Obispos mexicanos alzan la voz contra el muro fronterizo de Estados Unidos

CIUDAD DE MÉXICO, domingo, 15 enero 2006 (ZENIT.orgEl Observador).- Los obispos de México se han pronunciado enérgicamente contra el muro que pretende construir Estados Unidos a lo largo de la frontera entre los dos países para detener la inmigración clandestina.

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Una nota de prensa emitida por la secretaría general de la Conferencia del Episcopado Mexicano
Secretaría General lamenta «la iniciativa de Ley de Protección Fronteriza», aprobada el pasado 16 de Diciembre por la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de América.

«Estamos convencidos de que se requieren actitudes de diálogo respetuoso y maduro entre los gobiernos de los países involucrados para encontrar soluciones que respondan a las exigencias de respeto a la dignidad y a los derechos humanos de los migrantes, los cuales nunca deberán ser considerados ni tratados como delincuentes», afirman los prelados en su comunicado, emitido en Navidad.

«El dramático y complejo fenómeno de la migración no se resuelve aplicando medidas que son expresión de una mentalidad xenofóbica, egoísta y discriminatoria», añade el texto.

El comunicado cita la carta pastoral conjunta de los obispos de Estados Unidos y México sobre la Migración en la que se afirma: «todo Estado soberano posee el derecho de salvaguardar su territorio; sin embargo, rechazamos que tal derecho se ejerza sólo con el objetivo de adquirir mayor riqueza».

«El proyecto de construir un muro a lo largo de la frontera nos remonta a épocas de la historia de la humanidad que nadie quiere recordar –denuncian los obispos mexicanos–. Las naciones verdaderamente democráticas han destruido los muros que las dividían y han construido puentes para afianzar relaciones de intercambios beneficiosos para la integración, la libertad y la solidaridad».

«Desde el Evangelio nosotros sabemos que el proyecto de Cristo es superar los egoísmos y las enemistades; Él no vino a enfrentarnos, sino a construir una humanidad fraterna y reconciliada; Él vino a demoler los muros de la discordia; Él desea que sus hijos se reconozcan entre sí como hermanos», aseguran.

Los prelados hacen un llamado «a la cordura a quienes deberán tomar la decisión definitiva en este tema de tanta trascendencia, no sólo para los que se ven obligados a emigrar a causa de la pobreza, sino también para los que desean vivir en un ambiente de seguridad y de paz».

«No sería prudente conducir la política migratoria con medidas que sólo producirán mayor sufrimiento y muerte, que fomentarán sentimientos de desconfianza y odio y que, en último término, no lograrán frenar el flujo migratorio», aseguran.

Citando el mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2006) el comunicado subraya: «Las autoridades que, en lugar de hacer lo que está en sus manos para promover eficazmente la paz, fomentan en los ciudadanos sentimientos de hostilidad hacia otras naciones, asumen una gravísima responsabilidad: ponen en peligro, en zonas ya de riesgo, los delicados equilibrios alcanzados a costa de laboriosas negociaciones».

La nota reitera la petición que ya habían hecho juntamente los obispos a los presidentes de ambos países «a continuar negociaciones sobre asuntos migratorios, para lograr un sistema de migración más generoso, justo y humano en nuestros países».

Por su interés, publicamos el comunicado en su integridad.

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“Cristo es nuestra paz; Él hizo de los dos pueblos uno solo, derribando el muro que los separaba” (Ef. 2, 14).

Los Obispos de la Iglesia católica en México unimos nuestra voz a los pronunciamientos de diversos sectores de la sociedad que lamentan la iniciativa de LEY DE PROTECCIÓN FRONTERIZA, aprobada el pasado 16 de Diciembre por la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de América.

Estamos convencidos que se requieren actitudes de diálogo respetuoso y maduro entre los gobiernos de los países involucrados para encontrar soluciones que respondan a las exigencias de respeto a la dignidad y a los derechos humanos de los migrantes, los cuales nunca deberán ser considerados ni tratados como delincuentes. El dramático y complejo fenómeno de la migración no se resuelve aplicando medidas que son expresión de una mentalidad xenofóbica, egoísta y discriminatoria.

Conjuntamente con los Obispos de Estados Unidos, nosotros ya habíamos afirmado que “todo Estado soberano posee el derecho de salvaguardar su territorio; sin embargo, rechazamos que tal derecho se ejerza sólo con el objetivo de adquirir mayor riqueza” (Carta Pastoral Conjunta de los Obispos de Estados Unidos y México sobre la Migración, N. 36).

El proyecto de construir un muro a lo largo de la frontera nos remonta a épocas de la historia de la humanidad que nadie quiere recordar. Las naciones verdaderamente democráticas han destruído los muros que las dividían y han construído puentes para afianzar relaciones de intercambios beneficiosos para la integración, la libertad y la solidaridad.

Desde el Evangelio nosotros sabemos que el proyecto de Cristo es superar los egoísmos y las enemistades; Él no vino a enfrentarnos, sino a construir una humanidad fraterna y reconciliada; Él vino a demoler los muros de la discordia; Él desea que sus hijos se reconozcan entre sí como hermanos, “responsablemente dispuestos a poner los diversos talentos al servicio del bien común de la familia humana” (Benedicto XVI – Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz – 2006).

Hacemos un llamado a la cordura a quienes deberán tomar la decisión definitiva en este tema de tanta trascendencia, no sólo para los que se ven obligados a emigrar a causa de la pobreza, sino también para los que desean vivir en un ambiente de seguridad y de paz. No sería prudente conducir la política migratoria con medidas que sólo producirán mayor sufrimiento y muerte, que fomentarán sentimientos de desconfianza y odio y que, en último término, no lograrán frenar el flujo migratorio.

El Papa Benedicto XVI afirma: “Las autoridades que, en lugar de hacer lo que está en sus manos para promover eficazmente la paz, fomentan en los ciudadanos sentimientos de hostilidad hacia otras naciones, asumen una gravísima responsabilidad: ponen en peligro, en zonas ya de riesgo, los delicados equilibrios alcanzados a costa de laboriosas negociaciones” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz – 2006).

Reiteramos la petición que ya habíamos hecho, juntamente con los Obispos de Estados Unidos de América, a los Presidentes de ambos países “a continuar negociaciones sobre asuntos migratorios, para lograr un sistema de migración más generoso, justo y humano en nuestros países” (Carta conjunta sobre Migración – N. 104).

Rogamos al Dios de la vida y de la sabiduría que conceda sus luces a todos los que tendrán la responsabilidad de decidir sobre estos asuntos, para que hagan un esfuerzo serio y encuentren las soluciones que hoy requiere el fenómeno de la migración, característica acentuada por la globalización de este mundo moderno.

Que Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de todos los pueblos de América, nos acompañe en estos difíciles momentos y nos mantenga unidos, como hermanos, en el respeto mutuo y en la colaboración fraterna.

México, D. F. a 24 de Diciembre del 2005.

Por los Obispos de México

+ José G. Martín Rábago
Presidente de la Conferencia Episcopal

Por la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Movilidad Humana
+ Renato Ascencio León
Obispo de Ciudad Juárez

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ZENIT Staff

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