Dolor del Papa por el asesinato de un misionero en Filipinas

CIUDAD DEL VATICANO, 2 septiembre 2001 (ZENIT.org).- «Profundamente entristecido» por el «brutal asesinato» del misionero irlandés Rufus Halley, religioso de los Padres de san Columbano, acaecido el 28 de agosto en la isla filipina de Mindanao, Juan Pablo II ha expresado sus sentimientos de pésame a los hermanos en religión, a los familiares, y amigos del sacerdote, en un telegrama firmado por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado vaticano.

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En el mensaje dirigido en inglés al prelado de Marawi, el padre Edwin A. de la Peña, Juan Pablo II expresa gratitud a Dios por el devoto servicio misionero del padre Halley y confía en que «su memoria inspirará en quienes él ha servido una fidelidad a Cristo cada vez mayor y un compromiso más intenso por la causa de la paz».

El padre Rufs Halley estaba dirigiéndose a su convento, después de haber participado en un encuentro interreligioso, cuando fue agredido por hombres armados que pretendían secuestrarlo.La policía local refiere que los desconocidos golpearon al religioso en la cabeza y que falleció al instante. Vivía desde hace unos veinte años en Malabang, ciudad costera de mayoría musulmana, donde trabajaba en un parroquia y estaba comprometido en el diálogo interreligioso entre cristianos y musulmanes.

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ZENIT Staff

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