Así avanza la mentalidad favorable al aborto

Print Friendly, PDF & Email

Entrevista con el médico y ginecólogo Carlos Alberto Gómez Fajardo

Share this Entry
Print Friendly, PDF & Email

MEDELLÍN, jueves, 30 julio 2009 (ZENIT.org).- La defensa de la vida, los traumas posteriores al aborto y la objeción de conciencia son algunos de los temas que se analizarán en el Primer Congreso Internacional sobre la defensa de la vida: «el estado de indefensión del ser humano hoy».

El evento se realizará los días 1 y 2 de agosto la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia. Cuenta con el apoyo, entre otros, de  A.B.C Prodein y sus Centros de Ayuda para la Mujer, Vida Humana Internacional de Estados Unidos, el Centro de Ayuda para la Mujer de México y el Proyecto Esperanza de Chile.

ZENIT entrevistó a uno de los ponentes de este evento, Carlos Alberto Gómez Fajardo, médico-ginecólogo, especialista en bioética en la Universidad de la Sabana de Bogotá, columnista del diario «El Mundo» de Medellín.

–¿Cómo cree que en América Latina, se ha cambiado la visión sobre el aborto, visto hace pocos años por el ciudadano común como un delito y ahora visto por el mismo ciudadano común como un derecho?

–Carlos Alberto Gómez Fajardo: Tal vez por extensión algunas de las realidades sociológicas que vivimos aquí puedan equipararse a las de países vecinos, cuyo origen histórico es tan profundamente compartido.

Hay una «liberalización» de la mentalidad en el tema del aborto. Es como si  fuera «políticamente correcto» referirse al tema de la despenalización como un avance, como una puesta al día de una idealizada globalización. Creo que la poderosa marea de una ideología «progresista» ha marcado su impronta, al menos en los aspectos legislativos.

Esta «liberalización» de la opinión también se puede entender como un síntoma de la pérdida de referencia a los patrones racionales y antropológicos. Se ha pretendido debilitar y relativizar conceptos como el de la familia tradicional y los medios empeñados en servir a la causa «progresista» no esquivan ninguna ocasión para hacer objeto de crítica y aún de burla los valores y modos de vivir y de educar que son estigmatizados como «tradicionales». Se ha pretendido poner en un nivel de igualdad los conceptos de lo tradicional con lo de hipócrita o pacato. De modo ingenuo muchas personas acogen estas posturas «light», pues así se evitan situaciones de confrontación de ideas y convicciones. Se extiende el modo común de confundir lo frecuente con lo normal. En mi opinión, se extiende un modo inauténtico del afrontamiento de las realidades. En ello tienen mucha responsabilidad los medios masivos de comunicación.

–Pese a que hace tres años se despenalizó el aborto en Colombia en algunos casos, aún son bajas las cifras legales que se hacen de estas prácticas. ¿A qué cree que se debe este fenómeno?

–Carlos Alberto Gómez Fajardo: En realidad el número de abortos provocados siempre ha sido bajo. Que los registros después de la despenalización continúan siendo muy escasos, revela un dato que se ha señalado desde hace tiempo: las cifras que utilizaron los promotores de la normatividad abortista sobre «aborto inseguro» siempre fueron falsas. Este fenómeno también ha sido registrado en los Estados Unidos. En Colombia, como en países de comparable nivel de desarrollo (comparable en «Indice de Desarrollo Humano» del PNUD) la mortalidad materna se debe principalmente a temas relacionados con hemorragia, infecciones obstétricas y trastornos hipertensivos del embarazo. Estas cifras no se corrigen con la imposición de «servicios» abortistas. Se corrigen con el mejoramiento de las condiciones globales de la población en lo que atañe a educación y a disponibilidad, oportunidad y accesibilidad a servicios médicos de control prenatal y atención obstétrica competente.

Los términos «aborto seguro» y «aborto inseguro» no son estrictamente académicos. Son términos que han sido utilizados con fines de manipulación mediática y política y han sido usados para obtener los fines de quienes están interesados en determinados activismos desde instancias muy altas en el concierto de los poderes. El nivel de discernimiento racional de un público mediocremente informado lo lleva con facilidad a conclusiones equívocas.

–¿Qué debe hacer un profesional de la salud cuando entran en conflicto el deber que debe cumplir en la institución donde trabaja y lo que le dicta su conciencia?

