer a algunos que la luz de Cristo se ha ofuscado», comenzó constatando en su discurso pronunciado en inglés.

«Las sociedades y las culturas modernas están a menudo marcadas por el secularismo que fácilmente llevan a perder el sentido de Dios y sin Dios se pierde también el sentido profundo del ser humano», añadió el Papa.

Por este motivo, aclaró, es necesario responder con la «nueva evangelización», que en la «evangelización de la cultura» tiene una dimensión decisiva.

«El reto al que tenéis que hacer frente es que la voz del cristianismo se oiga en todos los ámbitos y que los valores del Evangelio llenen vuestras sociedades y culturas», dijo el Papa a los prelados escandinavos, donde el catolicismo es una pequeña minoría.

En este contexto, enmarcó los diferentes aspectos que presenta el anuncio del humanismo inspirado en el Evangelio, que implica la «indisolubilidad del matrimonio», la «responsabilidad frente a las crisis ecológicas», la «generosidad en el ámbito de la ayuda humanitaria» y la promoción de la paz.

Ahora bien, aclaró, «el verdadero humanismo incluye siempre a Dios. De no ser así, incluso no intencionalmente, niega a los seres humanos el lugar que les corresponde en la creación y no reconoce plenamente la dignidad plena del ser humano».

«Por eso, debéis ayudar a vuestras culturas respectivas a basar en su rico patrimonio cristiano la comprensión de la persona humana», indicó.

Por último, dio un fuerte impulso al ecumenismo que promueven los católicos en los países escandinavos, pues «el testimonio de unidad de todos los cristianos ayudará enormemente a la transmisión de los valores evangélicos en la sociedad y a que progrese el reino de Dios en medio de nosotros».

La Conferencia de los obispos escandinavos (http://www.catholic.se/nbk/indexeng.htm) está compuesta actualmente por 12 obispos en representación de cinco diócesis y dos prelaturas territoriales.

En su conjunto, los católicos son unos 250.000 (en buena parte extranjeros) en una población de casi 24 millones de habitantes, en su gran mayoría de tradición luterana.

«El número de los católicos está aumentando sobre todo a causa de la emigración, pero también de las conversiones y bautismos de adultos», explicó en su saludo al Papa el obispo de Oslo monseñor Gerhard Schwenzer, presidente de la Conferencia episcopal escandinava.

Este crecimiento crea también buenos «problemas», como el de la falta de iglesias o centros parroquiales, pues los existentes se han quedado pequeños y ahora hay que construir nuevos. En octubre pasado se creó un seminario internacional en Helsinki.

La Iglesia católica en Escandinavia vive un año particular: el 1 de junio celebrará los 700 años del nacimiento de santa Brígida de Suecia, copatrona de Europa, venerada por católicos y luteranos. El 29 de junio, las diócesis de Oslo, Copenhague y Estocolmo celebrarán los cincuenta años de su institución, decidida por Pío XII.

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ZENIT Staff

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