Se necesitan signos de comunión entre católicos y ortodoxos, reconoce el Papa

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Se despide del patriarca ecuménico Bartolomé I de Constantinopla

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 2 julio 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II constató que hacen falta «signos de comunión» entre católicos y ortodoxos al despedirse este viernes del patriarca ortodoxo de Constantinopla Bartolomé I, al final de una visita a Roma de cuatro días.

«Demos juntos gracias a Dios que nos ha permitido mostrar a los fieles un signo vivo de fraternidad y confirmar el propósito de avanzar con decisión hacia la meta de la unidad plena entre católicos y ortodoxos», explicó el Santo Padre en un encuentro de despedida.

Bartolomé I vino a la ciudad eterna para participar en la celebración de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, el 29 de junio, día del obispo de Roma, y conmemorar el cuadragésimo aniversario del histórico abrazo en Jerusalén entre sus predecesores, el patriarca ecuménico Atenágoras I y el Papa Pablo VI, que restableció los primeros contactos después de más de novecientos años tras el cisma.

La visita ha servido para manifestar el compromiso de los dos líderes religiosos en el relanzamiento del trabajo de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto, creada en 1979, que en los últimos años había entrado en crisis.

Este jueves, además, Juan Pablo II y Bartolomé I firmaron la declaración conjunta en la que insisten en la necesidad de que «las Iglesias vivan entre sí en paz y armonía para testimoniar en la concordia el mensaje del Evangelio de una mera más creíble y convincente».

«Hay una gran necesidad de estos signos de comunión, al igual que de palabras que los acompañen y que los expliquen, como quieren ser las que hemos firmado en la declaración común», reconoció el Papa.

La visita del patriarca ha culminó con la entrega por parte del Papa para su uso litúrgico a la comunidad greco-católica de Roma de la Iglesia de San Teodoro en el Palatino, que en estos últimos años ha sido totalmente restaurada.

«Esto permitirá a los fieles de la archidiócesis greco-ortodoxa en Italia tener una presencia significativa y continua cerca de la tumba del apóstol Pedro», deseó Juan Pablo II al despedirse de su huésped.

«Todo esto, lo sabemos, es don de Dios –concluyó el Papa–. Y es bello que los hermanos vivan juntos este reconocimiento común de Aquel que es el «Padre de la luz», de quien desciende «toda dádiva buena y todo don perfecto»» (Cf. Santiago 1, 17).

Antes de dejar la ciudad eterna, el patriarca ecuménico confesó a los micrófonos de «Radio Vaticano» que en esta visita a Roma, la tercera, ha vivido «el encuentro más conmovedor, más humano, y más fraterno» que ha tenido con este Papa. «Ha sido más de carácter espiritual que protocolario».

Reconoce que «las dificultades» entre católicos y ortodoxos siguen existiendo, «pero por ambas partes se da la buena voluntad para avanzar, para continuar con el diálogo, sin duda».

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ZENIT Staff

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