«La música no debe dominar la liturgia, sino servirla»

Entrevista al liturgista Pedro Farnés

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BARCELONA, 5 diciembre 2003 (ZENIT.orgVeritas).- Con ocasión del centanario del Motu Propio «Tra le sollecitudini», de san Pío X, la agencia Veritas ha entrevistado al liturgista Pedro Farnés Scherer, a fin de revisar la actualidad de los principios planteados en 1903 y abordar algunas cuestiones relacionadas con el estado actual de la liturgia.

Pedro Farnés es director del Instituto de Teología Espiritual de Barcelona y profesor de Liturgia en la Facultad de San Dámaso de Madrid. Es además relator del «Ritual de Exequias» del episcopado español. Fue miembro de la comisión España-CELAM para la edición del «Ritual de Bendiciones» y del equipo de preparación de la versión unificada del Ordinario de la Misa en español (Congregación para el Culto-Episcopados de América Latina y España)

Ha editado más de cien publicaciones, la mayoría de cuestiones de liturgia. Actualmente trabaja en la preparación de nuevas obras.

–Celebramos cien años del Motu propio «Tra le sollecitudini», sobre la música sagrada, ¿Cómo influye este documento de San Pío X en las celebraciones actuales?

–Pedro Farnés: Los principios establecidos por el Papa en 1903 continúan vigentes y tienen aplicaciones diversas, sobre todo porque los ha asumido de nuevo el Concilio Vaticano II. El principio fundamental es que la música no debe dominar la liturgia, sino servirla. En este sentido, antes de Pío X se celebraban muchas Misas con orquestra, algunas muy célebres, que se convertían a menudo en un gran concierto durante el cual tenía lugar la Eucaristía.

San Pío ofreció como modelo de música litúrgica el canto gregoriano porque servía a la liturgia sin dominarla. Tras el Concilio Vaticano II, con la introducción de la lengua del pueblo en la celebración, la música cambió y se buscaron otras melodías diferentes al gregoriano. Sin embargo, el principio de que el canto debe servir a la liturgia continúa vigente.

–¿Y actualmente se respeta este principio?

–Pedro Farnés: También hoy, como hace cien años, existen abusos de músicas que dominan la celebración e invitan poco a rezar. En algunas Misas cantadas, con palmas y bailes, es difícil que la música ayude a rezar. Eso no significa que bailar sea malo: las personas deben expresarse, pero también rezar.

También debe tenerse en cuenta el momento de la celebración para escoger la música. Por ejemplo, un canto muy rítimico puede ser adecuado al comienzo de una Misa, pero no en el momento de la Comunión.

–¿Estos excesos han sido estudiados por el Vaticano, en los últimos meses?

–Pedro Farnés: Se ha divulgado que la Iglesia está preparando un documento que trataría diversas cuestiones litúrgicas y alertaría sobre ciertos abusos. Corren rumores de que no se publicará como se redactó, sino con numerosas correcciones.

Sobre lo que se ha hablado de prohibir las niñas monaguillo o de excluir las guitarras de las Misas, no creo que sea exacto. Algunas de estas posturas pueden puntualizarse. En sí mismas, no son malas.

–Han surgido algunas voces que, ante los abusos, defienden la vuelta a la Misa Tridentina. ¿Qué le parece?

–Pedro Farnés: La Misa de San Pío V fue un gran avance en su tiempo. De hecho, el Misal actual se basa en los mismos principios que el Misal Tridentino. Hoy ha sido reformada para dar una visión, no contraria sino más plena, y recoge los progresos que se han descubierto, y se conoce mejor que en el siglo XVI la Misa que la Iglesia recibió de Jesús.

–Algunos movimientos y comunidades, como el Camino Neocatecumental, poseen ciertas particularidades litúrgicas, ¿Cree que nos hallamos ante nuevos ritos o ante una forma peculiar de celebrar el rito romano?

–Pedro Farnés: En principio son maneras peculiares de celebrar el mismo rito romano. Estas particularidades han existido siempre: en las comunidades carmelitas, cistercienses… Es como tener un tesoro (la Eucaristía) en cajas diferentes (los diversos ritos).

Podríamos citar el caso del rito Hispánico, que se celebró en toda la Península Ibérica y que, por circunstancias históricas, se refugió en Toledo; un rito que hoy puede celebrarse con permiso del obispo en todas las diócesis de España.

Pero las diferencias de las comunidades del Camino o los ritos de las carmelitas y cistercienses, o de la Iglesia de Milán, son sólo pequeñas variantes del mismo rito romano.

–¿Los abusos que pretenden corregirse se han producido porque algunas cuestiones quedaron demasiado abiertas a interpretaciones, en el Concilio Vaticano II? ¿Fue una reforma precipitada?

–Pedro Farnés: No, no fue una reforma precipitada, pero algunos no la asumieron correctamente. Se puede profundizar más, pero la reforma litúrgica está terminada, aunque siempre es posible avanzar.

–¿Qué factores hicieron necesaria la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II?

–Pedro Farnés: Tal y como señala la Constitución del Concilio, la renovación litúrgica del Vaticano II era necesaria porque se habían introducido elementos en la liturgia que no respondían bien a su esencia. Por ejemplo, se proclamaba la Palabra de Dios en una lengua que se había vuelto incomprensible para el pueblo, lo cual requería un remedio.

–De todos los cambios que se han producido en la liturgia desde el Concilio, ¿cuál considera más importante?

–Pedro Farnés: En primer lugar, que con la nueva distribución de las lecturas a lo largo del año litúrgico se ha vuelto a proclamar casi toda la Bíblia. Luego, que se lean las lecturas en la lengua del pueblo; y en tercer lugar, que el altar se sitúe de cara al pueblo para que los fieles puedan ver el cuerpo y la sangre de Cristo.

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ZENIT Staff

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