Reflexión eclesial sobre la creciente petición de la cremación

En Filipinas

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MANILA, lunes, 1 octubre 2007 (ZENIT.org).- El establecimiento de crematorios y columbarios en diversos puntos de Manila (Filipinas) y la creciente aceptación de los ciudadanos de la cremación como práctica fúnebre ha motivado una reflexión eclesial nacional.

Los empresarios se han percatado del potencial de la cremación debido a su creciente clientela, constató el padre Genaro Diwa, encargado de asuntos litúrgicos de la archidiócesis de Manila.

Habló en estos términos en una conferencia ante doscientos delegados del XXII Encuentro Nacional de directores diocesanos de Liturgia (celebrado en Cagayán De Oro), recoge una nota informativa de la Conferencia de los Obispos Católicos de Filipinas («CBCPNews») el pasado 25 de septiembre.

El fenómeno –constató– también «ha acompañado la construcción de nuevas parroquias», pues «casi todas las nuevas iglesias de Manila tendrán columbarios u osarios». De hecho, tales construcciones han sido posibles por los fondos procedentes de la compra de estos lugares de enterramiento.

«Todo tiempo y cultura tiene un sentimiento religioso natural de respeto por los restos mortales, manifestado de las distintas formas en que se tratan los restos de los difuntos», afirmó el padre Diwa.

«La Iglesia contempla el valor de los restos mortales cuando se encomienda el cuerpo a la tierra, o en la cremación, donde los restos mortales se reducen a cenizas antes de su traslado al columbario», añadió.

En este punto citó el Código de Derecho Canónico. «La Iglesia –dice el canon 1176.3– aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos; sin embargo, no prohíbe la cremación, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana».

En este contexto, los obispos deberían «ocuparse de que la tradición del enterramiento se preserve –que ninguno se vea presionado a elegir la cremación— y discernir que la petición de cremación no contiene» una negación de los dogmas cristianos, espíritu sectario o rechazo a la religión católica o a la Iglesia.

En cualquier caso, el padre Diwa apuntó como razones aceptables para elegir la cremación motivos higiénicos y económicos, además de otros públicos o privados.

Pero hizo un llamamiento a tratar los restos cremados con el mismo respeto que se da al cuerpo. «Esto implica la utilización de un recipiente digno para las cenizas, la forma en que se trasladan, el cuidado y atención al lugar adecuado, y su transporte y disposición final», aclaró.

Los restos cremados deberían colocarse en una sepultura, mausoleo o columbario, pues la práctica de esparcir las cenizas en el mar o en el aire no es acorde con las normas eclesiásticas sobre una disposición adecuada de los restos de un difundo, concluyó el padre Diwa.

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ZENIT Staff

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