Albania: La nueva Catedral de Rrëshen, signo del renacimiento católico

Será un punto de referencia espiritual

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RRËSHEN, 13 noviembre 2002 (ZENIT.org).- El renacimiento de la Iglesia católica en Albania, tras las décadas de la opresión comunista, ha encontrado un de los símbolos más elocuentes en la consagración de la nueva catedral de Rrëshen.

El cardenal Crescenzio Sepe, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, durante la homilía de la misa de consagración, el sábado pasado, reconoció: «Después de los años oscuros de la persecución, la comunidad católica de Rrëshen ha encontrado, finalmente, un lugar en el que celebrar los santos misterios que manifiestan los momentos más intensos de la vida cristiana».

Estaban presentes en la consagración de la catedral, dedicada a «Jesús, único Salvador del mundo», todos los obispos y los administradores apostólicos de Albania, los obispos de Kosovo y de Montenegro y algunos representantes de los obispos y de Cáritas diocesana de Italia que han contribuido a la construcción del templo, informa la Agencia misionera Fides.

«La nueva catedral es un signo de reactivación de la fe que cancela «el Día de la Vergüenza», explicó monseñor Cristóforo Palmieri, administrador apostólico de Rrëshen.

La consagración del nuevo templo representa un signo de esperanza para una Iglesia que, perseguida durante mucho tiempo, reemprendió su propia actividad hace poco más de una década.

«Me alegra encontrarme aquí, acompañado por vuestro pastor, monseñor Cristoforo Palmieri, para consagrar esta nueva catedral de Rrëshen, dijo el cardenal Sepe, presente en Albania del 8 al 12 de noviembre.

«Aquí daremos hospitalidad al Señor –continuó– y aprenderemos, también, a reconocernos hermanos, y a construir, día tras día, una viva y fecunda comunidad de fe. Os traigo, con particular satisfacción, en esta especial circunstancia, el abrazo y la bendición del Santo Padre».

La liturgia de la consagración, explicó el cardenal Sepe, «ayuda a reflexionar sobre los valores de la fe cristiana. Consagrar significa privarse de algo importante para dárselo a Dios».

Profundizando en este punto, el purpurado recalcó que la consagración se refiere no tanto a las cosas «como a nuestras personas de creyentes y a nuestro deseo de pertenecer a Dios».

«En este lugar y en este momento –constató– tiene lugar una especie de matrimonio entre Dios y la comunidad de Rrëshen. Como hicieron nuestros padres en la fe, hoy consagramos todo y a todos a Dios: nuestra vida, nuestros niños, los jóvenes, las familias, los ancianos, el pasado, el presente, el futuro».

Para finalizar, el cardenal Sepe indicó a los fieles la meta de la santidad, «compromiso cotidiano de todos los bautizados» e invitó a los esposos a permanecer fieles a los compromisos del matrimonio cristiano, educando a sus hijos con el testimonio y con la palabra.

«La consagración de la catedral constituye un hecho de gran valor espiritual y simbólico para la comunidad. Nos hemos preparado con numerosos encuentros de oración intensa y hemos difundido la noticia por televisión para informar a los fieles de la celebración de este histórico acontecimiento», declaró monseñor Palmieri.

«Durante los próximos días –continuó–, todos los grupos y las parroquias de la diócesis vendrán a la catedral y se alternarán en momentos de oración. La gente ha respondido con gran entusiasmo; se siente confortada y honrada por esta nueva catedral».

«El comunismo ofendió y humilló a los albaneses, tratando de erradicar la fe y todos sus símbolos –recuerda monseñor Palmieri–. La ley del 18 de marzo de 1967 decretó, incluso, la cancelación de las estructuras eclesiásticas. Las Iglesias se convirtieron en gimnasios o en campos de fútbol».

«La gente recuerda aquel día como el “Día de la Vergüenza” –explica–. La nueva catedral simboliza un resurgir que cancela aquel dolor y que une, por medio de la fe, a la nueva Iglesia con la que vivía antes del 1967».

«Esta catedral –afirma– será un punto de referencia espiritual para quienes conservan la fe desde antes del comunismo, y para cuantos, sobre todo los jóvenes, se acercan ahora al Amor de Cristo».

«Que sea un lugar de encuentro con Dios y de comunión, de redescubrimiento de los valores de la paz, de la concordia y de la solidaridad, también para con los musulmanes, que representan la mayoría en la sociedad albanesa», desea monseñor Cristóforo Palmieri.

El administrador apostólico de Rrëshen quiso también hacer llegar su gratitud a todos los benefactores, en particular a la diócesis de Bolonia, que después del Congreso Eucarístico de hace cuatro años, decidió, como signo concreto, trabajar para la reconstrucción de esta catedral.

Un país de tres millones y medio de habitantes
Albania vivió de 1944 a 1990 bajo el régimen comunista maoísta. En 1967 fue definida en su Constitución como un «Estado Laico».

El personal religioso extranjero fue expulsado o encarcelado, mientras que los obispos y el clero local, que habían sido arrestados, fueron condenados a trabajos forzosos y confinados en el interior del país, con la prohibición de ejercer actividad religiosa alguna. Muchos de ellos fueron asesinados. Las Iglesias fueron destruidas o dedicadas a otros usos.

Con la caída del comunismo, el 22 de octubre de 1991, fue nombrado el primer Nuncio Apostólico, monseñor Ivan Dias. Quedaban sólo 33 sacerdotes y 45 monjas, todos ellos enfermos y ancianos. Después de los llamamientos del Santo Padre empezaron a llegar, sobre todo desde Italia, ayudas materiales y personal religioso.

Actualmente, en Albania existen 20 institutos religiosos masculinos y 70 femeninos. Los sacerdotes son 110, las religiosas cerca de 300 y 150 los lugares de culto.

El 25 de abril de 1993, Juan Pablo II hizo una visita pastoral a Shkoder y a Tirana, después de la persecución comunista, durante la cual consagró a los primeros cuatro obispos; se reconoció entonces la jerarquía católica, de la que el país se había visto privada durante décadas.

Actualmente, dependen de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, la archidiócesis de Shkoder (con cuatro diócesis sufragáneas: Paul-Bajzë, Sapë, Lezhë, Rrëshen) y la archidiócesis de Tirana.

En este pequeño país de cerca de tres millones y medio de habitantes, los católicos representan el 10% de la población. El resto son musulmanes (70%) y ortodoxos (20%).

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ZENIT Staff

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