Cristianos sin Cristo

Reflexiones de Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo de San Cristóbal de Las Casas

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SITUACIONES

Hay creyentes que ponen todo su empeño en celebrar las fiestas patronales del pueblo o del barrio con muchos cohetes, flores, música, adornos y actividades varias para que la gente se divierta, incluso con conjuntos musicales costosos y melodías mundanas, que contradicen la festividad religiosa. Casi no participan en la Misa, no se confiesan ni reciben la comunión eucarística, no se preocupan por leer la Biblia ni por instruirse en su fe, no se arrepienten de sus pecados. Les hemos dicho que, en vez de tanto gasto, destinen una parte a obras sociales de la parroquia, o ayuden a pagar la fianza de un preso pobre para que salga libre, pero se enojan y me dicen que no comprendo sus costumbres y las quiero cambiar. Pero eso sí, presumen de ser muy creyentes.

Otros entran en los templos y hacen oraciones a las imágenes con mucho fervor, les encienden velas o veladoras, les ponen flores, les hacen promesas, a cambio de pedir algún milagro o favor. Pero no se acercan a orar ante Jesús que está presente, vivo, real y verdadero en el Sagrario, bajo el signo sacramental de la hostia consagrada. Allí nos escucha, nos ve, nos manifiesta su amor; para ellos, pasa desapercibido. Se hincan ante la imagen de un crucifijo, pero ni caso hacen a Jesús en la Eucaristía. De igual manera, tienen muchas imágenes religiosas en sus hogares, pero no sienten la necesidad de ir los domingos a Misa, sino que la ven como una carga, una obligación, o una mera devoción para cuando tengan tiempo, o cuando les nazca el deseo de ir. No han comprendido el tesoro de vida que allí tenemos. Cuando les hablamos de los pobres, nos rechazan porque dicen que nos estamos metiendo en política…

ILUMINACION

El Papa Francisco ha expresado al respecto: “Encontramos a muchos cristianos sin Cristo, sin Jesús. Son cristianos que ponen su fe y su religiosidad, su cristiandad, en muchos mandamientos: Debo hacer esto, debo hacer lo otro, pero en realidad no saben por qué lo hacen. Cristianos sin Cristo hay muchos, como los que buscan sólo devociones, muchas devociones, pero Jesús no está. ¡Y entonces te falta algo, hermano! Te falta Jesús. Si tus devociones te llevan a Jesús, entonces bien. Pero si te quedas ahí, entonces algo no marcha.

Otro grupo de cristianos sin Cristo son los que buscan cosas un poco raras, un poco especiales, los que van detrás de las revelaciones privadas; desean ir al espectáculo de la revelación, a oír cosas nuevas. También los que se perfuman el alma, pero no tienen virtudes porque no tienen a Jesús.

¿Cuál es entonces la regla para ser cristiano con Cristo? Es válido sólo lo que te lleva a Jesús, y sólo es válido lo que viene de Jesús. Jesús es el centro, el Señor, como Él mismo dice. Un hombre o una mujer que adora a Jesús es un cristiano con Jesús. Pero si tú no consigues adorar a Jesús, algo te falta. Soy un buen cristiano, estoy en el camino del buen cristiano, si hago lo que viene de Jesús o me lleva a Jesús porque Él es el centro. El signo es la adoración ante Jesús, la oración de adoración ante Jesús”.

COMPROMISOS

Seguir a Cristo implica una doble dimensión, inseparable una de otra: una vertical y otra horizontal. La vertical es la relación con Dios, la fe en El, amarle, escucharle, servirle, adorarle, acercarse a los sacramentos, orar. La horizontal es la relación de amor a los demás, el servicio a los pobres, la atención compasiva a quien sufre, la preocupación por la vida digna de los marginados, la bondad con los enfermos y ancianos, la misericordia con los migrantes, la solicitud por los presos, la cercanía a quien no encuentra sentido a su vida, la defensa de los oprimidos, la promoción de la mujer; en una palabra, ser un buen samaritano.

Si cultivamos la dimensión vertical sin la horizontal, nuestra religión es mocha, incompleta, no plenamente fiel al Evangelio. Si sólo nos dedicamos a la horizontal sin la vertical, nos reducimos a benefactores sociales, lo cual es bueno, pero también incompleto. Y si la dimensión horizontal no está sostenida por la vertical, se cae al suelo: nos desanimamos, nos amargamos, sólo criticamos y dejamos de amar. Seríamos cristianos sin Cristo.

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Felipe Arizmendi Esquivel

Nació en Chiltepec el 1 de mayo de 1940. Estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario de Toluca, de 1952 a 1959. Cursó la Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España, de 1959 a 1963, obteniendo la licenciatura en Teología Dogmática. Por su cuenta, se especializó en Liturgia. Fue ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1963 en Toluca. Sirvió como Vicario Parroquial en tres parroquias por tres años y medio y fue párroco de una comunidad indígena otomí, de 1967 a 1970. Fue Director Espiritual del Seminario de Toluca por diez años, y Rector del mismo de 1981 a 1991. El 7 de marzo de 1991, fue ordenado obispo de la diócesis de Tapachula, donde estuvo hasta el 30 de abril del año 2000. El 1 de mayo del 2000, inició su ministerio episcopal como XLVI obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, una de las diócesis más antiguas de México, erigida en 1539; allí sirvió por casi 18 años. Ha ocupado diversos cargos en la Conferencia del Episcopado Mexicano y en el CELAM. El 3 de noviembre de 2017, el Papa Francisco le aceptó, por edad, su renuncia al servicio episcopal en esta diócesis, que entregó a su sucesor el 3 de enero de 2018. Desde entonces, reside en la ciudad de Toluca. Desde 1979, escribe artículos de actualidad en varios medios religiosos y civiles. Es autor de varias publicaciones.

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