Secretario vaticano de Exteriores: La globalización no debe ser relativismo

«El encuentro entre las religiones no puede tener lugar renunciando a la verdad»

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CIUDAD DEL VAICANO, lunes, 8 octubre 2007 (ZENIT.org).- El arzobispo Dominique Mamberti, secretario de la Santa Sede para las Relaciones con los Estados, ha ofrecido la clave para evitar que la globalización se convierta en el fundamento sociológico que justifique el relativismo y el sincretismo.

Su propuesta fue leída en el congreso «Globalización y religión: desafíos para la política y la Iglesia», organizado por la embajada de la República Federal de Alemania ante la Santa Sede, en colaboración con al Academia Católica de Baviera del 4 al 5 de octubre en el aula magna de la Universidad Pontificia Gregoriana.

Si la técnica se pone en el centro de todo, si gobierna la integración de las economías o la revolución en las comunicaciones, entonces se puede llegar al sincretismo, pues a nivel técnico todo queda al mismo nivel, incluso las religiones, reconoció el arzobispo en una síntesis de su carta ofrecida por «Radio Vaticano».

De esta manera se puede acabar haciendo que todo sea relativo, incluida la verdad, añade en su misiva que fue presentada por monseñor Pietro Parolin, subsecretario para las Relaciones con los Estados, en ausencia de monseñor Mamberti, quien se encontraba de misión en la sede de las Naciones Unidas de Nueva York.

El representante del Papa subrayó que «si se acaba considerando que toda religión esencialmente equivale a las demás», entonces «toda religión, y en particular el cristianismo, que pretenda presentarse como la verdadera es considerada casi como un movimiento fanático y potencialmente fundamentalista».

En realidad siguió explicando el secretario para las Relaciones con los Estados, «el encuentro entre las religiones no puede tener lugar renunciando a la verdad, sólo es posible profundizando en ella».

«El relativismo no une. Y tampoco el puro pragmatismo». «La renuncia a la verdad y a la convicción no eleva al hombre y ni siquiera lo acerca a los demás, sino que le deja en manos del cálculo de lo útil y del egoísmo, privándole de su grandeza».

Monseñor Mamberti reconoció al mismo tiempo que «la globalización ha puesto en jaque a las sociedades cerradas por razones ideológicas, éticas, nacionalistas y culturales, y ha favorecido una apertura positiva a una ciudadanía universal».

El problema, por tanto, aclaró, no es la globalización en sí, sino sólo el riesgo de perder el carácter central del hombre y la trascendencia, que implicaría perder también el respeto por la libertad religiosa.

Por eso, monseñor Mamberti exigió que los sistemas jurídicos estén articulados a partir de la misma dignidad de todos los hombres, prescindiendo de su credo religioso, y que garanticen la igualdad entre hombres y mujeres.

«Esto es fundamental no sólo a nivel jurídico, sino también para elaborar modelos de sociedad capaces de afrontar de manera positiva la globalización, de beneficiarse de sus recursos y de convivir pacíficamente, tanto a nivel nacional como internacional», concluyó.

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ZENIT Staff

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