El año eucarístico redescubrirá la pasión de anunciar a Cristo Vivo

Declaraciones del teólogo italiano monseñor Bruno Forte

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ROMA, lunes, 14 junio 2004 (ZENIT.org).- La celebración de un año eucarístico significa «reencontrar el gozo y la fuerza de ser testigos no de algo, de una ideología, de una doctrina, sino de Alguien, del Señor vivo que da sentido y belleza a nuestra vida y a la vida del mundo», constató monseñor Bruno Forte, miembro de la Comisión Teológica Internacional.

De hecho, «puesto que la Eucaristía es Cristo que se entrega en persona, vivo y verdadero, celebrar un Año Eucarístico significa situar con nuevo impulso en el centro de la vida y de la misión de la Iglesia al único Señor, Cristo», explicó el teólogo italiano en «Radio Vaticana».

El Año de la Eucaristía convocado por Juan Pablo II el jueves pasado, día del Corpus Christi, comenzará con el congreso eucarístico mundial, que se celebrará del 10 al 17 de octubre de 2004 en Guadalajara (México). Concluirá con la próxima asamblea ordinaria del sínodo de los obispos, prevista en el Vaticano del 2 al 29 de octubre de 2005, cuyo tema será «La eucaristía fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia».

«El «Año de la Eucaristía» tiene lugar en el marco del proyecto pastoral que he presentado en la carta apostólica «Novo millennio ineunte», en la que invité a los fieles a «volver a comenzar desde Cristo»», explicó el Papa el domingo antes de rezar la oración mariana del Ángelus.

Y es que, según monseñor Forte, «frente a la caída de los mitos de la modernidad, las ideologías, es necesario dar una razón de vida y de esperanza que no sea ideológica y por lo tanto violenta, que ayude a superar el sentido de abandono y de victimismo que a menudo atrapa a nuestros contemporáneos» y se enmascara en forma de «búsqueda del poder y del consumo».

De ahí que «poner en el centro a Aquél que da sentido a la vida significa responder a una necesidad profundísima de la época en que vivimos», reconoce.

«También frente a los escenarios de violencia y de guerra que presenciamos especialmente desde 2001 y por la respuesta trágica de la guerra a la no menos trágica, incluso más bárbara violencia del terrorismo, creo que es importante subrayar que la verdad no es algo que se posee, sino Alguien», puntualizó monseñor Forte.

Recordó que «si el Hijo de Dios ha asumido un cuerpo, si la Eucaristía, el pan y el vino transustanciados son el Cuerpo y la Sangre de Cristo, entonces esta materia de la que está hecho el mundo no es materia condenada, no es negatividad, sino un valor profundo, el valor que su Creador le ha atribuido, que el pecado el hombre ha oscurecido de alguna forma, pero que precisamente la Redención de Cristo le restituye».

Esta perspectiva tiene una importante repercusión frente a la «Nueva Era» –la «gnosis moderna», «un intento de hacer creer al hombre que puede salvarse solo»–, revela el teólogo italiano, porque «la Eucaristía, mientras es profundamente humana y cercana al hombre porque es materia de este mundo transustanciada, es también alimento que viene del cielo, precisamente porque no es simplemente un fruto de la tierra».

Por eso, «un mundo que se abre en la invocación al don de Dios está destinado no sólo a la salvación eterna, sino también a revalorizar la humanidad del hombre, la condición de carne, de lágrimas, de historia, de tierra de la que estamos hechos, que ha sido asumida por el Hijo de Dios y por Él transfigurada».

«Cristo ha venido para la salvación de todos y cada uno. Un Año Eucarístico significa no sólo redescubrir a Cristo como centro del corazón y de la fe del creyente, sino que significa también redescubrir el impulso y la pasión misionera de anunciarle a Él, la Verdad que salva hasta los confines de la tierra», concluyó monseñor Forte.

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ZENIT Staff

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