Teólogo del Papa: La oración en tiempos de guerra

El padre Cottier reconoce que la reconstrucción de Irak será muy difícil

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ROMA, 15 abril 2003 (ZENIT.orgAvvenire).- Amenazado por la pobreza y el rencor –fruto de años de dictadura–, Irak deberá enfrentar su reconstrucción tomando en cuenta los fundamentos que Juan XXIII enunció para instaurar la paz: la libertad, la justicia, la verdad y el amor, indica el familiarmente conocido como teólogo del Papa.

El dominico suizo Georges Cottier –cuyo cargo oficial es el de teólogo de la Casa Pontificia– analiza las inquietudes que la guerra ha sembrado en el corazón de innumerables personas.

–¿A qué no se puede renunciar en la reconstrucción de Irak?

–Georges Cottier: Acabamos de celebrar el 40º aniversario de la encíclica «Pacem in terris». Juan XXIII sentó los cuatro pilares de la paz: la libertad, la justicia, la verdad y el amor. Todo está ahí. En la construcción de la paz no hay que olvidar al hombre, el respeto de sus derechos: los de la persona, pero también los derechos de los pueblos. En Irak, por ejemplo, los derechos de las minorías. Será una construcción muy difícil: tal vez la verdadera batalla empieza ahora.

–Millones de personas han orado por la paz, acogiendo la llamada del Papa. ¿Han sido escuchadas?

–Georges Cottier: ¿Por Dios? Pienso que sí. Él escucha lo que decimos, si bien el modo en que accede es otra cosa. Nosotros esperamos resultados comprobables, inmediatos, pero no hay que pensar que ésta es la forma de actuar de Dios.

–Entonces, ¿para qué orar?

–Georges Cottier: Orar, orar… Porque existe la fortísima intuición de que la paz está casi por encima de las capacidades del hombre. Estamos dispuestos a oponernos, a dominar, a alimentar el odio. La paz es un don de Dios. Así que debemos orar para que Él nos transforme en constructores de paz. De esta manera atiende nuestras súplicas. Con la guerra, hemos entrado en un drama que ha causado muchas víctimas. Tal vez estamos a punto de ver el final, pero pensemos en los heridos, en los muertos, en la desastrosa situación sanitaria, en las familias desgarradas. En todas estas almas ha habido, con seguridad, una visita de Dios. Esta es la obra invisible de Dios que no vemos por definición, pero que es real.

–Ahora hay que construir la paz en Irak…

–Georges Cottier: Amor por la paz también quiere decir construir. Ahora Dios debe orientar la sabiduría de los responsables de la reconstrucción. Una labor que, como se puede ver, será difícil. Ante todo porque estamos frente a un país en ruina donde las necesidades inmediatas no se satisfacen y los rencores por la terrible dictadura pueden explotar violentamente Todo ello hace muy frágiles las bases humanas de la paz en Irak y en el mundo entero. Por otro lado, no sé si esta victoria del «Occidente norteamericano» es también una victoria moral. Llevar la paz quiere decir hacerse amar, y temo que la gran masa musulmana, humillada por esta rapidísima derrota, sea aún más hostil hacia Occidente. Y para muchos de ellos Occidente quiere decir cristianismo. Esto debe preocuparnos.

–Entonces, ¿cómo se debe actuar?

–Georges Cottier: Necesitamos de la oración para obtener sabiduría, valor y generosidad. Ciertamente el voluntariado, el esfuerzo de solidaridad y la caridad serán determinantes. Así podemos ayudar a las Naciones Unidas: su trabajo es indispensable, pero no pueden hacer todo. Necesitan nuestra colaboración.

–Usted dice que Dios no está ausente, pero muchos han percibido como un peso su silencio…

–Georges Cottier: ¿Qué es el silencio de Dios? Dios es siempre silencioso. Habla en el fondo de los corazones. Nos inspira a través del Espíritu Santo: pensemos en cuántas personas durante estos días han orado y se han acercado a Dios. No diría, por lo tanto, que ha estado ausente. Ha sido silencioso porque nosotros hacemos mucho ruido. La guerra es estruendo, una explosión de ruido. ¿Cómo oír a Dios cuando estamos bajo las bombas? Él deja a la humanidad libre de hacer la experiencia misma del mal. Es la forma indirecta con la que Dios nos habla. Basta con leer los Libros Históricos del Antiguo Testamento, la experiencia continua que hace Israel en el desastre, en la deportación. En todo prevalece el examen de conciencia, el interrogante: «¿Qué hemos hecho? ¿No habremos provocado este mal nosotros mismos?». Y es el primer paso hacia la conversión.

–El Papa sigue insistiendo en la necesidad de educar en la paz…

–Georges Cottier: No basta con la simpatía o el sentimiento de la paz. Existe un aspecto político, una verdadera ciencia de la paz. La Iglesia no cesa de repetir que la miseria del sur del planeta es una de las razones que provoca los conflictos. Una parte de la humanidad sufre la falta de justicia. Y la justicia implica instituciones y leyes que no se pueden improvisar. Por ello también Juan Pablo II insiste en la importancia de las Naciones Unidas, una institución muy imperfecta todavía, cierto, pero es la primera entidad autorizada para la regulación universal de los problemas. Después está la educación, la que lleva a amar la paz. Y empieza desde niños. Es a quienes hay que enseñar la belleza de la paz.

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ZENIT Staff

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