Siete nuevos beatos para un mundo herido por la violencia

Reconoce también las virtudes heroicas de nueve bautizados

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CIUDAD DEL VATICANO, 14 abril 2003 (ZENIT.org).- En presencia de Juan Pablo II, se promulgaron en la mañana del sábado en el Vaticano siete decretos de reconocimiento de otros tantos milagros atribuidos a la intercesión de los ya futuros beatos, tres hombres y cuatro mujeres.

En la misma ceremonia, se reconocieron las virtudes heroicas de nueve bautizados –entre ellos el emperador de Austria, en cuyo honor el Papa recibió el nombre de pila de Karol (Carlos)–, decreto que les permite avanzar un paso más hacia el reconocimiento oficial por parte de la Iglesia católica de su santidad de vida.

Los decretos reúnen en total a diez hombres y seis mujeres. Ocho son de origen italiano, hay cuatro españoles, dos franceses, un austriaco y un holandés. Dos dejaron su patria para desarrollar su labor misionera en Hispanoamérica.

Entre estos siervos de Dios hay cuatro sacerdotes diocesanos, tres sacerdotes religiosos, dos laicos de Institutos religiosos, seis religiosas y un padre de familia. Hay nueve fundadores y fundadoras entre los anteriores, a los que hay que añadir una co-fundadora.

«Esta promulgación de los decretos tiene lugar mientras la humanidad es nuevamente herida y humillada por el conflicto de las armas», dijo el cardenal José Saraiva Martins –prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos– en presencia del Santo Padre.

«Sin embargo –añadió– la hora de la prueba se ve alumbrada por el ejemplo de nuestros Siervos de Dios, quienes creyeron y trabajaron por la verdadera promoción humana y por la concordia de los pueblos».

«Ellos vivieron en sí mismos la bienaventuranza de la paz y gastaron sus vidas en el cumplimiento de las obras de misericordia, sólido fundamento de la paz», reconoció el purpurado.

Futuros beatos
El sacerdote español de la archidiócesis de Granada, Juan Nepomuceno Zegrí y Moreno (1831-1905) –descendiente de familia de antigua nobleza árabe–, desempeñó importantes cargos eclesiásticos –como el de vicario general— en Málaga, donde fundó la Congregación de las Hermanas de la Caridad de la Beata María Virgen de la Merced (llamadas «Mercedarias») para la asistencia a los necesitados.

Luigi Telamoni (1848-1926), sacerdote italiano de la archidiócesis de Milán, fue profesor en el seminario de Monza y llevó a cabo un intenso ministerio pastoral y una beneficiosa actividad social. Junto a la viuda Maria Biffi Levati, fundó la Congregación de las Hermanas Misericordinas de San Gerardo.

Religioso laico –desde joven se había entregado a Dios haciendo votos de obediencia y castidad–, el italiano Luigi Maria Monto (1825-1900) ingresó en la Congregación de los Hijos de Maria fundada por el Beato Ludovico Pavón. Para atender a enfermos y huérfanos y destinada a la educación de la juventud, fundó los Hijos de la Inmaculada Concepción, que gobernó hasta su muerte.

Matilde del Sagrado Corazón (1841-1902) –Matilde Téllez Robles— se sintió atraída desde la juventud por la vida consagrada y las obras de caridad. Entrelazó en su vida contemplación y apostolado. La adoración eucarística fue una importante columna de la espiritualidad de la española. Fundó en Béjar (Salamanca) la Congregación de las Hijas de María Madre de la Iglesia para la educación de las niñas y la asistencia a los enfermos.

Piedad de la Cruz –en el siglo Tomasa Ortiz Real— nació en España en 1842. A pesar de la oposición paterna, decidió seguir a Cristo con corazón indiviso. Tuvo que superar muchas dificultades antes de fundar la Congregación de las Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús. Su fe y su espíritu de sacrificio la sostuvieron incluso cuando dejó el gobierno de su obra. Falleció en 1916.

De origen francés, Rosalía Rendu –en el siglo, Juana María— nació en 1786 en el seno de una familia caracterizada por la ayuda brindada a los sacerdotes perseguidos por la revolución francesa. Ingresó en las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, se comprometió en una gran actividad caritativa y de promoción humana y social en los barrios periféricos de París donde murió en 1856. Fundó centros de educación y asistencia movilizando la colaboración de sus hermanas de comunidad y de los laicos.

La Carmelita descalza María Cándida de la Eucaristía –en el siglo, María Barba— (1884-1949) ingresó en el monasterio de Santa Teresa en Ragusa. Durante cerca de veinte años, la religiosa italiana fue priora de su comunidad y se encargó de la construcción de nuevos monasterios en Ragusa y Siracusa. Era admirada especialmente por la fiel observancia de la Regla.

Virtudes heroicas
Por otra parte, la Congregación para las Causas de los Santos promulgó los decretos de reconocimiento de las virtudes heroicas de seis sacerdotes, una religiosa, una laica y un padre de familia.

