El Papa pide redescubrir la familia y la vida religiosa al canonizar a seis santos

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 16 mayo 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II propuso redescubrir la belleza de la familia y la vida religiosa al canonizar a seis figuras modernas de la santidad en la plaza de San Pedro del Vaticano, ante unos 80.000 peregrinos.

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Entre los nuevos santos, se encuentra la italiana Gianna Beretta Molla (1922-1962), médico, que a los 39 años decidió aceptar el riesgo de morir y se negó a abortar la niña que llevaba en su seno o someterla a tratamientos que la pusieran en peligro.

Desde este domingo es también santo José Manyanet y Vives (1833-1901), sacerdote catalán, conocido como el «profeta de la familia», fundador de dos congregaciones religiosas, e impulsor del templo de la Sagrada Familia de Barcelona diseñado por Gaudí.

Otros dos de los nuevos santos eran amigos y fundadores de congregaciones religiosas. Luigi Orione (1872-1940), sacerdote italiano, fundó la Pequeña Obra de la Divina Providencia, para atender a los más pobres, en particular a los discapacitados.

Annibale Maria di Francia (1851-1927), por su parte, ha sido una de las figuras espirituales más importantes de Italia de finales del siglo XIX y de inicios del siglo XX, fundador de la Congregación de los Padres Rogacionistas del Corazón de Jesús y de las Hermanas Hijas del Divino Celo.

Los otros dos canonizados son Nimatullah Kassab Al-Hardini (1808-1858), sacerdote de la Orden Libanesa Maronita y Paola Elisabetta Cerioli (1816-1865), italiana, viuda y madre de familia, fundadora del dos congregaciones religiosas femeninas dedicadas a la ayuda a la familia.

En la soleada mañana de primavera, el momento culminante de la celebración eucarística tuvo lugar las 10.28. Todas las miradas de los presentes se dirigieron hacia la fachada principal de la basílica de San Pedro, donde se descubrieron los seis grandes retratos de los nuevos santos.

«Con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, después de haber reflexionado largamente, invocando muchas veces la ayuda divina y oído el parecer de numerosos hermanos en el episcopado, declaramos y definimos santos» a estos beatos, había proclamado el Papa al pronunciar la fórmula de canonización, seguida por un largo aplauso.

Juan Pablo II, que no dio pruebas de particular cansancio, a pesar de que la celebración duró más de dos horas –entonó algunos de los cantos– repasó durante su homilía –leída en italiano, castellano, francés, y un breve pasaje en catalán– la vida de los nuevos santos, «testigos» de la paz de Cristo. Dentro de sus limitaciones, el obispo de Roma tenía la voz clara y fuerte

Recordando a santa Gianna, deseó: «¡Que nuestra época redescubra la belleza pura, casta y fecunda del amor conyugal, vivido como respuesta a la llamada divina!». Cerca del Papa, escucharon estas palabras el marido y los tres hijos de la nueva santa.

«Enamoraos de Jesucristo», fue el consejo que dejó a los jóvenes al recordar que este es el secreto de la vocación a la vida religiosa y sacerdotal, seguida por cinco de los nuevos santos.

Con ellos, asciende a 483 el número de santos proclamados por Juan Pablo II, que en ese día alcanzaba los 25 años y 7 meses de pontificado.

La canonización tuvo lugar en medio de fuertes, pero discretas, medidas de seguridad. Todos los asistentes tuvieron que pasar por detectores de metales para entrar en la plaza de San Pedro.

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ZENIT Staff

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