SANTIAGO DE COMPOSTELA, viernes, 23 abril 2004 (ZENIT.org).- Conversión propia y la de la sociedad para hacer frente a la cultura de la muerte en Europa: es la exhortación que lanzó este viernes el cardenal Antonio María Rouco Varela en la jornada conclusiva del congreso que ha celebrado la COMECE (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea) en Santiago de Compostela (España).

En vísperas de la cercana ampliación de la Unión Europea, distintas iniciativas están subrayando la responsabilidad de los cristianos en la construcción de una Europa unida, fiel a los valores de su fe.

A la peregrinación de esta semana a Santiago de Compostela de cuarenta obispos de la COMECE, junto a unos 300 participantes de los 25 países de la próxima UE --con motivo del Año Santo Jacobeo 2004—, se sumaron personalidades políticas y representantes de comunidades y asociaciones religiosas, así como miembros de otras confesiones cristianas.

El camino a Santiago dio paso el miércoles al congreso organizado también por la COMECE bajo el lema «Unión Europea: esperanza y responsabilidad. El desarrollo de la unidad europea desde una perspectiva teológica».

140 representantes de las Conferencias Episcopales de los 25 países que desde el 1 de mayo formarán la UE se han dado cita en la ciudad compostelana con estudiosos y expertos de todo el continente.

En su intervención, el arzobispo de Madrid no ocultó las «sombras» de la sociedad europea, «que tiene miedo de afrontar su propio futuro y de tomar decisiones definitivas», sin puntos de referencia, con una caída de la solidaridad y de esperanza.

«Un millón de abortos al año, eutanasia, violencia y peligros enormes como el terrorismo, que en Madrid hemos vivido en nuestra propia carne» completan la descripción, a juicio del purpurado.

El cardenal Rouco trazó este panorama poco reconfortante de la sociedad europea (sobre todo de los países occidentales), por haber «oscurecido el patrimonio cristiano y por lo tanto la esperanza», recoge la agencia «Sir» del episcopado italiano.

«Decir que ésta no es una cultura de muerte significa cerrar los ojos ante la realidad», advirtió el presidente de la Conferencia Episcopal Española.

Subrayó asimismo signos positivos, como la recobrada «libertad de la Iglesia en los países del Este», «la apertura recíproca de los pueblos y la pluralidad de las lenguas, que hasta ahora a nivel eclesial se ha afrontado adecuadamente», y un «proceso de reconciliación general».

«Ciertamente no faltan sucesos dolorosos, como los conflictos no resueltos en la ex Yugoslavia y la difícil situación económica del continente --observó--, pero el desarrollo europeo es ya un proceso irreversible».

Para contrarrestar estos muchos problemas y sombras, el cardenal Rouco sugirió «crear un tipo de microclima, un ambiente eclesial en el que podamos convertirnos nosotros como Iglesia y convertir la sociedad».

Se trata de una «conversión de los corazones» que comprende también «el camino ecuménico» y el del diálogo interreligioso, «ya irrenunciable».

Santiago de Compostela acogerá también hasta el próximo día 24 la celebración de la Asamblea Plenaria de la COMECE.