Claves para la convivencia entre musulmanes y cristianos (I)

Entrevista al profesor egipcio Samir Khalil Samir, S.J

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ROMA, domingo, 15 febrero 2004 (ZENIT.org).- La integración de los musulmanes en Europa es necesaria y puede ser un bien para el Islam y para Europa, afirma en esta entrevista el experto en temas islámicos, Samir Khalil Samir, S.J.

Autor de «Cien preguntas sobre el Islam», libro-entrevista de Giorgio Paolocci y Camille Eid publicado en varios países (en España lo edita Ediciones Encuentro), es profesor de la Universidad Saint Joseph de Beirut y del Pontificio Instituto Oriental de Roma.

Samir Khalil Samir sugiere posibles vías de encuentro entre cristianos y musulmanes, sobre todo en un momento en que hay 12 millones de musulmanes en la Unión Europea.

–¿Cuál es la gran pregunta que es necesario formularse sobre el Islam?

–Samir Khalil Samir: La pregunta es simple: qué es el Islam. El Islam es una religión parecida y distinta al cristianismo. Muchos de los valores profundos tienen cosas en común con el cristianismo.

No olvidemos que el Islam nace en un contexto geográfico, cultural e histórico donde existe el judaísmo y el cristianismo. En la Meca había muchos cristianos, y en Medina, la segunda ciudad del Islam, muchos judíos.

El contexto de la cultura beduina, en ambiente árabe, hace que el modo de entender a Dios y la religión sea distinto. Cuando digo distinto no hago un juicio de calidad; es simplemente diverso.

Para los occidentales, existe la tentación de intentar asimilar el Islam a una forma de cristianismo, o de oponerlo como algo totalmente distinto: pues no, ni una cosa ni la otra. Tenemos que empezar por saber qué es.

–¿El Islam se siente «misionero» por definición?

–Samir Khalil Samir: Así como lo esencial para el cristianismo es querer transmitir el Evangelio a todos, también es esencial para el musulmán querer transmitir el Corán. Hasta aquí es justificable y es justo. El problema surge cuando el modo de proceder es agresivo. Surgen problemas cuando el cristiano, en el deseo de anunciar a Cristo y al Evangelio a todo el mundo, lo hace de manera aunque sea ligeramente agresiva o con desprecio de quien no tienen la misma visión del mundo.

Si entiendo que he descubierto algo bonito y por amor y amistad quieto transmitirlo, no hay problema, siempre y cuando lo haga con libertad absoluta para todos. Es más, se convierte en un acto de fraternidad y de amor.

–Algunos quieren difundirlo por vías alejadas de la paz…

–Samir Khalil Samir Hoy vemos como a menudo hay quien quiere difundir el Islam con medios que no son siempre pacíficos. Una vez fue hasta con la guerra.

Creo que cuando hablamos de guerra no tenemos que decir «pero los cristianos hicieron las cruzadas», porque, según mi lectura histórica, el fin de la cruzada no era convertir musulmanes, sino que tenía un objetivo de defensa. Los objetivos eran militares y sociales; nunca fueron allí para convertir musulmanes. Fueron más bien, quizá, para defender a los cristianos y los caminos que conducían las peregrinaciones a los lugares santos.

El Islam desde los inicios contempla la conquista y la guerra. No por violencia, esto nunca: el Islam no acepta el principio de «la violencia por la violencia», ni usará la guerra para difundir la fe.

La fe musulmana se ha difundido sobre todo a través de los comerciantes, pensemos en la India o Malasia, y a través de los místicos. Ha tenido varios métodos de difusión: el hecho de querer difundir su fe y compartirla es un acto noble. Tendríamos que ver qué es lo que hay que hacer para afinar este concepto de difusión que para ellos es la «dawa» y para los cristianos la «misión».

–Violencia y no violencia, ¿se encuentran en la misma medida dentro del Corán?

–Samir Khalil Samir: La violencia se encuentra ya en el Corán y en la vida de Mahoma, y quien diga lo contrario es que no ha leído el Corán ni conoce a Mahoma. Sus primeras biografías se llamaban libros de las conquistas; es como los llaman ellos.

Pero al mismo tiempo que afirmo que la violencia está en el Corán, tengo que decir que también la «no violencia» está allí y en la vida de Mahoma. No me contradigo, es la realidad.

Por un lado, la violencia formaba parte del Islam naciente. La pregunta más profunda que debemos hacernos es cómo conciliar los hechos de violencia que subsisten en el Corán y que obligan –sí, digo obligan– casi a matar en algunos casos. Al mismo tiempo, otros párrafos obligan –repito, obligan– a no hacer daño y a respetar la diversidad. Se encuentran las dos visiones, y sólo planteándonos esta pregunta y buscando la respuesta se empieza a entender la realidad musulmana en su conjunto.

[La segunda parte de esta entrevista se publicará el lunes 16 de febrero.]

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ZENIT Staff

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