La Iglesia debe mostrar más cercanía a los problemas de los migrantes

Mensaje final del Congreso Continental latinoamericano de migraciones

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BOGOTÁ, martes 7 de diciembre de 2010 (ZENIT.org).- Que los obispos visiten a las comunidades de migrantes de diocesanos suyos en el extranjero, o que las comunidades cristianas ayuden a los inmigrantes a organizarse para defender sus derechos, también a nivel laboral, son algunas de las recomendaciones del Documento final del Congreso de Pastoral de Migraciones, celebrado a finales de noviembre en Colombia.

Este Congreso, organizado por el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes y el Departamento de Justicia y Solidaridad del CELAM, reunió en Bogotá, del 17 al 20 de noviembre, a agentes de pastoral procedentes de 19 países de todo el continente latinoamericano.

El objetivo de este encuentro, con el título “Por una mejor pastoral de las migraciones económicas y forzadas en América Latina y en el Caribe”, era el de coordinar este tipo de pastoral para que la acción de la Iglesia sea más efectiva.

En este área del mundo hay, constata el documento, un notable aumento “tanto de la emigración como de la inmigración, de la feminización de la migración, de las deportaciones masivas y del tráfico de migrantes y trata de personas”.

“El dolor de los migrantes y de los desplazados se refleja en el rostro sufriente de tantos hermanos y hermanas que recorren los caminos del mundo, lejos de su hogar y de su patria, privados del cariño de los suyos y del apoyo social disponible en la sociedad de origen, luchando por una vida digna, e incluso por la supervivencia, para ellos y para sus familias”.

Ante las nuevas dificultades, los agentes proponen una mayor interacción entre las diócesis de origen y destino de la inmigración, y sobre todo, una mayor presencia y cercanía real a los problemas de estas personas.

Especialmente, se sugiere un mayor intercambio de información entre conferencias episcopales, e incluso animan a los obispos “a realizar visitas pastorales a las comunidades de sus connacionales que se encuentran en el extranjero y a enviar cartas pastorales con ocasión de Navidad, Pascua y sus fiestas más significativas”.

Una de las estrategias que recomienda el documento final es la de ayudar a los inmigrantes a organizarse y formarse para tener una presencia pública en la sociedad de llegada.

En este sentido, se insiste en la importancia de darles formación, especialmente en el idioma del país de acogida, y de la integración en sindicatos y otras organizaciones sociales.

Para los agentes de pastoral de migraciones, es fundamental que se escuche la voz de la Iglesia en este campo, haciéndola llegar mejor a los propios “fieles laicos, a la sociedad civil, a los gobernantes, a los Estados, a las organizaciones internacionales gubernativas o no gubernativas”.

Finalmente, se pide al CELAM que, con el apoyo del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, “dirija una carta pastoral sobre el fenómeno de las migraciones económicas y de aquellas forzadas a los obispos y fieles del continente latinoamericano, incluyendo las posibles respuestas pastorales”.

También piden “un plan estratégico de acción regional-continental, con el apoyo del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, con el objeto de promover una mejor coordinación y diálogo entre las Conferencias Episcopales de los hemisferios norte y sur”.

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ZENIT Staff

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