Davos 2001: Globalización y manifestantes

La última reunión de los líderes políticos y de la economía en la ciudad
suiza de Davos finalizó el pasado martes. El acontecimiento atrajo
vehementes protestas de los grupos contrarios a la globalización, incluyendo
una cumbre paralela celebrada en Brasil.

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El «Foro Económico Mundial», nombre formal de la cumbre, fue fundado en 1971
por Klaus Schwab con el fin de reunir a un grupo de expertos del mundo de la
empresa, la política y el pensamiento económico. El foro ha ido ganando
importancia y ahora se le mira como un símbolo de la economía global. Su
función fundamental es ofrecer un punto de encuentro para escuchar a
expertos e intercambiar puntos de vista.

Protestas contra Davos

Algunos consideran el Foro como una fuerza maligna. Por ejemplo, un artículo
publicado por el «Forum News Daily» (26 enero), un sitio en Internet creado
por la «Earth Times Foundation», indicaba que las Organizaciones No
Gubernamentales (ONGs) acusan al Foro Económico Mundial de ser un club
corporativo cerrado que, en secreto, pone a punto una agenda global que
perjudica al medio ambiente y al mundo en vías de desarrollo.

Para Peter Bossahard, de la «Declaración de Berna», una ONG con sede en
Suiza, «El Foro ofrece un ambiente exclusivo de club con el fin de debatir y
negociar entre quienes forman la élite política y económica del mundo, con
el fin de establecer la agenda de acuerdos comerciales a nivel
internacional. No cumple una función que se pueda llamar legítima. Ya ha
pasado el tiempo de las élites privadas».

En un esfuerzo por aplacar a la oposición, los organizadores del Foro de
este año invitaron a más líderes de ONGs y les incluyeron como participantes
en algunas de las sesiones más importantes. De los aproximadamente tres mil
participantes, 58 procedían de sindicatos, organizaciones filantrópicas u
otras ONGs. Está por encima de los 45 del año pasado.

Como advertía el «Wall Street Journal» (22 enero), una coalición de grupos
de protesta se había propuesto interrumpir el Foro. El año pasado unas mil
personas trataron de pasar los controles de las autoridades suizas para
limitar el acceso a Davos. Tras el aumento de la violencia del movimiento
antiglobalización, esta vez las autoridades suizas prohibieron las
manifestaciones.

El día crucial de las protestas fue el sábado pasado. Aunque la policía
evitó que la mayoría de los manifestantes llegaran al mismo Davos, los
disturbios se trasladaron a otras ciudades, especialmente Zurich, debido a
que los grupos radicales expresaron su frustración por el hecho de que no se
les hubiera permitido llegar a Davos. Según Reuters (27 enero), cuatro
coches fueron incendiados durante las protestas de más de mil manifestantes
en Zurich. En el propio Davos, varios cientos de manifestantes desafiaron la
prohibición de las protestas. Sin embargo, tuvieron que hacer frente a una
enorme fuerza antidisturbios que bloqueó las calles.

Las tácticas usadas por las autoridades fueron criticadas por algunas de las
ONGs invitadas a tomar parte en el Foro. «Davos se ha convertido en una
fortaleza con consecuencias poco favorables para el futuro del diálogo
global», dijeron varios de los grupos en una declaración. Claude Smadja,
directivo del Foro, defendió la dura respuesta. «Ellos decidieron violar la
prohibición. Tienen que asumir las consecuencias», explicó.

Críticas a la globalización

La reunión del Foro Económico Mundial ha renovado en los medios de
comunicación, junto con numerosos sitios en Internet creados para hacer un
seguimiento de Davos, el debate sobre la globalización. El presidente
tanzano, Benjamin Mkapa, dijo a los líderes que la brecha de riqueza entre
países ricos y pobres se estaba ampliando. Según Reuters (26 enero), Mkapa
declaró que «sólo se puede llegar a un mayor apoyo a la globalización y a
una menor reglamentación si tenemos algo que ofrecer a nuestro pueblo en
términos de restituciones y compensaciones concretas».