–Carlos Alberto Gómez Fajardo: Los médicos y enfermeras deben mantenerse muy bien formados e informados acerca de los fines de las propias profesiones sanitarias. Deben trabajar en el proceso de la formación de la conciencia propia y de los estudiantes de estas disciplinas. Deben manifestar ante sus superiores jerárquicos sus convicciones a favor de una práctica clínica que respete los fundamentos hipocráticos.

El aborto, la eutanasia, la manipulación indebida de los enfermos en situaciones de dificultad existencial, no constituyen actos propiamente médicos. Son actos contrarios a la esencia antropológica-racional de estas profesiones. En este sentido hay una colosal tarea educativa por delante, pues precisamente desde hace varios años se ha pretendido aniquilar la vigencia de la ética hipocrática. Algunos la consideran «superada».

Por otra parte, la sociedad debe reflexionar y reconocer la importancia del tema de la objeción de conciencia, tanto en el nivel individual como en el institucional. Las instituciones están constituidas y operadas por individuos. En el aspecto jurídico hay brecha por abrir en Colombia; en su artículo 18 la Constitución considera este derecho entre los fundamentales.

–¿Cómo ve usted en América Latina la discriminación de aquellos profesionales de la salud que se niegan a practicar abortos?


–Carlos Alberto Gómez Fajardo: Con mucha preocupación. Significa que los aspectos represivos de una ideología reinante (la ideología de género) ya se han convertido en herramienta operativa de los anónimos funcionarios que desempeñan cargos de poder en el ámbito sanitario y en el judicial.

Esto recuerda la historia de mecanismos de imposición brutal y policial de la voluntad de unas autoridades que se esconden tras la norma jurídica para salirse con su operativo de imposición de una «mentalidad única». Es necesario analizar críticamente el tema de los mecanismos de «control de calidad» que operan en el ministerio del ramo y que exigen «celeridad y garantía en el servicio». Bajo estas figuras se ejerce un implacable sistema de adiestramiento a instituciones y personal operativo. Se les dictan las normas y se les obliga a cumplirlas.

Algo comparable está sucediendo con las políticas eugenésicas que funcionan en la comunidad europea, como puede verse en el «Eurocat Working Group» en lo que atañe a registro de diagnóstico prenatal de malformaciones congénitas.

Por otra parte, en el campo de la educación universitaria vienen retos antes difíciles de concebir. Ya hay académicos que pretenden la enseñanza y práctica de feticidios como requisito para la formación «idónea» del especialista en gineco-obstetricia».

–¿Cómo la negación de la objeción de conciencia facilita la promulgación de las leyes contra la vida?

–Carlos Alberto Gómez Fajardo: Si se niega la objeción de conciencia se vulnera el sentido de la democracia. La normatividad abortista y eugenésica -notable paradoja- es casi siempre defendida por sectores y activistas políticos que se presentan como verdaderos paradigmas de libertad y de democracia. Para muchos de ellos se acude insistentemente al concepto «respeto». Suelen evitar el afrontamiento racional del tema de la democracia como respeto hacia todos y evitan el afrontamiento del hecho de la autonomía teleológica o estatuto del embrión humano. Para ello acuden a los conocidos criterios «extrinsecistas» de la comisión Warnock o de ideólogos com
o Peter Singer, quienes estiman que la condición humana del feto (y del neonato) es algo que se va adquiriendo con el tiempo.

Con estos precedentes se puede correr el peligro de que estos sistemas judiciales positivistas se extiendan y lleguen a extremos muy preocupantes, como en el tema de la eutanasia y la pena de muerte.

–¿No es una contradicción que en una sociedad cada vez más relativista, donde todo está permitido, justamente se juzgue al objetor de conciencia?

–Carlos Alberto Gómez Fajardo: Claro; en el relativismo hay grandes contradicciones. Se «tolera todo», pero no se tolera que las personas defiendan convicciones como la de la igualdad fundamental que existe entre todos los seres humanos, sin discriminación. En efecto, como algunos lo han señalado con mucha precisión, atravesamos épocas de dictadura de un relativismo ético que pretende imponer como «justo» lo que apenas es un modo común de interpretar erróneamente la realidad.

El pensador colombiano Nicolás Gómez Dávila lo ha mencionado en algunos de sus escolios: «Porque las opiniones cambian, el relativista cree que cambian las verdades». «Se acostumbra pregonar derechos para poder violar deberes», y «La tolerancia ilimitada no es más que una manera hipócrita de dimitir».

Por Carmen Elena Villa

Share this Entry

ZENIT Staff

Apoye a ZENIT

Si este artículo le ha gustado puede apoyar a ZENIT con una donación

@media only screen and (max-width: 600px) { .printfriendly { display: none !important; } }