Abortando vidas viables

El parlamento británico lanza una investigación sobre el límite de edad

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ROMA, miércoles, 31 octubre 2007 (ZENIT.org).- Ha vuelto a estallar en Inglaterra el largo debate sobre los límites de edad a la hora de abortar.

La actual ley permite abortos hasta la vigésimo cuarta semana de embarazo, pero las mejoras en los índices de supervivencia de los bebés nacidos prematuramente han llevado a presiones para que dicho límite se rebaje.

La Ley del Aborto de 1967 ponía originariamente el límite en 28 semanas. Posteriormente, en 1990, el parlamento acordó rebajarlo hasta las 24.

El 15 de octubre el comité de ciencia y tecnología de la Cámara de los Comunes comenzaba una investigación sobre los límites de edad. La página web del comité indicaba que los términos de referencia para la investigación no incluyen cuestiones éticas o morales al debate, sino que se concretan en evidencias científicas y médicas sobre la viabilidad fetal.

El periódico Telegraph informaba el 15 de octubre sobre uno de los que respaldan la reducción del límite, el obstetra Stuart Campbell, quien fue pionero en los escáneres tridimensionales de los fetos que se chupaban el pulgar y andaban en el vientre de la madre.

Campbell solía llevar a cabo abortos a las 20 semanas, informaba el Telegraph. «Me sentí vivamente impresionado ante la idea de que abortamos bebés normales y la mayoría de ellos nacen vivos y destinados a morir», afirmaba durante un programa de radio en la BBC.

La página web del comité contiene varios cientos de páginas de las evidencias sometidas a estudio. Un documento del Departamento de Salud al comité proporcionaba información sobre los abortos en Inglaterra y Gales. En el 2006, hubo 193.700 abortos. De ellos, el 89% fueron llevados a cabo antes de decimotercera semana de embarazo.

De la cifra total, 2.948 abortos se realizaron en la vigésima semana o después. De estos, 1.262 se llevaron a cabo en la vigésimo segunda o después, y 136 en la vigésimo cuarta o después.

Oposición cristiana
La Christian Medical Fellowhip, una organización cristiana interconfesional de la que forman parte más de 4.500 médicos británicos, está a favor de la reducción. En su documento presentado al comité, subrayaban algunos elementos de preocupación relacionados con el aborto.

Para empezar, sostenían que la mortalidad materna tras el aborto es más alta de lo que actualmente se reconoce. Además, observaba la organización, existen claras evidencias de que el aborto inducido aumenta el riesgo de partos prematuros en los embarazos posteriores. Tales nacimientos prematuros no sólo causan mortalidad neonatal y discapacidades, sino que también implican significativos costes económicos.

Existen evidencias recientes y aplastantes de que el aborto causa índices significativos de graves problemas de salud mental, continuaba el documento. Algunos estudios han demostrado mayores niveles de depresión, tendencias suicidas, y problemas de abuso de drogas y alcohol entre las mujeres que se han sometido a un aborto.

La asociación pedía también al parlamento que reconsiderara las normas para abortar por razones de anormalidad fetal. El límite máximo para abortar a bebés discapacitados no debería ser mayor que el de los bebés normales.

Discapacitados
La cuestión e los bebés discapacitados que son abortados también fue planteada por la Clínica Lejeune para Niños con Síndrome de Down de Londres. En su documento presentado al comité parlamentario declararon que sólo en el 2005, se llevaron a cabo 429 abortos de bebés con síndrome de Down. La ley no pone límites de tiempo para abortar bebés que se consideren discapacitados.

La clínica comentaba también que, tras detectarse el síndrome de Down, algunas mujeres se sienten presionadas para que aborten sus bebés. De igual forma a muy pocas mujeres se les ofrece información de las ayudas disponibles para llevar a delante a un niño con el desorden cromosómico.

El documento mostraba que la mayoría de los niños con síndrome de Down son felices, sociables y gozan con la amistad. Cerca del 80% asisten a la escuela primaria normal, ya sea a tiempo completo o parcial, y casi todos se integran de forma amorosa en sus familias. Pueden ocurrir problemas de comportamiento, pero se pueden solventar, apuntaba la clínica.

