El papa alemán en el monumento a las víctimas del nazismo en Roma

Acompañado por el rabino jefe de Roma

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ROMA, domingo, 27 marzo 2010 (ZENIT.org).- Benedicto XVI, el papa alemán, visitó este domingo las Fosas Adreatinas de Roma para recordar a las 335 víctimas fusiladas por las SS hitlerianas hace 67 años, en plena ocupación de la ciudad eterna, en represalia por un atentado contra 33 soldados alemanes de la resistencia italiana.

Invitado por la Asociación Nacional de las Familias Italianas de los Mártires Caídos por la Libertad de la Patria, el pontífice –como ya habían hecho Juan Pablo II (en 1982) y Pablo VI (en 1965)–, quiso recordar en este mausoleo, «memorial doloroso del mal más horrendo», a las víctimas de la barbarie nazi y recordar que todos, sin importar la religión, somos hermanos, pues son hijos de un mismo Padre.

«Lo que aquí sucedió el 24 de marzo de 1944 es una ofensa gravísima a Dios, porque se trata de la violencia deliberada del hombre contra el hombre. Es el efecto más execrable de la guerra, de toda guerra, mientras que Dios es vida, paz, comunión», denunció.

El papa había depositado poco antes rosas rojas frente al monumento a las víctimas y, al visitar las tumbas, se recogió en oración. En la visita estaba acompañado por el gran rabino de Roma, Riccardo Segni, y por el cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, cuyo padre fue asesinado en esa masacre.

«He venido a invocar la divina Misericordia, la única que puede llenar los vacíos, las vorágines abiertas por los hombres cuando, empujados por la ciega violencia, reniegan su dignidad de hijos de Dios y de hermanos entre sí», afirmó en un emocionado discurso inspirado por escritos y grafitis de personas que fueron torturadas por los nazis.

«Es necesario creer en el Dios del amor y de la vida, y rechazar cualquier otra falsa imagen divina, que traiciona su santo Nombre y traiciona por consiguiente al hombre, hecho a su imagen», insistió.

Por este motivo, «en este lugar, memorial doloroso del mal más horrendo», concluyó, «la respuesta más verdadera es la de tomarse la mano, como hermanos, y decir: Padre nuestro, creemos en ti, y con la fuerza de tu amor queremos caminar juntos, en paz, en Roma, en Italia, en Europa, en todo el mundo. Amén».

Luego el rabino jefe de Roma rezó en hebreo el Salmo 129 «De profundis» y el papa el Salmo 23, «El buen Pastor», y esta oración dirigida a Dios Padre: «Te rogamos por nuestros hermanos que en este lugar fueron asesinados sin piedad: concédeles que gocen por siempre de la luz y la paz de tu Reino».

Al salir del Mausoleo, Benedicto XVI firmó en el Libro de Oro, escribiendo en latín «Ningún mal temeré, pues estás Tú junto a mí», frase tomada precisamente del Salmo 23.

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ZENIT Staff

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