SANTO DOMINGO, miércoles, 21 abril 2004 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje de la Conferencia del Episcopado Dominicano ante las próximas elecciones del 16 de mayo.

MENSAJE
«Hagamos unas elecciones intachables»



Una vez más queremos recordar el proemio de la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual del Concilio Vaticano II: «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren , son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo» («Gaudium et Spes», n.1).

Es lo que nos mueve a dirigir este Mensaje. Nos mueve también el difícil momento que vivimos.

Insistiremos en puntos fundamentales que una y otra vez hemos recordado a partir de 1962, suprimida ya la dictadura trujillista.

1. Campaña electoral.

En la actual coyuntura económica del país, sólo cabe una campaña austera sin dispendios cuantiosos y escandalosos.

Violencia y duros enfrentamientos es lo que menos necesita la nación irritada y tensa ya por la pérdida de su poder adquisitivo. Lo que reclama y necesita la patria, es paz y unión. Es necesario que los mismos partidos vigilen y controlen a sus adeptos. A esa paz y unión contribuirá eficazmente que el discurso de todos los candidatos sea respetuoso, digno, expositivo de sus planes y proyectos y no descomedido, agresivo y despreciativo de los otros contendientes.

Sería tristísimo que se quiera salir victorioso en la justa electoral no limpiamente sino a base de malas maneras y manejos turbios. Nadie puede aceptar que reincidamos en la vergonzosa compra y venta de cédulas electorales o en su falsificación o en otros fraudes que debemos relegar ya al pasado.

Respaldamos plenamente y alabamos el compromiso por una campaña electoral civilizada y por el fortalecimiento de la democracia firmado por los candidatos presidenciales del PRD, PLD y PRSC el día 16 de abril en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y confiamos en una total fidelidad a lo acordado. Dicho compromiso debe ser asumido seriamente por todos los seguidores de cada candidato y debe ser tenido en cuenta muy especialmente por los respectivos Jefes de campaña.

2. La Junta Central Electoral

Temores y sospechas, acusaciones y cuestionamientos han acompañado su trabajo. Su nombre y honorabilidad están gravemente comprometidos a nivel nacional e internacional. Ha llegado la hora de despejar toda duda y de no traicionar la confianza depositada en ellos.
<br> Lo que la nación espera de la Junta Central Electoral es un fiel cumplimiento de su deber. Desea ardientemente de ella imparcialidad, fidelidad a la verdad, trasparencia, firmeza y agilidad, sin demoras peligrosas, en la sucesión de los boletines parciales y del resultado final.

3. El voto

3. 1. Votar es un derecho y es un deber
Abstenerse sin una razón suficientemente grave es faltar a una obligación. No es razón suficiente para abstenerse el que ninguno de los que se presentan como candidatos a la presidencia le convenza a uno. No se trata de elegir lo ideal y perfecto sino de escoger al que juzgamos ser el mejor de los que se presentan. Conseguir que los seres humanos de una sociedad y la democracia maduren plenamente es fruto de un proceso largo y lento. Hemos escogido la democracia electiva y, supuesta la debilidad aún de nuestra democracia y sociedad, el deber nuestro no es debilitarla aún más y peligrosamente destruirla sino fortalecerla y consolidarla más y más.

3.2 El voto debe ser serio, responsable y en conciencia
Esto quiere decir que el voto debe estar fundado en razones válidas y honestas. No son razones válidas y honestas el provecho propio, la mera simpatía, las promesas vagas, el miedo, el soborno, la coacción. En cambio, sí, lo son el proyecto social, político y económico propuesto por el candidato, sus cualidades personales, su honestidad, la garantía de una buena gestión gubernativa, su concepción correcta sobre qué es gobernar y sobre el bien común, su capacidad y voluntad de gobernar bien y el equipo con el que gobernará.


4. Criterios del buen gobernar que deben inspirar el voto en conciencia

El buen gobernar incluye:
- servir honesta, competente y eficientemente
- promover, defender y exigir el bien común
- asegurar y vigilar los servicios básicos
- preocuparse especialmente de los más débiles y necesitados
- promover y defender los derechos humanos
- promover y defender las asociaciones intermedias entre los individuos y el Estado
- distribuir bienes, beneficios, servicios y cargas con justicia y equidad
- proteger los recursos naturales de los ataques del egoísmo irracional
- estimular la iniciativa privada, coordinarla y regularla
- respetar al Poder Legislativo y al Poder Judicial
- mantener en un mundo crecientemente intercomunicado buenas relaciones internacionales
- respetar, promover y defender la legítima libertad y castigar toda clase de libertinaje
- perseguir la corrupción en todas sus modalidades
- vigilar la economía nacional, prevenir y castigar el mal manejo bancario y trazar las políticas económicas necesarias y adecuadas
- distribuir con sabiduría y justicia los recursos disponibles
- contar en todo momento realísticamente con las posibilidades y limitaciones, virtudes y defectos de nuestro pueblo.

5. Segunda vuelta

La segunda vuelta es posible y la debemos tener presente para que, si es necesario acudir de nuevo, lo hagamos con la misma responsabilidad y seriedad.

En ella deben pensar también los candidatos no sólo para obtener el mayor respaldo posible a su candidatura, sino también para no levantar excesivos entusiasmos que produzcan después frustrantes decepciones.

6. Saber ganar y saber perder

En toda contienda hay que estar dispuesto a ganar o perder y tan digno de respeto y admiración es el que sabe perder como el que sabe ganar.

El que pierde en sus aspiraciones a gobernar una nación en una democracia electiva no es despojado de un derecho, sino que simplemente, por esta vez , otro ha sido el preferido por la ciudadanía.. El Preferido lo es no pocas veces por complejas y diversas razones que no invalidan su elección. No es el candidato sino la mayoría de los electores la que tiene el derecho a determinar con su voto quién será el que rija los destinos de la nación por cuatro años.

Saber ganar es aceptar el resultado de las urnas con humildad y con conciencia de la carga y de la responsabilidad que los electores han puesto sobre sus hombros. Y saber perder es admitir noblemente la victoria ajena; no recurrir, si no hay motivos objetivos para ello, a diversas acusaciones para impugnarla; llamar a todos sus seguidores a aceptar el veredicto de la Junta Central Electoral; y felicitar sinceramente al elegido.

Una vez más recomendamos recurrir a la oración, poniendo por intercesora a la Virgen de Altagracia, Protectora Nacional, para que Dios nos conceda unas elecciones intachables y ejemplares. La oración confiada todo lo alcanza.

Santo Domingo 19 de abril del año 2004

Les bendicen