Los silencios y las palabras que iluminan la vida de María

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Presentado en Roma un nuevo libro del cardenal Lajolo

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ROMA, jueves 14 de abril de 2011 (ZENIT.org). – Un libro de más de 200 páginas para contar las pocas palabras de María, o mejor como indica el título “Los silencios y las palabras”. Lo indicó ayer el cardenal Giovanni Lajolo, presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, en la presentación en Roma de su libro: “María. Silencios y palabras”.

“Si las de Jesús fueron siete palabras, las de María son cuatro, pero en un contexto más vasto en el que entra también su silencio”. Un libro que es por lo tanto un aporte “sobre la relación interpersonal en la vida de María”.

Intervinieron además del autor, monseñor Giuseppe Sicacca, auditor del Tribunal de la Rota Romana; el presidente emérito de la Agencia Nacional Italiana del Turismo  (ENIT por sus siglas en italiano) Gabriel Moretti y la profesora de literatura francesa en la Universidad italiana LUMSA, Benedetta Papásogli.

La presentación del volumen fue coordinada por la presidente de la Asociación Internacional de los Críticos Literarios: Neria de Giovanni, che recordó como “cada capitulo es abierto por unas cursivas con las palabras del Evangelio que el autor comenta”.

El cardenal, con mucha sencillez, comenta cómo tuvo la idea de escribir este libro, precisando que no se trata de una vida de María, ni de exégesis, ni de un tratado de mariología y tampoco de un libro de ascética. “Mariología sí –precisa el purpurado- pero no en el sentido de una teología elaborada sobre el misterio de esta mujer”.

“He intentado simplemente –indica- presentar estas palabras y silencios que manifiestan la relación de María con la persona con las cuales ella habla o comunica”.

Porque “a final de cuentas la relación interpersonal es la cosa más importante. Es verdad que está el ser, pero la felicidad no es lo que sabemos que somos, pero lo que nosotros somos, y esto aparece en las relaciones con las otras personas. Si estamos atentos nuestros silencios están llenos de relaciones personales, con los acontecimiento, con lo que tenemos que hacer, o evitar o lo que nos espera. Entonces ¿cuáles son estas relaciones? Y así me aventuré en este análisis”.

El cardenal indicó que sobre las palabras de María quiso contar con mucha simplicidad “lo que me decían a mi” recordando que “de las palabras de María y especialmente en el Magníficat aparece como ella es un alma toda embebida del Antiguo Testamento” y “todas sus las frases ordenadas por la meditación de la Escritura”.

“Porque considero –continuó- que cuando leemos un texto de literatura se puede profundizar. Pero en la Biblia la palabra se dirige a mi y yo tengo que buscar de entender, porque tengo que dar mi respuesta”.

El purpurado recordó que los cuatro momentos citados son la Anunciación, en donde “María inicia callando” para “responder como sierva del Señor, o sea como reina”. En el momento del Magnificat, la citación más larga en la que sus palabras son más que todas las otras juntas. El encontrar a Jesús en el Templo y su “¿Hijo, por qué nos has hecho ésto?”. Y en Caná cuando dijo “No tienen más vino”.

En cambio, añade: “los silencios son cuando se considera que estaba presente”, no por ejemplo en la última cena, en que Ella no estaba.

Y el libro indica tres tipos de silencio: el primero, impenetrable. Cuando María está encinta y la situación que se crea con san José. Si María decía que era obra del Espíritu Santo, san José habría pedido alguna prueba. Y lo dejó en la mayor angustia, porque “solamente Dios podía encontrar la solución a la dificultad en que había sido puesta”.

Después los silencios transparentes, obvios. María era una mujer normal, similar a nosotros excepto en el pecado. Por ejemplo con san José en el matrimonio virginal, que sin embargo siempre matrimonio era. Y tercero los silencios penetrantes, como cuando intentaba entender: después de las palabras de Simeón. Después de encontrarlo en el templo. O ¿qué misterio tenía con Jesús entre sus manos?

Y sobre “la interpretación coreográfica del Magnificat” como indicó Moretti, precisó: “Me vino así y así la escribí”. Y sobre la numeración (primero, segundo, tercero etc.) que el expresidente del ENIT consideraba que rompía la armonía del discurso dividiéndola en puntos los temas, su eminencia explica: “Fue un modo para tratar de entender mejor”.

“Nada de lo que escribo es un dogma. Lo he escrito porque me vino de manera espontánea mismo si después tuve que ordenarlo. Con simplicidad que no quiere ser doctrina, sino conocer a una persona en sus relaciones”. Y concluye: Palabras, más bien silencios, porque el misterio de María está envuelto en gran silencio. Porque es el Señor en medio de la noche que quiso descender entre su pueblo. Y sus palabras, porque María es la Madre del Verbo”.

Monseñor Sciacca indicó que la curiosidad y la admiración, junto al sentido de la sincera piedad fueron los sentimientos que lo acompañaron durante la lectura del libro.

“Estaba curioso y sorprendido – dijo – de que el cardenal Lajolo, un reconocido jurista, un canonista de la escuela de Munich y un consumado diplomático, y a cargo del más laico de los organismo que se relaciona con el Santo Padre en cuanto soberano temporal, hubiera escrito un libro de mariología”.

Volumen en el que “nos invita sobriamente pero de manera atrayente a compartir la mirada llena de estupor, de afecto y con las raíces de la Fe, que ha logrado poner sobre el alma de la Virgen, esforzándose en entender con intelecto amoroso los sentimientos de María, escuchando sus palabras y sus silencios”

Por su parte Benedetta Papásogli se concentró en los silencios “porque no es un caso que en el título está primero ‘silencios’ que ‘palabras’ “. Y recordó la tapa del volumen realizado por la Librería Editora Vaticana, que tiene “un icono de María meditativa que reflexiona intensamente todas estas cosas en su corazón” y que “la palabra meditar nace del griego y del hebreo, y etimológicamente significa tener en el corazón”.

Y concluyó que se trata de “admirar y contar, como aquellos personajes que están en los cuadros del pintor Fra Angélico” en los cuales hay una atmósfera positiva, una luminosidad, una medicina “de la que todos necesitamos un poco”.

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ZENIT Staff

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