Sólo el Papa podía unir a los católicos en Suiza tras décadas de divisiones

Uno de los organizadores de la visita hace un balance de la peregrinación apostólica

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BERNA, viernes, 11 junio 2004 (ZENIT.org).- Sólo el sucesor de Pedro era capaz de reunir a todos los católicos suizos, fuertemente divididos desde hace décadas, constata uno de los organizadores del viaje de Juan Pablo II a Berna entre el 5 y el 6 de junio.

El padre Nicolas Buttet, fundador de la Comunidad Eucharistein, quien ha participado en la preparación y desarrollo de la visita de Juan Pablo II a Berna del 5 al 6 de junio, considera en esta entrevista concedida a Zenit que en la historia del cristianismo suizo habrá un antes y un después de esta peregrinación apostólica.

–¿Cuál ha sido el contexto de la visita del Papa?

–Nicolas Buttet : El contexto de esta visita era el de una Suiza bastante contestataria, sumamente dividida. La situación planteaba problemas. Sacerdotes y laicos habían pedido al Papa que renunciara justo antes de su llegada. Las cuestiones sobre el preservativo, la ordenación de varones casados, la ordenación de mujeres sacerdotes y otras cuestiones también habían resurgido. Es verdad que la primera visita del Papa a Suiza veinte años antes, había sido recibida con una relativa frialdad. Era, por tanto, un viaje de alto riesgo. Hasta el punto de que se dudó en poner el nombre del Santo Padre en los carteles para invitar a los jóvenes a este encuentro de la juventud católica de Suiza. Algunos sacerdotes habían escrito en los periódicos que esta visita no era bienvenida. Los medios de comunicación veían con circunspección este viaje. La Federación de las Iglesias Protestantes de Suiza (FEPS) había manifestado también grandes reservas ante la presencia del Santo Padre en Suiza. La FEPS criticó el hecho de que el gobierno federal suizo estableciera relaciones diplomáticas completas con la Santa Sede, diciendo que esto establecía una desigualdad de trato inadmisible entre las confesiones. Se daba, por tanto, un clima de tensión hacia dentro y hacia fuera.

Una vez aclarado esto, hay que decir que muchos jóvenes que han participado en las Jornadas Mundiales de la Juventud estaban entusiasmados. Sin su determinación, la visita no hubiera podido tener, por falta de alguien que invitara al Papa.

–¿Qué sucedió al llegar el Papa?

–Nicolas Buttet : La llegada del Papa cambió totalmente la situación. El presidente de la Confederación, que es un hombre extraordinario, se comprometió firmemente a favor de esta visita. Subrayó el hecho de que el Santo Padre lanzara un mensaje de compromiso para la juventud suiza. De este modo acogió al Santo Padre y participó en todos los grandes momentos de esta visita. Criticó la falta de educación de sacerdotes que pidieron públicamente que el Santo Padre presentara su renuncia. Esta actitud le valió algunos ataques, pero fue un testimonio de acogida política de gran envergadura. Con el pasar del tiempo iba aumentando el número de jóvenes que confirmaban su participación. Más allá de todas las previsiones, catorce mil jóvenes invadieron la capital federal. Era algo impensable. Semanas antes, los oficiales pensaban que la participación sería de unos tres mil. Algunos sacerdotes boicotearon totalmente la visita.

–¿Cómo se explica esta respuesta totalmente inesperada?

–Nicolas Buttet : Hay que decir varias cosas. Ciertamente se dio una acción particular del Espíritu Santo que supo mover a estos jóvenes y reunirlos. Sí, creo que esta muchedumbre que invadió Berna era verdaderamente un llamamiento del Espíritu Santo al corazón de los jóvenes. En los dos o tres últimos días, hubo entre 2.500 y 3.000 nuevas inscripciones. Ni siquiera la policía se esperaba a toda esta gente: no previó un número suficiente de puertas para garantizar el control.

El Espíritu Santo quería mostrar sin duda a la Iglesia católica que está en Suiza que la única manera de estar unida es la de reunirse en torno al vicario de Cristo, de Pedro. ¡Era algo olvidado en nuestro país! Nos hemos dado cuenta de nuevo que era el Papa quien atraía a los jóvenes, y que no era un simple encuentro de los jóvenes católicos. El elemento de unidad es verdaderamente Pedro, y creo que es la lección que puede sacar la Iglesia en Suiza de este acontecimiento.

