Masiva peregrinación a pie del Pueblo de Dios de Zárate-Campana a Luján

“María nos enseña quien eres tú, Señor”

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ZÁRATE-CAMPANA, martes, 4 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Bajo el lema «María nos enseña quien eres tú, Señor», en consonancia con el lema que durante el año guió la «misión joven» en la diócesis («¿Quién eres Tú, Señor?») se realizó la trigésima peregrinación del Pueblo de Dios de Zárate-Campana al santuario de Nuestra Señora de Luján, con gran participación popular (según estimaciones de la policía departamental cerca de 15.000 personas) y con carácter interinstitucional.

«Según voluntarios que realizaron la peregrinación desde el inicio -informa a Zenit Mauricio Aracena, presbítero y portavoz de la diócesis–, ha sido la más concurrida en estos años. En las columnas de peregrinos a pie que salieron de las diversas ciudades se notó una importante participación de jóvenes, entre los cuales muchos que habían recibido a los ‘jóvenes misioneros’ en las distintas misiones de la diócesis».

Junto con sacerdotes y animadores laicos, diversas instituciones colaboraron al unísono para el apoyo logístico, protección, animación y contención de los peregrinos.

El seguimiento de los canales de televisión y las estaciones de radio fue constante, y asimismo la colaboración de algunos municipios con vehículos, médicos, ambulancias y difusión de lo atinente a la tradicional peregrinación popular.

Dos columnas principales salieron para unirse luego y atravesar el territorio diocesano. Desde la ciudad de Zárate, el 21 a las 16 y desde la ciudad de Campana a las 18, encontrándose en la «rotonda de las Acacias» a las 19, y de allí hasta Luján para llegar entre las 02 y las 06 horas. En el trayecto se sumaron las peregrinaciones de Baradero, Pilar, Exaltación de la Cruz, Belén de Escobar, Garín y San Antonio de Areco.

En esta peregrinación intervinieron las fuerzas vivas de todas las zonas que participan. Fue fundamental la asistencia de la Direccion de Culto de la provincia de Buenos Aires, en especial la ayuda de su director Enrique Moltoni y de Daniel Carlos Santoro. Así mismo la ayuda de los ministerios de Salud, Transporte, Seguridad, Infraestructura y las municipalidades de Campana y Zárate que brindaron todo su apoyo en la organización. En especial las departamentales de Zárate-Campana, Exaltación de la Cruz, Pilar y Mercedes, así como también la asistencia durante toda la peregrinación de la Vial de Zárate y de Luján.

También contribuyó a la buena marcha del evento la aportación de Defensa Civil, Bomberos Voluntarios, Prefectura Naval Argentina, Cruz Roja Argentina, y otras instituciones «que hicieron de la peregrinación una fiesta de fe y de amor a la Virgen», explica Aracena.

La peregrinación dio comienzo a las 16:00 desde la plaza Mitre de Zárate, donde monseñor Ariel Perez, cura párroco de Nuestra Señora del Carmen, bendijo a los peregrinos. A las 18:20 el obispo Óscar Sarlinga hizo lo propio desde la plaza E. Costa, de Campana, a la vez que dirigió unas palabras, transmitidas por la radio FM «Santa María» y televisión.

Por la noche monseñor Edgardo Galuppo, vicario general, bendijo a los peregrinos salidos desde Escobar. Al pasar ante la carcel 21 de Campana, dos presos alcanzaron una urna a los peregrinos con las intenciones de todos los internos, para que fueran llevadas hasta el santuario de Luján.

Otros grupos de peregrinos se fueron sumando a la marcha. Dada la afluencia mayor de lo esperado, el obispo celebró una misa a las 05.00 para quienes habían llegado más de madrugada y que partían, y luego presidió la misa central a las 06.00.

En su homilía, monseñor Sarlinga se refirió al Santuario de Luján como «alma del Pueblo Argentino» y a la Virgen como Aquélla que nos muestra a Jesús, que nos dice quién es y cómo lo tenemos que amar, y dejarnos amar por él.

Recordando el Año Paulino, dijo que Saulo, el perseguidor de la Iglesia tuvo un encuentro con Cristo Resucitado, quien lo eligió apóstol, haciéndole ver quién era, y a su pregunta «Quién eres tú, Señor», le mostró la plenitud de su humanidad y divinidad, y al mismo tiempo la continuidad de su Persona en su Cuerpo y Pueblo, que es la Iglesia, respondiéndole: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues». Saulo se transformó así en san Pablo, el Apóstol de las Gentes.

Dijo luego el obispo que hay dos actitudes fundamentales que nos hacen «ver» a Jesús en la Iglesia, y vivir como familia de Dios y como comunidad de fe. Son, dijo, «la gratuidad y la humildad».

La gratuidad la definió como «don» por pura gracia, como dice san Pablo, y acotó que «el no creernos que somos nosotros mismos los que hacemos todo, el saber recibir por gracia, el valorar la justa colaboración de nuestra naturaleza humana y nuestra libertad» es lo que nos hace vivir «en y desde la gratuidad del don». «Esto nos hace ver el poder de Dios» (cfr1 Cor 1,24), dijo, el cual, como nos enseña Benedicto XVI, «(…) es diferente del poder humano; revela de hecho su amor: ‘Porque la necedad divina es más divina es más sabida que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres’ (ivi v. 25)»(«El escándalo de la Cruz, sabiduría del cristiano», 29 de octubre de 2008).

Añadió que la sociedad actual tiene una profunda necesidad de redescubrir el valor de la gratuidad, porque en nuestro mundo parece triunfar una lógica planteada en función del lucro y la ganancia a toda costa.

De la humildad, dijo que se trata de «la verdad de la persona, conocedora de su límite y de su grandeza, que viene de la imagen de Dios». Añadió que, tantas veces, «el orgullo y la soberbia se ven alimentados por el miedo, el temor de ser atacado, como los animales cuando se defienden ante un presunto ataque».

Mencionó las letanías de la humildad, atribuidas al cardenal Merry del Val, al que definió «un hombre espiritual», y que rezan así: «Jesús manso y humilde de Corazón, -Óyeme. (Después de cada frase decir: Líbrame Jesús)/Del deseo de ser lisonjeado,/Del deseo de ser alabado,/Del deseo de ser honrado,/Del deseo de ser aplaudido,/Del deseo de ser preferido a otros,/Del deseo de ser consultado,/Del deseo de ser aceptado,/Del temor de ser humillado,/Del temor de ser despreciado,/Del temor de ser reprendido,/Del temor de ser calumniado,/Del temor de ser olvidado,/Del temor de ser puesto en ridículo,/Del temor de ser injuriado,/Del temor de ser juzgado con malicia (Después de cada frase decir: Jesús dame la gracia de desearlo)/Que otros sean más estimados que yo,/Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse,/Que otros sean alabados y de mí no se haga caso,/Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil,/Que otros sean preferidos a mí en todo,/Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda (cardenal Merry del Val, 1865-1930). El proceso de beatificación del cardenal español fue iniciado en 1953 (ver: http://www.zenit.org/article-14976?l=spanish).

Concluyó el obispo, pidiendo que esta peregrinación, que vino «como un río de vida», vuelva a las familias y a las comunidades como «ese mismo río de vida que retorna, fortalecido por el poder de Dios, y la intercesión de la Madre, Nuestra Señora de Luján, como una corriente de bendición para todos».

Por Nieves San Martín

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ZENIT Staff

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