El sacerdote italiano Luigi Boccardo (1861-1936) enseñó durante treinta años en el seminario de su archidiócesis, Turín, y tras la muerte de su hermano –el Beato Juan María Boccardo– ocupó su lugar en la dirección de la Congregación de las Pobres Hijas de San Gaetán, en cuyo ámbito fundó la rama contemplativa de las Hijas de Jesús Rey, invidentes. Además de la formación de las religiosas, atendió con un carisma especialísimo la dirección espiritual de los sacerdotes. Es autor de varios libros de espiritualidad.

Particularmente dedicado a la formación de los candidatos al sacerdocio, Mosé Tovini (1877-1930), sacerdote italiano de Brescia, es sobrino del Beato Giuseppe Antonio Tovini. Fue profesor y rector del seminario que tuvo como alumno al futuro Pablo VI. Igualmente, desarrolló una gran actividad pastoral como asistente de Acción Católica. Fomentó la santidad de los sacerdotes y la enseñanza del catecismo. También desempeñó cargos en la Curia.

El sacerdote francés Basilio Antonio Maria Moreau (1799-1873) fundó en su diócesis de Le Mans la Congregación de los Religiosos de la Santa Cruz para la predicación en medio rural, las misiones extranjeras y la educación cristiana de la juventud necesitada. Asimismo fundó las Religiosas de la Santa Cruz. En el Instituto masculino fue purificado por múltiples tribulaciones que soportó con paciencia y benignidad. Dejó la tarea de superior general y se dedicó al ministerio pastoral como simple religioso.

Sacerdote del Oratorio de San Felipe Neri, en Verona, el italiano Filippo Bardellini (1878-1956) fue el humilde protagonista de una vasta actividad caritativa dirigida a los sectores más descuidados. Fundó la Obra de las Pobrecillas de la Casa de Nazareth para la atención de las jóvenes y de las mujeres con problemas mentales. Durante muchos años fue rector de la iglesia de San Pietro Incarnario (Verona). Fue amigo de San Juan Calabria, con quien compartió el ideal de la santidad.

Eustaquio Van Lieshout (1890-1943), sacerdote, nació en Holanda. Se convirtió en un infatigable párroco en Brasil, trabajando en un contexto socio-religioso conflictivo. Obtuvo numerosas conversiones a la Iglesia católica. Pertenecía a la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María (también conocida con el nombre de «Picpus»), a la que se había sentido atraído por el heroico ejemplo del Beato Damián José de Veuster, apóstol de los leprosos.

Luigi della Consolata –en el siglo Andrea Bordino (1922-1977)–, originario de la diócesis piamontesa de Alba, sobrevivió junto a su hermano a la terrible campaña de Rusia durante la Segunda Guerra Mundial. Salió de los campos de concentración soviéticos con el propósito de dedicar su vida al servicio de los enfermos y de los pobres. Ingresó en los Hermanos de San Giuseppe Benedetto Cottolengo de Turín. El hospital fue el contexto de su caridad y santidad. En su Instituto desempeñó diferentes cargos, entre ellos el de vicario general.

De origen italiano, Anna Maria Fiorelli (1809-1860), viuda de Lapini, –terciaria franciscana– fue una figura ejemplar en el ambiente religioso de Florencia en el XIX. Viuda después de nueve dolorosos años de vida matrimonial, se consagró a la oración y a las obras de caridad. En la línea de la espiritualidad franciscana, fundó la Congregación de las Pobres Hijas de los Santos Estigmas de San Francisco de Asís (llamadas «Estigmatinas») para auxiliar a las niñas huérfanas, a los enfermos y a los pobres. Su obra contó con el apoyo del Beato Pio IX.

Ascensión del Corazón de Jesús (1868-1940) –en el siglo Florencia Nicol Goñi— nació en España y vivió hasta los cuarenta y cinco años como monja dominica en el monasterio de Huesca, trabajando como profesora. Posteriormente desarrolló una entusiasta y dinámica labor misionera en Perú. Junto al obispo Ramón Zubieta y Les, O.P., fue cofundadora y superiora general de las Misioneras Dominicas del Santísimo Rosario, instituidas para la evangelización de las tribus amazónicas.

Emperador de Austria y rey de Hungría, Carlos de Austria (1887-1922) se casó en 1911 con la princesa Zita de los Borbones de Parma, a quien el día de su boda dijo: «Ahora debemos conducirnos mutuamente al cielo». De la unión, vivida en el amor y en la fidelidad, nacieron ocho hijos. Accedió al trono tras la muerte de Francisco José, en 1916, en la Primera Guerra Mundial.

De firmes convicciones morales y sólida fe, Carlos de Austria buscó siempre el bien de su pueblo y en su gobierno se inspiró en la Doctrina Social de la Iglesia. Fomentó la justicia, la paz y alimentó un deseo constante por la santidad. Fue ejemplar como cristiano, marido, padre y soberano. Murió exiliado en la isla de Madeira (Portugal).

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ZENIT Staff

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