Tribunal francés condena a un obispo negando el derecho al secreto profesional

No había denunciado a un sacerdote acusado de pederastia

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PARÍS, 4 septiembre 2001 (ZENIT.org).- Un tribunal francés ha negado este martes el derecho al secreto profesional del obispo de Bayeux-Lisieux, al condenar a monseñor Pierre Pican a tres meses de prisión exentos de cumplimiento por no haber denunciado a un sacerdote de su diócesis culpable de actos de pederastia.

Según ha declarado el abogado Thierry Massis, defensor del prelado, a la salida de la audiencia, la condena supone, de hecho, «una reducción del campo del secreto profesional».

«Es la primera vez que un obispo es condenado tras la Revolución Francesa», subraya el abogado, quien considera «que ningún muchacho presentado como parte civil en el proceso ha sufrido ninguna consecuencia a causa del silencio de monseñor Pican».

La sentencia es inferior a la exigida por el fiscal, que había solicitado entre cuatro a seis meses de prisión en libertad condicional. Pierre Pican, ha sido condenado también a compensar con un franco a tres familias y a una víctima. Su abogado no había anunciado antes del cierre de esta edición si pretende recurrir a la decisión del tribunal correccional de Caen (Calvados).

Según Jean Chevais, abogado de las familias que han presentado la denuncia, esta decisión «imprime una evolución en la noción de secreto profesional, pero no afecta al secreto de confesión».

La sentencia indica que el obispo «se abstuvo de denunciar» los actos de un sacerdote de su diócesis, el padre René Bissey, «algo que constituye, al tratarse de la protección de niños, de una alteración excepcional del orden público».

Según el tribunal, «la objeción de conciencia derivada del secreto profesional no podía ser aplicada».

Monseñor Pierre Pican, de 67 años, fue acusado de no haber prevenido a la justicia de los actos de pederastia del padre Bissey, condenado en octubre del año 2000 a 18 años de cárcel por el tribunal superior de Calvados.

Los abogados del prelado, durante las audiencias del proceso habían explicado que las confidencias que había hecho el sacerdote a monseñor Pican eran sumamente parciales y no justificaban a una denuncia seria ante la justicia.

Monseñor Pican reconoció durante el proceso que cometió un error al evaluar los actos del sacerdote, pues no pensaba que eran tan graves. Cuando el prelado tuvo conocimiento de las acusaciones, en diciembre de 1996, «el sacerdote se encontraba al borde del suicidio», reveló. Por este motivo, pensó que antes de denunciarle a la policía era más importante ofrecerle ayuda, alejándole de la parroquia e internándole en una clínica.

De hecho, desde el momento en el que el obispo tuvo conocimiento del caso, que de todos modos creía que eran mucho menos grave, el sacerdote no volvió a cometer esos actos, constataron los defensores del obispo.

El padre Stanislas Lalanne, portavoz de la Conferencia Episcopal, en declaraciones concedidas a «Radio Vaticano», que la decisión del tribunal ha quedado decisivamente condicionada por el carácter tan delicado de los actos de pederastia cometidos por el sacerdote condenado. En parte, la condena constituye una especie de declaración cinco años después de lo que hubiera tenido que hacer el obispo, algo que es sumamente difícil de saber en casos como éste.

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ZENIT Staff

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