El punto de partida del reconocimiento de los mártires del siglo XX en España

Habla el postulador general de la Orden de los Carmelitas Descalzos

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ROMA, viernes, 26 octubre 2007 (ZENIT.org).- La sensibilidad espiritual de los fieles, que recogen los restos de los mártires y veneran su memoria, contemplan en el gesto la unión a la muerte de Cristo en la cruz: éste es el punto de partida para diferenciar a un mártir de otra persona que haya muerto contemporáneamente.

Dos días quedan para que la Iglesia proclame beatos, en Roma, a 498 mártires del siglo XX en España.

El padre Ildefonso Moriones, profesor de Historia de la Iglesia, ha sido consultor de la Congregación vaticana para las Causas de los Santos, y desde hace diez años es postulador general de su Orden, de los Carmelitas Descalzos, 31 de cuyos mártires se cuentan entre los futuros beatos.

Es consciente de su misión de postulador, entre otros puntos, en diferenciar a estos mártires de otras personas que murieron durante la persecución religiosa de los años ’30 en España.

«El esquema en que me siento más seguro es el siguiente –explica a Zenit en la Postulación General de los carmelitas descalzos en Roma –: tiene el punto de partida en el Evangelio de Mateo, que en pocas palabras dice que los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo enterraron y fueron a contárselo a Jesús; no se hacen más comentarios. Y poco más adelante nos dice el Evangelio que también José de Arimatea pidió el cuerpo de Jesús».

«Yo digo que es para que su madre tuviera el consuelo de verlo sepultar en un lugar digno», confiesa.

Siguiendo la explicación del padre Moriones, «la Iglesia, fundada sobre Jesucristo y los apóstoles, sigue repitiendo ese gesto de generación en generación cada vez que uno de sus miembros es llamado a dar prueba suprema de su amor a Dios y al prójimo».

«Los familiares, amigos y discípulos recogen los restos mortales», los conservan, «y con ellos la veneración de su memoria llamándolos mártires, y aquí está el punto de partida: la sensibilidad espiritual de los discípulos que ven en ese gesto una unión a la muerte de Cristo en la cruz», recalca.

Por eso las basílicas de San Pedro y San Pablo en Roma «son el primer eslabón de una cadena a la que vienen a engarzarse nuestros mártires de hoy», expresa.

El método de la Iglesia

En estos casos, la Iglesia «sigue el método de observar la reacción de los fieles» –prosigue el padre Moriones–: «cuando se crea esta fama de martirio y se ve que a través de los años se mantiene la memoria, interviene la autoridad [eclesial] para controlar los datos con rigor científico y ver si este gesto conservado por la memoria de algunos puede ser presentado para que también otros participen de esta Gracia, y eso es lo que se hace a través de los procesos de beatificación y canonización».

Para conocer en persona a los futuros beatos, la Conferencia Episcopal española (CEE) publicó un volumen: «Quiénes son y de dónde vienen. 498 mártires del siglo XX en España» (Editorial EDICE): 2 obispos, 24 sacerdotes diocesanos, 462 miembros de Institutos de Vida Consagrada (religiosos), un diácono, un subdiácono, un seminarista y siete laicos.

María Encarnación González, directora de la Oficina para las Causas de los Santos –de la CEE- se encargó de editarlo; fue posible por la labor investigadora de los diversos postuladores de sus causas, coordinados todos por el padre Moriones.

Se trata de una síntesis que refleja años de investigación en que se recogió toda la documentación pertinente; «de ahí sale este florilegio de personas con nombre y apellidos, con una vida descrita desde el bautismo con agua hasta el bautismo de sangre», recalca a Zenit.

«Cada uno encontró el martirio en el momento en que Dios le llamó: tenemos uno de 16 años, el más joven, y otro de 78 años, el más anciano, y en medio todos los estados de la sociedad y de la Iglesia» –especifica–: el clero desde el seminario hasta el episcopado, la vida religiosa femenina y masculina desde el noviciado hasta los superiores mayores, seglares, padres y madres de familia, así como profesionales.

«Son discípulos de Cristo que un buen día fueron llamados a dar su sangre por el Maestro», recalca el postulador general de la OCD.

Vivir la fiesta de la beatificación

En opinión del padre Moriones, «cuando nos acercamos a estos momentos es muy importante ampliar horizontes, recordar que venimos de Cristo y de los apóstoles».

«Si nos reunimos en Roma –explica también– es porque no cabíamos en ningún otro sitio; así de sencillo es».

Y es que las normas aconsejan ordinariamente celebrar las beatificaciones en el lugar del martirio, «pero nos encontramos con sesenta diócesis españolas implicadas» –recuerda–; se pensó entonces realizarla en la basílica romana de San Pablo Extramuros, pero «no cabemos»; así que «al final el Señor nos ha traído a San Pedro», donde el domingo se proclamarán beatos a estos 498 mártires.

A ellos «les seguirá otro grupo –dentro de cinco o diez años– que se está estudiando», «y otros que seguirán llegando», apunta el padre Moriones.

Sobre la forma de vivir esta experiencia, «nosotros, recordando a estos mártires, queremos sencillamente dar gracias al Señor por haber venido a salvarnos y renovar nuestro deseo de seguirle en las circunstancias que Él nos ponga y por el camino que Él nos señale», dice el carmelita.

«La Iglesia es un organismo vivo, es un misterio en camino», observa.

En este contexto se celebran las beatificaciones; «el que se acerca a este misterio desde un punto de vista cristiano no tiene ningún problema, da gracias a Dios, renueva su propósito y sigue», constata.

«Hay realidades a las que hay que acercarse con respeto», advierte, en vista de las beatificaciones. «Si te dicen algo, acoges el mensaje –sugiere–; si no te dice nada, sigue tu camino o pregúntate por qué no te dice nada, o tal vez es que tienes otra información mezclada».

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ZENIT Staff

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