la tarde del primer día del Consistorio comenzó a las 16:00 horas en el Aula Pablo VI Foto: Vatican Media

Así fue la tarde del primer día del Consistorio del Papa con cardenales. Todo lo que debes saber: temas tratados, debates, aportaciones y primeras propuestas

Numerosos grupos compartieron la necesidad de ir más allá de la lógica de la guerra justa, ya que el evangelio no puede imponerse por la fuerza, y hablar en cambio del derecho a una defensa proporcional.

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(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 26.06.2026).- La sesión de la tarde del primer día del Consistorio comenzó a las 16:00 horas en el Aula Pablo VI, moderada por el Cardenal Siongco David, quien, al inaugurar el acto, recordó la dolorosa situación en Venezuela y las numerosas víctimas del terremoto de las últimas horas.

Tras la oración común, el Cardenal presentó la sesión, titulada «La cultura del poder y la civilización del amor», dedicada a la reflexión sobre el capítulo V de la encíclica Magnifica Humanitas. A continuación, cedió la palabra al Cardenal Fernández para su discurso introductorio. Tras un momento de silencio y oración, el Cardenal David retomó su intervención y abrió el trabajo en grupos, según el formato establecido. El trabajo continuó, con una pausa, hasta las 18:20.

El Papa León, presente al inicio de la sesión, regresó para la sesión plenaria.

Once grupos se presentaron ante la Cámara, ocho del primer grupo y tres del segundo.

Las intervenciones de todos los grupos demostraron una profunda conciencia de los problemas críticos del presente, de la fuerza deshumanizadora de la cultura del poder, de su universalidad, de la tentación de conformarse a la lógica de los poderosos, de la normalización de la guerra y la polarización, que conducen a una disminución del umbral de tolerancia a la violencia y a una peligrosa simplificación en la búsqueda de soluciones.

Todos los grupos también expresaron la profunda y urgente responsabilidad de construir la paz y la civilización del amor. Muchos enfatizaron que esto requiere un testimonio creíble, ante todo dentro de la Iglesia, un lenguaje diferente que vea a cada persona como un ser humano, no como un extraño; un lenguaje de escucha, perdón, reconciliación, justicia restaurativa y gestos capaces de conmover los corazones de hombres y mujeres, de quienes viven en conflicto, y abrirlos a la comprensión de las heridas generadas por el conflicto mismo; un lenguaje que facilite la búsqueda de la unidad dentro de la Iglesia. En este sentido, diversos grupos enfatizaron que dicho testimonio debe ser unificado, desde todos los cristianos, para ser creíble. En este mismo contexto, se abordó la necesidad de dialogar con otras confesiones y religiones, en particular con el islam, así como la participación de instituciones internacionales.

En un momento en que la globalización de la indiferencia vuelve intolerantes ante el sufrimiento ajeno, se hizo un llamado a cada persona a asumir la responsabilidad de construir la paz. Desde esta perspectiva, todos los grupos enfatizaron la centralidad de la fe en Cristo, el Evangelio que transforma el mundo cuando no se acepta como mera teoría, y la vocación original de la Iglesia, pues existen situaciones que requieren la intervención divina. Algunos grupos, en este sentido, destacaron la labor de la Iglesia en Tierra Santa y Europa del Este.

Los debates se centraron en el papel del poder político, liberado de su vínculo tóxico con el poder económico, de la familia y la educación, de la dificultad de ir más allá de la lógica de las respuestas inmediatas, en lugar de la implementación de proyectos duraderos, y de una audaz labor de evangelización, porque la determinación emana del Evangelio, de la vida y de la fe. Diversos grupos destacaron el papel de la diplomacia de la Santa Sede y de los Nuncios para que la voz de la Iglesia se hiciera oír.

Numerosos grupos compartieron la necesidad de ir más allá de la lógica de la guerra justa, ya que el evangelio no puede imponerse por la fuerza, y hablar en cambio del derecho a una defensa proporcional.

Muchas de las presentaciones expresaron una profunda gratitud al Santo Padre por la encíclica y un compromiso unánime de apoyarla y sumarse a su llamado a la paz y su condena de la guerra. Este marco también incluyó una reflexión sobre el munus petrino, la garantía de la independencia de la Iglesia frente a la autoridad política, y la necesidad de gestos que puedan ser símbolos de paz en estos tiempos.

Tras las presentaciones de los grupos de trabajo, el tiempo restante se dedicó a intervenciones individuales sobre los temas de la sesión. Los cardenales hablaron del testimonio cristiano como vía para transformar mentalidades y culturas, y expresaron una vez más su gratitud por el espacio de diálogo y comunión que representa el Consistorio. Asimismo, manifestaron su agradecimiento por la necesidad de colaborar con líderes de otras religiones para afirmar la civilización del amor. También destacaron cómo las duras palabras del Papa en la encíclica sobre la demora de la Iglesia en condenar la esclavitud han abierto los corazones de millones de personas al Evangelio, trayendo luz y esperanza a la Iglesia.

Finalmente, señalaron que la encíclica constituye un llamado personal a todos, pero ante todo al Colegio Cardenalicio, para asumir la responsabilidad de construir la paz, de cumplir con las expectativas de hombres y mujeres, y de la necesidad de símbolos, como el Encuentro de Oración por la Paz convocado por Juan Pablo II en Asís en 1986.

Al finalizar la sesión, alrededor de las 19:30, el Papa León dirigió la oración de clausura.

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Redacción Zenit

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