ROMA, jueves 27 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Los migrantes son un “coeficiente importante” para la integración de la humanidad, afirmó este miércoles por la mañana el arzobispo Antonio Maria Vegliò, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes.

El prelado intervino en la XIX sesión plenaria del dicasterio que está teniendo lugar en Roma hasta este viernes sobre el tema “Pastoral de la movilidad hoy, en el contexto de la corresponsabilidad de los Estados y de los Organismos Internacionales”.

El compromiso de la Iglesia universal en el ámbito de la pastoral de la movilidad humana, explicó, se explicita “en sus diversos niveles, es decir, a partir de las estructuras parroquiales y diocesanas, hasta las nacionales propias de las Conferencias Episcopales, y a las internacionales, que implican también a otros Organismos e Instituciones”.

La promoción humana, añadió, “sigue hoy dos directrices principales”: “la que ve las migraciones bajo el perfil de la pobreza, del sufrimiento y del malestar, donde se piden intervenciones de primeros auxilios para las numerosas emergencias que surgen de forma ininterrumpida”, y “la que evidencia potencialidades y recursos de los que las personas en situación de movilidad son portadoras, con la necesidad de acompañamiento hacia la progresiva inserción en el nuevo contexto socio-cultural, hasta la integración plena”.

En este contexto, la Iglesia “se siente comprometida en ambas direcciones”, actuando en sinergia con las realidades institucionales y de voluntariado y buscando instaurar con todos los actores “una relación de entendimiento, en la convicción de que los desplazamientos humanos, actualmente de modo particular, se presentan también como ligar de sintonía ideal y espacio operativo y de colaboración entre el mundo eclesial y el social-civil, en un clima de diálogo, en el respeto de los principios de solidaridad y subsidiariedad”.

Para monseñor Vegliò, hay “al menos cuatro factores fundamentales que colocan los desplazamientos humanos mundiales en los primeros lugares de la discusión nacional e internacional”, comenzando por el factor demográfico, “quizás el más evidente”.

Mientras los países de acogida experimentan “un rápido envejecimiento y una disminución de la población autóctona”, recordó, los de emigración “crecen rápidamente”.

El segundo factor es el económico. “Muchas naciones de desarrollo avanzado tienen que rendir cuentas con la disminución de la mano de obra, sufren la presión financiera en lo que respecta a las pensiones garantizadas por los Gobiernos, y se encuentran en dificultad para asegurar la asistencia sanitaria a los ancianos, cada vez más numerosos”, “al mismo tiempo, hombres y mujeres de los países pobres encuentran trabajo con dificultad y buscan empleo en países más ricos”.

Después está el factor cultural, particularmente importante porque, a diferencia del pasado, “hoy las personas en movimiento son a menudo muy distintas culturalmente de las de la sociedad de acogida”.

El cuarto factor, “crucial”, es finalmente “a seguridad nacional”.

“Los actos terroristas de la primera época del nuevo milenio (en Estados Unidos, Gran Bretaña, España, Indonesia y otros países), junto a crímenes violentos cometidos por inmigrantes y ampliamente recogidos por los medios de comunicación, han suscitado reacciones de rechazo hacia los migrantes, también con prejuicio para la seguridad nacional”, observó.

En consecuencia, “muchos países han reforzado el control de las fronteras, han restringido las políticas migratorias y han instituido nuevos procedimientos para controlar quién llega desde determinados países”.

“En semejantes circunstancias, la movilidad humana internacional seguirá sin duda en el futuro próximo estando en primera página en las discusiones nacionales e internacionales”.

En el complejo contexto actual, concluyó el prelado, la Iglesia “sigue ofreciendo una preciosa contribución en el complejo y vasto fenómeno de la movilidad humana, haciéndose portavoz de las personas más vulnerables y marginadas, pero intentando también valorar a los migrantes e itinerantes, dentro de la comunidad eclesial y de la sociedad, como coeficiente importante para el enriquecimiento recíproco y para la construcción de la única familia de los pueblos, en un fecundo intercambio cultural”.

Monseñor Agostino Marchetto, Secretario del dicasterio vaticano, subrayó por su parte cómo el Consejo Pontificio, “empujado por la solicitud pastoral del Santo Padre hacia todas las personas deseosas u obligadas a dejar la propia tierra nativa y hacia las que están de camino”, se dirija a “atraer la atención de la Iglesia universal y del mundo entero sobre el creciente fenómeno migratorio”.

De la misma forma, recordó, alerta “sobre las condiciones precarias o desastrosas de tantos refugiados, sobre el abandono de las personas que viven en la calle y de la calle, sobre los efectos del turismo y de las peregrinaciones, sobre el apostolado del mar, los problemas que viven los nómadas y la necesidad de un cuidado especial también para los estudiantes internacionales, además de la pastoral de agentes y pasajeros de la aviación civil”.

El prelado exhortó por tanto a acercarse al dicasterio para “conocer mejor su pensamiento y obra y para amarlo aún más, como expresión laboriosa y actual de la ‘sollicitudo omnium ecclesiarum’ del Obispo de Roma, en la que es la pastoral específica de la movilidad humana, verdadero signo de los tiempos”.

El tema de la movilidad humana, recuerda el Consejo Pontificio en un comunicado, requiere hoy “una aproximación multilateral, que favorezca la aportación específica de los Estados y de los Organismos Internacionales en el proceso de reconocimiento de los instrumentos internacionales existentes para combatir las diversas formas de discriminación, racismo, xenofobia e intolerancia, por una parte, y promueva, por la otra, la cooperación de todos en el desarrollo de programas que tutelen la dignidad y la centralidad de la persona humana”.

El punto culminante de la plenaria del dicasterio será el encuentro mañana viernes con el Papa Benedicto XVI, que recibirá a los participantes en una Audiencia particular.

Por Roberta Sciamplicotti, traducción del italiano por Inma Álvarez