CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 18 junio 2008 (ZENIT.org).- La vida cristiana es contemplación y acción. Esta fue la enseñanza que dejó Benedicto XVI este miércoles al presentar en la audiencia general la figura de san Isidoro de Sevilla.

En su serie de catequesis sobre las grandes figuras del cristianismo, el Papa presentó al último de los padres cristianos de la antigüedad, quien viviendo entre el siglo VI y VII es conocido como el hombre más sabio de su época.

Ante los más de once mil peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el obispo de Roma ilustró la lucha interior que vivió el santo "entre el deseo de soledad, para dedicarse únicamente a la meditación de la Palabra de Dios, y las exigencias de la caridad hacia los hermanos de cuya salvación se sentía encargado, como obispo".

Por este motivo son particularmente interesantes los consejos del obispo de Sevilla sobre las relaciones entre vida activa y vida contemplativa.

"El realismo de auténtico pastor le convence del riesgo que corren los fieles de vivir una vida reducida a una sola dimensión", afirmó el Santo Padre.

Isidoro escribía textualmente: "El camino intermedio, compuesto por una y otra forma de vida, resulta normalmente el más útil para resolver esas cuestiones, que con frecuencia se agudizan con la opción por un sólo tipo de vida".

"El siervo de Dios, imitando a Cristo, debe dedicarse a la contemplación, sin negarse a la vida activa. Comportarse de otra manera no sería justo. De hecho, así como hay que amar a Dios con la contemplación, también hay que amar al prójimo con la acción", aconsejaba el santo.

"Es imposible, por tanto, vivir sin una ni otra forma de vida, ni es posible amar si no se hace la experiencia tanto de una como de otra", añadía el doctor de la Iglesia.

El papa consideró que "ésta es la síntesis de una vida que busca la contemplación de Dios, el diálogo con Dios en la oración y en la lectura de la Sagrada Escritura, así como la acción al servicio de la comunidad humana y del prójimo".

"Esta síntesis es la lección que nos deja el gran obispo de Sevilla a los cristianos de hoy, llamados a testimoniar a Cristo al inicio del nuevo milenio", concluyó.

La obra más conocida de san Isidoro son las Etimologías, veinte libros, con 448 capítulos: una enorme tarea enciclopédica en la que se recogen y sistematizan todos los ámbitos del saber de la época (teología, historia, literatura, arte, derecho, gramática, cosmología, ciencias naturales...). Gracias a este obra, se hizo posible la conservación de la cultura romana.