El ministro de Finanzas de India, Yashwant Sinha, declaró que los beneficios
teóricos de la globalización eran obvios, pero que el actual sistema era
injusto por una serie de razones. Un ejemplo de esta injusticia lo dio el
ministro de Agricultura de Brasil, Marcus Vinicius Pratini de Moraes, que
hizo un alegato en favor de la liberalización del comercio agrícola mundial.
Dijo que Brasil no puede competir con los subsidios, mil millones de dólares
al día, que concede el grupo de países formado por Estados Unidos, Unión
Europea y Japón a los productores agrícolas de estos países protegidos.

En un artículo publicado en el sitio de Internet «eCountries» (26 enero),
Rachel Holmes indicaba que el crecimiento económico de Latinoamérica no ha
sido lo suficientemente rápido para cubrir la brecha entre ricos y pobres.
Muchos países de esta región geográfica se embarcaron en reformas económicas
en los años 90, en la línea de privatizar, liberalizar y controlar la
inflación. Como efecto, los índices de crecimiento se elevaron, llegando a
una tasa anual del 3,2% de media en la región. La tasa era del 1,6% en la
«década perdida» de los años 80. Pero incluso donde estas medidas de reforma
económica han tenido más éxito, subraya Holmes, las desigualdades sociales
no han disminuido significativamente.

Durante su discurso al Foro Económico Mundial, el nuevo presidente de
México, Vicente Fox, pidió el final de un mundo en el que 1.200 millones de
personas viven con menos de un dólar al día, y donde la brecha entre ricos y
pobres sigue aumentando. Según el «Financial Times» (27 enero), Fox dejó
claro su punto de vista indicando que el proceso de globalización crea
peligros que deben ser enderezados.

El presidente Thabo Mbeki, de Sudáfrica, pidió un cambio en las relaciones
de Africa con Occidente. El «Wall Street Journal» (29 enero) indicaba que
Mbeki, junto con el presidente nigeriano Olusegun Obsanjo, hizo un
llamamiento para que se dé mayor voz al continente en sus asuntos económicos
con el resto del mundo.

Aunque la inversión extranjera en la región subsahariana aumentó un 17% en
los años 90, más recientemente los banqueros están reduciendo el flujo de
fondos, alejados por la extensión de la guerra, las enfermedades y lo que
ven como escasa calidad de la gestión política y económica.

Pero en Africa, según Marina Ottaway, una experta del «Carnegie Endowment
for International Peace», gran parte de la población achaca a la comunidad
internacional el hecho de «que pide demasiado, ofrece muy poco y no deja de
hacer críticas».

El plan de Mbeki, llamado «Programa de Renacimiento Africano del Milenio»,
será dado a conocer en su totalidad y respaldado por el Organización para la equilibrio de los acuerdos con las agencias multilaterales, tales como el
Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, en las que predominan los
intereses estadounidenses y europeos. El plan pide una fuerte inversión pero
aceptando las condiciones puestas por los africanos.

En defensa de la globalización

En una entrevista publicada en el sitio de Internet de «Newsweek» (26
enero), Klaus Schwab admitía que es necesario «mirar hacia las divisiones
entre los que tienen y los que no tienen, y ver qué se puede hacer para que
la globalización sea más compatible con las expectativas de amplios sectores
de la población mundial que sienten que no se están beneficiando de la
misma». Sin embargo, se mostró crítico con la violencia de algunos
manifestantes que son «anarquistas y grupos políticos marginales opuestos de
cualquier modo a la economía de mercado en general».

Al principio de la reunión, el «Financial Times» (24 enero) defendió la
globalización, indicando que es el resultado de dos fuerzas distintas:
la
reducción del coste de transporte y comunicaciones, por una parte, y la
liberalización de las barreras para la circulación de bienes, servicios,
capitales y trabajadores.

Los Gobiernos han optado por integrar, afirmaba el «Financial Times»,
«porque la experiencia ha demostrado que la autosuficiencia es el camino
seguro para el empobrecimiento». El diario económico insistía en que la
globalización «es una oportunidad, no una amenaza».

Ciertamente la globalización tiene sus beneficios. «Business Week» (5
febrero) indicaba que los cultivadores de rosas en Ecuador ahora exportan
1.400 millones de flores al año. Sin embargo, adolece de serios defectos,
como atestiguan las opiniones citadas. Hace falta un serio debate sobre lo
que se debe hacer para mejorar la situación de los países pobres, algo a lo
que no ayuda la violencia de las protestas anárquicas.
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Contenido provisto por SEMANA INTERNACIONAL
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ZENIT Staff

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