El poder del Espíritu Santo en quienes le invocan (II)

Exponentes de la «Renovación Carismática Católica» comparten su testimonio

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 6 junio 2004 (ZENIT.org).- Un fuerte impulso evangelizador es uno de los efectos del Espíritu Santo en el cristiano: así lo confirman por experiencia propia a Zenit algunos responsables en la «Renovación Carismática Católica» (RCC).

Para profundizar en la experiencia de un Pentecostés «personal» y de su repercusión en la evangelización, como pidió Juan Pablo II en la víspera de la solemnidad de Pentecostés de este año (30 de mayo), ZENIT ha hablado con algunos exponentes de la RCC.

«Desde que recibí por primera vez la efusión del Espíritu, después de haber resistido durante mucho tiempo a la gracia propuesta, mi vida se transformó totalmente», reconoce Cathy Brenti, vicepresidenta de los «Servicios Internacionales de la Renovación Carismática Católica» (ICCRS), con sede en Ciudad del Vaticano, reconocido por el Consejo Pontificio para los Laicos.

Este Consejo internacional sirve de comunicación y enlace para esta realidad eclesial de cuya espiritualidad participan unos 120 millones de católicos de todo el mundo.

Miembro –junto a su marido Claude– de la «Comunidad de las Bienaventuranzas», Cathy Brenti –que participa activamente en ambientes de la RCC en Francia y en el mundo– admite: «El Espíritu Santo en mi vida es un “soplo”, una “respiración” que no me abandona nunca desde hace ya treinta años»: «este soplo me ha hecho seguir a Cristo hasta darle toda mi vida», prosigue.

[Formada por laicos, consagrados y sacerdotes, célibes y familias, la «Comunidad de las Bienaventuranzas» (www.beatitudes.org) está presente en los cinco continentes. Fue fundada en 1974 –por un antiguo pastor protestante francés convertido al catolicismo, Ephraïm Croissant, por su esposa, Josette, y por otra pareja– en la corriente de la RCC. Se trata de una comunidad de vida residencial contemplativa y misionera que vive el carisma de santa Teresa del Niño Jesús. Ndr].

«Comprometidos desde hace veintiséis años en una de las esas nuevas comunidades, de las que Juan Pablo II acaba de recordar que son “una respuesta providencial suscitada por el Espíritu a la necesidad actual de nueva evangelización”, mi marido y yo descubrimos constantemente que es el Espíritu quien nos anima, que el Espíritu es toda nuestra vida», subraya Cathy Brenti a Zenit.

«No hay nada “mágico” –advierte–, sin embargo, toda invocación, toda oración dirigida con fervor al Señor Espíritu Santo, espíritu de consejo y de fuerza, encuentra necesariamente eco en su corazón y una respuesta favorable, según sus caminos».

«¿Cómo tomar decisiones para nuestra vida sin hacer referencia ante todo a este tesoro de la vida, a este dispensador de dones? ¿Cómo crecer en fervor sin la ayuda del Espíritu Santo? Los dones que nos ofrece son inestimables y estamos atentos para no sofocarlos sino, por el contrario, para honrarlos y vivirlos día tras día. “¡Envía tu Espíritu, Señor, y renovarás la faz de la tierra!”», concluye.

«Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos», dice Jesús (Hch 1, 8): «El Bautismo en el Espíritu que hemos experimentado con la Renovación Carismática representa esta invitación a ser misioneros», reconoce por su parte Matteo Calisi, presidente de la «Catholic Fraternity of Charismatic Covenant Communities and Fellwships» («Fraternidad Católica Internacional de las Comunidades y Asociaciones Carismáticas de Alianza») —www.catholicfraternity.net–.

[Reconocida por la Santa Sede, la «Fraternidad Católica» reúne a más de medio centenar de comunidades históricas de la RCC de los cinco continentes, tales como la «Comunidad de las Bienaventuranzas», la «Comunidad Emmanuel» de París o la «Comunidad de Jesús» en Bari. Ndr].

«Actualmente la Iglesia necesita redescubrir esta renovada evangelización llena de la “fuerza de lo alto” como fruto de un “Pentecostés personal”», subraya Calisi.

«Se calcula que cerca de 120 millones de católicos han vivido una “nueva efusión del Espíritu Santo” –asegura a ZENIT–. Ellos, por lo tanto, tienen la tarea y el privilegio de estar “revestidos de capacidad” para ser “enviados a evangelizar” (…). Oremos al Espíritu para que nuestra respuesta sea afirmativa».

Calisi hace hincapié en que los dones del Espíritu son «instrumentos para la evangelización»: «signos, milagros, prodigios y curaciones son el testimonio más fuerte y más poderoso que el Espíritu Santo hace a la Palabra del Evangelio para la conversión de los incrédulos».

«A través de la enseñanza de la Iglesia primitiva, la Renovación Carismática ha aprendido a apreciar el uso de los carismas para evangelizar –subraya–. La Iglesia de hoy posee el mismo poder de Jesús y de la Iglesia del Nuevo Testamento de predicar, curar y expulsar demonios».

De hecho, «la doctrina de la Iglesia y la experiencia de la Renovación Carismática en sus más de 30 años de vida nos revelan una bella enseñanza: si los cristianos no usan los dones y carismas del Espíritu Santo, éstos morirán», alerta Matteo Calisi.

«Por ello la Palabra de Dios (Cf. 1Cor 12, 4-11; 14,1; Ef 4,11) viene en nuestra ayuda animándonos a desear honestamente y en humildad los carismas para la edificación de la Iglesia», concluye.

La primera parte de «El poder del Espíritu Santo en quienes le invocan» se publicó en Zenit, 4 de junio de 2004.

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ZENIT Staff

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