Soldados israelíes disparan contra el coche del obispo de Nazaret

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Monseñor Marcuzzo, ileso, explica lo sucedido

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JERUSALÉN, 11 ene 2001 (ZENIT.org).- Ha salido incólume, junto a otros sacerdotes que viajaban en su coche, el obispo de Nazaret, monseñor Giacinto Boulos Marcuzzo. Soldados israelíes dispararon el pasado día 9 a bocajarro contra su automóvil sin ni siquiera pedir una identificación.

El obispo ha recibido numerosas muestras de solidaridad y las excusas de dos ministros israelíes y de las autoridades militares. Sin embargo, el relato de los hechos realizado por los dos sacerdotes que le acompañaban es inquietante. El desgraciado incidente tuvo lugar cerca de una base israelí en Samaría, entre Jerusalén y Zababdeh.

«Ibamos a diez por hora y, de repente, nos dispararon», ha declarado a Zenit el padre Elia Kurzum, secretario del obispo, que conducía el automóvil con matrícula diplomática y bandera vaticana. «Nos dirigíamos a Zababdeh, cerca de Jenin. En los alrededores, había un campo militar de ocupación. Tres militares se acercaron apuntándonos con los M16. Detuve el coche inmediatamente y uno de ellos me dijo en inglés que diera la vuelta y que me fuera».

El padre Kurzun dio la vuelta y se paró en el arcén. En ese momento, el militar lanzó el primer disparo.

«Entonces, bajé el cristal de la ventanilla –sigue explicando el sacerdote– y le dije en hebreo que no disparara y que viniera a hablar con nosotros. Pero él ha respondido: «Iros, si no os meto dos balas en la cabeza». Luego nos disparó otras dos veces y nos fuimos a toda velocidad».

El otro sacerdote que acompañaba al obispo era el padre Elia Odeh, párroco de Shefa´amr.

Ayer por la mañana, monseñor Marcuzzo, recibía a numerosas personas que acudieron a expresarle su solidaridad: «La sede de la vicaría está invadida de gente del lugar, gente que va y viene sin parar, cristianos de todas las Iglesias, musulmanes, judíos», explica el obispo de Nazaret en una entrevista concedida hoy al diario Avvenire.

Han sido numerosas también las llamadas telefónicas y fax que ha recibido de todo el mundo. Acaba de recibir la visita de dos ministros israelíes, el de Justicia, Yossi Beilin, y el que se ocupa de los problemas de la minoría árabe, Matan Vilnay.

«Esta solidaridad muestra más allá del episodio –añade monseñor Marcuzzo–, la fuerza con que se vive aquí el problema de la paz, el de la seguridad y sobre todo el del cierre de los Territorios. Este último incidente no sólo es infeliz y negativo sino muy peligroso también para el proceso de paz. Todos estos pueblos están aislados, toda esta gente está sometida a muchas medidas de restricción y de limitación, que no se pueden mover. La imposibilidad de ir de un pueblo al otro provoca muchos problemas para poder recibir atención médica o ir a la escuela. Desde el punto de vista humanitario y social, causa una infinidad de problemas en la vida de cada día».

«Este episodio le ha sucedido a un obispo –añade el prelado en la entrevista concedida a «Avvenire»– pero lamentablemente le sucede lo mismo a otras personas cada día y nadie habla de ello. Es una prueba de que esta situación no se puede tolerar, ni admitir, no es justificable. Se debe hacer algo para aliviar los sufrimientos de la gente, al menos desde el punto de vista humanitario».

El obispo confirma que ha presentado reivindicaciones formales a los ministros israelíes: «En primer lugar, les presenté una protesta oficial y les dije unas cuantas cosas bien concretas: que se realice una investigación con la verificación de responsabilidades; que se alivien las medidas de restricción, de cierre y de aislamiento, en insistí en este punto; y si hay medidas por motivos de seguridad, que se asegure un mínimo de vida civil; que se den instrucciones claras a todos los ciudadanos; y en especial que se dé libertad de circulación a cuantos deben moverse por razones de su trabajo o ministerio, pienso en los médicos y en los sacerdotes, por ejemplo. Y que durante los controles se respeten reglamentos y leyes, no disparar así sin preguntar…».

El obispo quiere dejar las cosas claras: «No forzamos ningún control. Y en la carretera no hay carteles de advertencia ni prohibición alguna».

Ahora bien, monseñor Marcuzzo reconoce: «Los ministros me han asegurado que me informarán sobre el resultado de la investigación. Me han dicho que tratarían de hacer lo posible para aliviar también un poco todas estas medidas de restricción. Y, por último, que pedirán que se den nuevas instrucciones sobre el comportamiento de los militares en situaciones como la de ayer».

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ZENIT Staff

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