La misa del domingo lanzó el mismo signo profético: el número de los participantes fue dos veces superior a las previsiones. Tanto escuchar a los contestatarios, se había acabado casi por creer que eso era lo normal. Se reunió un pueblo de Dios de todas las edades, lenguas, nacionalidades y orígenes sociales para levantarse y proclamar su fe en la Iglesia de Jesucristo, guiada por Pedro.

–¿Sabrá dar Suiza una continuidad a lo que ha vivido? ¿Podrá responder a las expectativas de los jóvenes?

–Nicolas Buttet : Creo que se ha dado un extraordinario giro. Un giro mediático completo en el estado de ánimo. Todos los periódicos han dedicado al menos tres páginas llenas al acontecimiento, cuando antes no había más que algunos recuadros, pequeños títulos discretos y muchas dudas. Un periódico habló de «desamor» entre Roma y Suiza el día en que el Papa llegaba a Suiza; al concluir escribió sobre el amor por el Santo Padre y por la Iglesia de la gente. Se ha dado una especie de visibilidad para la Iglesia católica en Suiza que ha tomado conciencia de ella misma, pues ha comprendido que tiene un papel que desempeñar y que el Pueblo de Dios espera un mensaje claro.

Es impactante el que la mayoría de los aplausos tuvieron lugar en momentos decisivos del discurso del Santo Padre. El sacramento de la confesión es con frecuencia abandonado, sustituyéndolo por la absolución colectiva, por ejemplo. Cuando el Papa les dijo a los jóvenes «id a encontraros con un sacerdote para pedir el perdón de Dios», los jóvenes aplaudieron. Cuando habló del encuentro personal con Jesucristo, los jóvenes aplaudieron. El obispo de Basilea, monseñor Kurt Koch, que ciertamente es el que más sufre por las tensiones en la Iglesia en Suiza, recibió una ovación. Se ha tomado conciencia de que hay verdaderamente un pueblo de Dios fiel a la Iglesia y al magisterio. Los medios de comunicación y la Iglesia parece que han salido de un letargo. Se daba una especie de ambiente pesimista, y de una pérdida de energía para evangelizar.

Esta toma de conciencia, desde mi punto de vista, no se esfumará tan rápidamente. Por una parte, porque no es ante todo emocional, sino que se enmarca más bien en un despertar de fe. Por otra, existe todo un equipo de sacerdotes y una generación joven, un equipo de asistentes pastorales, que han preparado este encuentro, que preparan las Jornadas Mundiales de la Juventud y que participan, por tanto, en esta sinergia de la pastoral de los jóvenes en Suiza. Este elemento también es nuevo.

Suiza ha tardado mucho en entrar en la dinámica de las Jornadas Mundiales de la Juventud, pero creo que ahora ya está dentro. El obispo que se encarga de la pastoral de los jóvenes en la conferencia episcopal, monseñor Denis Theurillat, ha comprendido la importancia de su misión y no ahorra tiempo y energías para promover esta pastoral. Por tanto, ahora existe de manera mucho más clara que durante la primera visita del Papa, hace veinte años, una capacidad y una voluntad para aprovechar la ocasión y hacer que florezcan las semillas sembradas en esta visita.

–Las relaciones con los protestantes han sido difíciles…
–En conclusión, ¿cómo será la Iglesia católica en Suiza tras esta visita?

–Nicolas Buttet: Durante esta visita se ha dado como una presencia sacramental de San Pedro que ha abierto las puertas de la gracia. Se da un misterio espiritual, sobrenatural. Hay algo que es visible y algo que es invisible. Creo que el sufrimiento del Santo Padre, pues es verdad que sufría, va a traer frutos, como en cierto sentido dice Pablo: «completo en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia»

Más allá de la emoción se da como un gran Pentecostés que se ha abierto sobre una Suiza que no sabía ya muy bien qué hacer, una Iglesia encerrada en ella misma, que revisa sin cesar sus estructuras, una Iglesia rica, que no podía encontrar por sí misma la salida sin el soplo de este viento fresco venido desde afuera.

De repente, nos hemos dado cuenta de que la visita del Papa era capaz de unir a las cuatro regiones lingüísticas, a las tres grandes regiones culturales, a las diferentes tendencias que conviven legítimamente en la Iglesia.

Antiguas y nuevas comunidades, parroquias, se han reunido en una misma acción de gracias y creo que este acontecimiento vuelve a dar una esperanza a esta Iglesia que está en Suiza. Deseo de todo corazón que pueda recomenzar con una evangelización audaz. Creo que se puede decir que el acontecimiento de Pentecostés se vivió en ese domingo de la Santísima Trinidad en Berna.

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ZENIT Staff

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