Rezar con la misma lengua de Jesús

Entrevista a monseñor Petrus Yousif, profesor de liturgia caldea

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 20 enero 2006 (ZENIT.org).- La Iglesia caldea, cuyo Patriarcado tiene sede en Bagdad, acaba de realizar una reforma litúrgica tras el Sínodo especial de la Iglesia caldea, celebrado en Roma del 8 al 12 de noviembre de 2005.

Para valorar el alcance de dicho encuentro, Zenit ha entrevistado a monseñor Petrus Yousif, profesor di Patrología siro-caldea y de liturgia caldea en el Instituto Pontificio Oriental y el Instituto Católico de París. Es también párroco de la comunidad caldea de Francia.

En esta entrevista, monseñor Yousif, consultor de la Comisión Especial de Liturgia para las Iglesias Orientales, explica el rito en que celebra esta Iglesia que conserva la misma lengua que habló Jesús, el arameo.

–Comencemos desde el principio. ¿Qué es el rito caldeo?

–Monseñor Yousif: Es uno de los cinco principales ritos orientales que son: antioqueno, alejandrino, bizantino, armenio y caldeo. Los ritos tienen estructura y textos propios. El rito caldeo lo usan caldeos, asirios y malabares.

–¿A cuándo se remonta este rito y cuáles son sus características?

–Monseñor Yousif: Algunos elementos se remontan al siglo III, como la anáfora de Addai y Mari. El rito nació en Mesopotamia. Estamos hablando de principios del siglo IV. Y a mediados del siglo VII fue organizado por Mar Ishoyab III.

–¿Utilizan realmente la lengua de Jesús?

–Monseñor Yousif: Sí, el arameo, pronunciado como Jesús lo pronunciaba. Es una lengua semítica. La Misa tiene cuatro lecturas bíblicas: dos del Antiguo Testamento y dos del Nuevo. El rito es sobrio, se canta mucho, el Leccionario en gran parte tiene origen en Jerusalén. La oración litúrgica distingue entre la llamada «catedral» (mañana y tarde) y «monástica» (el resto de las horas).

–¿Hay un rito caldeo ortodoxo y otro católico?

–Monseñor Yousif: El rito es el mismo para los católicos y para los asirios, llamados impropiamente «nestorianos».

–¿Dónde están los caldeos en el mundo?

–Monseñor Yousif: Los caldeos están en los cinco continentes y practican su liturgia con libertad, usando su lengua y traduciéndola a las lenguas locales si es necesario. Son cinco millones en el mundo.

–¿En qué consiste la reforma litúrgica aprobada por el Sínodo caldeo en Roma?

–Monseñor Yousif: Fue aprobada la reforma de la Misa que, a su vez, se remonta a los orígenes y hace accesible a nuestro tiempo esta venerable liturgia. El texto es más claro y compacto y tiene como principio volverse hacia el pueblo, cuando se habla al pueblo, y, cuando se habla a Dios, se vuelve a mirar a la cruz, porque es Jesús quien tiene el rostro del Padre.

–¿En qué difiere el rito caldeo del romano católico?

–Monseñor Yousif: Hay varias diferencias: algunos detalles de la Misa, como la epíclesis –la invocación al Espíritu Santo que cierra la anáfora u oración eucarística–, invocando al Espíritu para que santifique los dones del «pan y el vino».

–¿Y la paz?

–Monseñor Yousif: Efectivamente es distinto también el intercambio de la paz. Se hace de esta manera: el sacerdote pone la mano en el cáliz y la tiende al diácono, que la recibe con ambas manos y la lleva a los fieles, que la intercambian de la misma manera. La paz proviene del altar, que es altar de reconciliación.

La tercera diferencia es que el Padre Nuestro se recita al principio y al final de la Misa, intercalando en la primera parte el himno seráfico de Isaías: Venga tu Reino, santo, santo, santo…

Además, la oración litúrgica es diferente de la latina porque la oración catedral es distinta de la monástica, es decir, en el rito latino se recitan las horas de tercia, sexta y nona, más vísperas y laudes. En cambio, en el caldeo, el pueblo participa sólo por la mañana y en vísperas.

–¿Cuál es el papel de los diáconos y de las mujeres en el rito caldeo?

–Monseñor Yousif: El diácono guía a la comunidad para una buena participación en la Misa.

El papel de la mujer es el de asistir al sacerdote en el bautismo de las mujeres adultas, en la misión de educación de las familias; se llaman «diaconisas» pero no hay una ordenación de diáconos propiamente dicha, es decir con el «don del Espíritu Santo», aunque sí una consagración en la que la diaconisa se compromete al servicio de la Iglesia.

–¿Hay vocaciones en su Iglesia?

–Monseñor Yousif: A pesar de la difícil situación en Irak, tenemos un buen número de seminaristas y los fieles están muy aferrados a su fe. En caso de necesidad, se puede ordenar como sacerdotes a laicos casados bien preparados, actualmente hay una decena [viri probati, ndr].

–Por tanto, ¿se puede decir que el rito caldeo está muy vivo?

–Monseñor Yousif: Ciertamente, según el deseo del Concilio Vaticano II es una cosa buena que permanezcamos fieles a nuestro rito, y estamos llamados a dar testimonio de él por su antigüedad, originalidad y riqueza, como un tesoro que forma parte del patrimonio de la Iglesia universal y de la humanidad.

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ZENIT Staff

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