El Papa advierte en Lisboa ante una fe de estructuras, pero vacía

Multitudinaria misa ante unas 200 mil personas

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LISBOA, martes 11 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Ante unas doscientas mil personas que se asomaban al océano Atlántico, Benedicto XVI alertó ante el peligro de confiar demasiado en estructuras y programas eclesiales, en los que cuenta el poder, pero en los que la fe deja de ser protagonista.

En un atardecer soleado, el pontífice presidió la celebración eucarística, en el Terreiro do Paço (también conocido como Plaza del Comercio) de esta capital, convirtiéndose en una de las expresiones de fe más importantes de esta primera visita al país del Papa Joseph Ratzinger, que concluirá el 14 de mayo.

Estructuras, programas y poder

«A menudo nos preocupamos afanosamente por las consecuencias sociales, culturales y políticas de la fe, dando por descontado que esta fe exista, lo que por desgracia es cada vez menos realista», reconoció el Santo Padre junto a la desembocadura del río Tajo, punto de partida a lo largo de la historia de miles de misioneros portugueses, así como de familias en búsqueda de un mundo mejor.

«Se ha puesto una confianza excesiva en las estructuras y en los programas eclesiales, en la distribución de poderes y funciones; pero ¿qué sucederá si la sal si vuelve sosa?», preguntó.

Para que esto no suceda, según el Papa, «es necesario anunciar de nuevo con vigor y alegría el acontecimiento de la muerte y resurrección de Cristo, corazón del cristianismo, fundamento y apoyo de nuestra fe, palanca poderosa de nuestras certezas, viento impetuoso que barre todo miedo e indecisión, toda duda y cálculo humano».

«La resurrección de Cristo nos asegura que ningún poder adverso podrá nunca destruir a la Iglesia –aseguró–. Por tanto nuestra fe tiene fundamento, pero es necesario que esta fe se convierta en vida en cada uno de nosotros».

<p>Dar razón de la esperanza

El sucesor de Pedro pidió «un vasto esfuerzo capilar que llevar a cabo para que cada cristiano se transforme en un testigo capaz de dar cuentas a todos y siempre de la esperanza que le anima: sólo Cristo puede satisfacer plenamente los profundos anhelos de todo corazón humano y dar respuestas a sus interrogantes más inquietantes sobre el sufrimiento, la injusticia y el mal, sobre la muerte y la vida del Más Allá».

El pontífice reconoció que a la Iglesia «sabemos que no le faltan hijos poco dóciles e incluso rebeldes». Ahora bien, aseguró en los santos «reconoce sus propios rasgos característicos y, precisamente en ellos, saborea su alegría más profunda. Les une a todos la voluntad de encarnar el Evangelio en su propia existencia, bajo el empuje del eterno animador del Pueblo de Dios que es el Espíritu Santo».

Por este motivo, concordó con los obispos del país en que la prioridad pastoral para la Iglesia en Portugal «es hacer de cada hombre y cada mujer cristianos una presencia radiante de la perspectiva evangélica en medio del mundo, en la familia, en la cultura, en la economía, en la política».

Portugal y el Papa

Al inicio de la misa, el cardenal José da Cruz Policarpo, patriarca de Lisboa, recordó que el pueblo portugués «siempre ha tenido un gran amor por el Papa, que se ha manifestado incluso en los tiempos más difíciles de nuestra historia», y señaló que la presencia de Benedicto XVI «una invitación a profundizar y a tomar más en serio su fidelidad».

 Entre aplausos el cardenal entregó al Santo Padre una reliquia de San Vicente, patrón de Lisboa, mientras que el pontífice dejó como recuerdo de esta histórica misa un cáliz.

En su segundo día de visita en Portugal, este miércoles, Benedicto XVI, tras encontrarse con el primer ministro José Sócrates Carvalho Pinto de Sousa y con el mundo de la cultura, el Papa viajará a Fátima en una jornada que culminará con el Acto de consagración de los sacerdotes al Corazón Inmaculado de María.

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ZENIT Staff

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