El Rosario se pone de moda

Entrevista con Ernesto Olivero, fundador del SERMIG

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ROMA, 11 octubre 2001 (ZENIT.org).- ¿Ha pasado de moda el Rosario? No parece estar de acuerdo con este interrogante Ernesto Olivero, a quien la Madre Teresa de Calcuta pocos meses antes de morir presentó como candidato al Premio Nobel de la Paz.

Casado y con tres hijos, este ex banquero de 61 años está comprometido decididamente en el servicio de los pobres y marginados. En 1964 fundó el Servicio Misionero Juvenil (SERMIG), asociación caracterizada por un estilo de vida comunitaria, sencilla y fraterna, que pretende anunciar el Evangelio a través de iniciativas de conciliación en diferentes partes del planeta.

Juan Pablo II ha pedido que durante este mes de octubre los cristianos recen el Rosario por la paz en el mundo y el final del terrorismo. En esta entrevista, Olivero explica la actualidad de esta oración.

–¿Qué es para usted el Rosario?

–Es algo que llevo dentro de mí. El Rosario me lleva a la Palabra de Dios. Nunca como hoy el Rosario tiene un valor propio. En un mundo tan loco, sólo una mujer, María, puede ayudar al hombre a redescubrir la paz. Lo que está sucediendo en estos días nos hace comprender que si el hombre no encuentra la sabiduría que le lleva a Dios sólo queda el caos. Nosotros seguimos apostando por Dios. Y creo que la Virgen puede ser una gran intermediaria.

–Y, sin embargo, hay quien dice que es aburrido y repetitivo. ¿Está de acuerdo?

–No. El Rosario tiene una repetición llena de sentido y de amor. El amor no hace nada repetitivo, incluido el gesto más sencillo dirigido a la persona que se ama. En ocasiones, mientras rezo el Rosario, me atormenta el hecho de no comprender lo que estoy diciendo, el distraerme, pero sé que estoy dedicando tiempo a Dios a través de María. De modo que no es repetitivo.

–¿Considera que es una oración apta para jóvenes?

–Yo creo que sí. Es la oración de la sencillez y quien es sencillo ha entendido todo. Y los jóvenes son sencillos. De todos modos, antes de aconsejar a un chico o a una chica el rezo del Rosario, le sugeriría que se encuentre con Dios, con el silencio de Dios que lleva al Rosario, a esa aparente repetición.

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ZENIT Staff

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