En sus conclusiones, la clínica manifestaba: «Es difícil ver cómo la mayoría de los niños con síndrome de Down cumplen los criterios para ser abortados en base a una grave discapacidad intratable». De hecho, la mayoría sufren sólo de dificultades de aprendizaje moderadas y problemas físicos de salud tratables.

La Pro-life Alliance (PLA) también sometió un documento a la consideración del comité parlamentario. Comenzaba observando su oposición a cualquier forma de aborto intencionado, sea cual sea la edad del feto.

El beneficio de la duda
No obstante, dentro del contexto del actual debate, la PLA observaba: «Al menos se esperaría que hubiera consenso en el país contra el aborto de un bebé viable, con el beneficio de la duda siempre del lado del bebé».

Otro grupo pro vida, también opuesto cualquier forma de aborto, que presentó un documento fue la organización sin ánimo de lucro Comment on Reproductive Ethics (CORE). Las opiniones sobre el aborto varían ampliamente, observaba, pero hay una preocupación común sobre el aumento del índice de abortos en Gran Bretaña.

El documento de CORE pedía también mayor transparencia en los abortos. Actualmente el 97% de los abortos se justifican en base al apartado C de la Ley del Aborto, que agrupa como justificación tanto la salud médica como la psicológica de la madre. Sería mucho mejor, defendía CORE, que se separaran ambos casos puesto que son situaciones bastante diversas.

También pedía mayor transparencia para los abortos realizados en base a anormalidades fetales. El documento mencionaba el caso de un bebé abortado en el 2001 a los 7 meses por labio leporino, que causó una gran reacción pública.

Tras el clamor por este caso las estadísticas del gobierno se volvieron notablemente menos específicas a la hora de identificar los detalles de las anormalidades por las que se realizaban los abortos.

En Escocia también hay peticiones para cambiar la legislación del aborto, como mostraba un artículo del cardenal Keith O’Brien, arzobispo de San Andrés y Edimburgo, publicado por el periódico Scotsman el 6 de julio. El líder católico pedía al primer ministro Gordon Brown que revisara la legislación y asegurara así un mayor respeto por la vida humana.

Scotsman informaba que los últimos datos muestran que en Escocia se realizaron 13.081 abortos en el 2006, comparados con los 12.603 del año anterior – el cuarto aumento consecutivo anual.

«El aborto ni es un asunto político ni médico, aunque claramente tenga implicaciones en estas esferas», indicaba el cardenal. «Se trata de moralidad y de destrucción de vida humana».

El cardenal O’Brien consideraba a Brown «un hombre de principios y de profundas convicciones morales» y hacía referencia a sus esfuerzos por reducir la pobreza en las naciones en desarrollo. Pedía luego al primer ministro que respaldara la vida humana para aquellos que no han nacido.

«Lo que existe en el vientre materno no es ‘un ser humano en potencia’ sino ‘un ser humano con potencial’», sostenía el cardenal.

No es un derecho
Benedicto XVI también ha tenido duras palabras al hablar recientemente sobre la protección de la vida no nacida. Durante su viaje a Austria, se dirigió el 7 de septiembre a los miembros del gobierno y el cuerpo diplomático.

Durante su discurso, en la sala de recepciones de la Residencia Hofburg de Viena, el Pontífice recordó que Europa es el lugar donde la noción de derechos humanos fue formulada por primera vez.

«El derecho humano fundame
ntal, el presupuesto de todos los demás derechos, es el derecho a la vida misma», apuntaba el Pontífice. «En consecuencia, el aborto no puede ser un derecho humano; es exactamente lo opuesto». Benedicto XVI reconocía las dificultades que experimentan las mujeres al llevar adelante un embarazo difícil, pero, al mismo tiempo, expresaba su preocupación por los niños no nacidos que no tienen voz.

Pedía a los líderes políticos que lograran una sociedad que acogiera a los hijos y animase a las parejas jóvenes casadas a iniciar nuevas familias. Hacer esto, añadía el Papa, requiere crear «un clima de alegría y confianza en la vida, en el que los niños no sean considerados una carga, sino un don para todos».

Por el padre John Flynn, L. C.

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ZENIT Staff

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