El tráfico de armas ligeras, «obvia» amenaza para la paz y el desarrollo

Según asegura la Santa Sede en la ONU

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NUEVA YORK, martes, 12 julio 2005 (ZENIT.org).- La Santa Sede afirmó ante las Naciones Unidas que el tráfico de armas ligeras constituye una «obvia» amenaza para la paz y el desarrollo. Cada año, estas armas quitan la vida a medio millón de personas.

Portavoz de la posición de la Iglesia fue este lunes el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, en la conferencia sobre el comercio ilegal de armas ligeras y de pequeño calibre.

«El tráfico de armas ligeras y de pequeño calibre es una obvia amenaza a la paz, al desarrollo y a la seguridad», aseguró el representante papal.

«Por este motivo –recalcó–, la Santa Sede suma su voz a los llamamientos a favor de un enfoque común, no sólo en lo que se refiere al tráfico ilícito de armas ligeras, sino también a las actividades relacionadas, como el terrorismo, el crimen organizado y el tráfico de personas, por no hablar del tráfico ilícito de drogas u otras actividades lucrativas».

La mayoría de las víctimas de la guerra en estos momentos mueren víctimas de armas ligeras, como pistolas o rifles, que se convierten así en armas de destrucción de masas, según el informe publicado por el Instituto de Estudios Internacionales de Ginebra, cuya presentación coincidió con el inicio en la sede de la ONU en Nueva York de la segunda reunión para revisar la implementación del «Plan de acción» para la prevención, el combate y la erradicación del comercio ilícito de armas pequeñas y ligeras.

Por este motivo, monseñor Migliore propuso la creación a nivel internacional «de un tratado sobre el comercio de armas basado en los principios del derecho internacional concerniente a los derechos humanos y al derecho humanitario».

«Un instrumento de ese tipo contribuiría a la erradicación del comercio ilícito de armas y recalcaría, al mismo tiempo, la responsabilidad de los Estados en la puesta en práctica» del «Plan de Acción» sobre el que se discutió en la sede de la ONU, concluyó.

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ZENIT Staff

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