Carlos I de Austria, un emperador hacia los altares

Murió a los 34 años en el exilio

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CIUDAD DEL VATICANO, 14 abril 2003 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha dado un paso decisivo en el camino de la beatificación de Carlos I (1887-1922), joven emperador de Austria y rey de Hungría, a quien la historia recuerda como el último monarca del imperio austro-húngaro.

Más de ochenta años después de su muerte, la Congregación para las Causas de los Santos en presencia de Juan Pablo II proclamó este sábado sus «virtudes heroicas».

Esto significa que para la beatificación del desafortunado protagonista de los acontecimientos ligados a la primera guerra mundial, sólo hace falta el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión.

Nació el 17 de agosto de 1887 en Persenbeug (Austria). Hijo mayor del archiduque Otón y nieto del emperador Francisco José I. Cuando su tío, el archiduque Francisco Fernando, fue asesinado y Francisco José murió, Carlos fue proclamado emperador de Austria y rey de Hungría, en 1916, mientras tenía lugar la primera guerra mundial.

Cinco años antes se había casado con la princesa Zita de los Borbones de Parma, a quien en el día de bodas le dijo: «Ahora tenemos que llevarnos el uno al otro al cielo». Tuvieron ocho hijos.

En la ceremonia de publicación del decreto de virtudes heroicas, el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, le definió como «hombre de sólida fe, que buscó siempre el bien de su pueblo y en su acción de gobierno se inspiró en la doctrina social de la Iglesia».

«Fomentó la justicia, la paz y alimento un constante anhelo a la santidad. Fue ejemplar como marido, padre y soberano», concluyó.

Cuando cayó el Imperio Austro-Húngaro el 11 de noviembre de 1918, Carlos abdicó del trono de húngaro. En marzo de 1919 salió de Austria y fue destituido formalmente por el Parlamento austríaco en abril. Pasó su exilio en la isla de Madeira (Portugal), lugar donde falleció a los 34 años.

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ZENIT Staff

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