ROMA, jueves, 4 noviembre 2004 (ZENIT.org).- La promoción y la unidad de la familia son decisivas para la promoción de la paz en el mundo, constata el presidente de los Caballeros de Colón, el movimiento de seglares más grande de Estados Unidos.

Carl Anderson, caballero supremo, ha participado en el primer congreso de la historia, a puertas cerradas, de las organizaciones eclesiales dedicadas al campo de la justicia y la paz, que se celebró en Roma, del 27 al 30 de octubre.

El encuentro, convocado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz, ha reunido a representantes de más de cien países.

Los Caballeros de Colón cuentan hoy con 1.7 millones de miembros, con consejos a lo largo de Estados Unidos, Canadá, Filipinas, México, República Dominicana, Puerto Rico, Panamá, Bahamas, Islas Vírgenes, Guatemala, Guam y Saipán.

Esta es la entrevista que Anderson ha concedido a Zenit.

--Usted participó en un grupo de trabajo en el congreso sobre el «papel y la identidad eclesial de las organizaciones que actúan en favor de la justicia y la paz». ¿De qué hablaron?

--Anderson: El argumento incluye un tema importante para la Iglesia, el de la tendencia, en muchas sociedades y culturas, a reducir la proclamación por parte de la Iglesia del Evangelio de la vida y de su doctrina social, simplemente a uno más entre tantos sistemas de valores éticos o a una oferta de servicios sociales, cuando obviamente el Evangelio es mucho más que esto.

Por tanto, tenemos que estar siempre en guardia contra esta tendencia y tenemos que multiplicar nuestros esfuerzos para asegurar que, mientras trabajamos en favor de la justicia social y de la paz, presentemos siempre la verdad plena del Evangelio.

--¿Cómo están implicados en temas de justicia y paz los Caballeros de Colón?

--Anderson: Contamos con 1,7 millones de Caballeros de Colón, en diversos países, y nuestros dos principios fundamentales son la caridad y la unidad. Imagino que usted puede ver el paralelismo con la paz y la justicia.

Tratamos de hacernos portadores de este mensaje a través de las obras de caridad y de solidaridad, no sólo a nuestras comunidades locales sino también a nivel internacional y global.

--¿En su intervención en la asamblea, se refirió a la exhortación postsinodal de Juan Pablo II «Familiaris Consortio» y afirmó que la verdadera vocación de la gente es el amor. Como Caballero de Colón, y padre de cinco hijos, ¿qué quería decir?

--Anderson: Nosotros (los Caballeros de Colón) tratamos de ayudar al Santo Padre en su misión pastoral de atención a las familias, en el ámbito de las parroquias y a través de instituciones de educación superior, como el Instituto Juan Pablo II para el Matrimonio y la Familia.

Uno de los progresos en doctrina social de la Iglesia, hecho por el Santo Padre durante su pontificado, es el de entender la familia --las relaciones dentro de la familia-- como reflejo de las relaciones dentro de la Trinidad; y la comunión interpersonal de la Trinidad se refleja, en cierto modo, en la familia.

Por esto el Papa denomina a la familia «la primera escuela de humanidad», porque allí aprendemos este tipo de relaciones.

Esto es muy importante para la justicia y la paz porque la familia representa la primera célula de la sociedad. De esta manera, si consideramos a la familia como modelada por la Trinidad, tendríamos que pensar lo mismo para otras asociaciones de la sociedad.

La sociedad misma se funda en relaciones interpersonales que aprendemos en el ámbito de la familia y por esto vemos que el Santo Padre habla de la «familia de las naciones».

--Todos los participantes en la Conferencia pudieron encontrarse con Juan Pablo II el pasado viernes en el Vaticano. ¿Qué impresión experimentó?

--Anderson: Es natural que todos los participantes de esta organización y de este encuentro se sintieran emocionados por estar ante el Santo Padre y por verle articular tan claramente el valor de la doctrina social de la Iglesia... ¡qué profundidad!

El Papa Pablo VI, al acabar el Concilio Vaticano II, dijo que éste presentaba a la Iglesia católica como la Iglesia del Buen Samaritano. El pontificado de Juan Pablo II es un testimonio cotidiano de esta realidad, la Iglesia como Buen Samaritano.

--En su intervención, usted habló de salvaguardar la identidad eclesial de la misión de la Iglesia. ¿Cómo puede ser de ayuda en este sentido la reciente publicación del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia?

--Anderson: El trabajo por la justicia y la paz, para la renovación de la sociedad, es una responsabilidad primaria de los laicos y necesitamos instrumentos para formar al laicado, hombres y mujeres, en esta responsabilidad. El compendio, en este sentido, es estupendo.

Puede también ser considerado como el programa o el manual para caminar; en él encontramos reunida toda la doctrina al alcance de todos. Es extraordinariamente importante y creo que, a partir de este primer congreso mundial, veremos mayor entusiasmo, interacción y solidaridad global más allá de las diversas fronteras.