La contribución de los misioneros acaba con la epidemia de Ébola en Uganda

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Dos religiosas dieron su vida para atender a los enfermos

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KAMPALA, 8 feb 2001 (ZENIT.org).- Buenas noticias para Uganda, donde la letal epidemia del virus de Ébola, estallada en Gulu, al norte del país, ha sido prácticamente eliminada.

La noticia a sido confirmada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuyos agentes en el país han añadido que el anuncio se hará oficial el 28 de febrero, cuando hayan transcurrido los 42 días previstos por los procedimientos sanitarios.

Según la OMS, desde el mes de octubre pasado, el virus de Ébola, ha segado 169 vidas humanas. Entre ellas se encuentran Pierina Asienzo y Dorothy Akweyo, dos religiosas ugandesas de las Pequeñas Hermanas de María Inmaculada que fueron contagiadas mientras atendían a los enfermos a pesar de que eran perfectamente conscientes del peligro que corrían. Murieron el mes de noviembre pasado.

Mientras tanto, en las zonas flageladas por el terrible virus, la vida vuelve a la normalidad. El padre Cosimo De Iaco, misionero comboniano y párraoco de Holy Rosary en Gulu, ha explicado a la agencia misionera Misna (http://www.misna.org) que las escuelas ha vuelto a funcionar y que la gente ha vuelto a darse la mano, un gesto que había sido prohibido por las autoridades sanitarias en el período más grave y que ahora es signo de que el miedo ha pasado.

En la lucha contra el vurus y en la atención a los enfermos, ha desempañado un papel decisivo el hospital St. Mary de Lachor, dirigido por los misioneros combonianos. Han muerto también algunas de las enfermeras que ayudan a los misioneros en el centro sanitario.

El virus de Ébola se transmite de una persona muy enferma a una sana a través del contacto directo. Puede también contagiarse mediante el contacto sexual. La enfermedad aparece repentinamente y progresa con rapidez hacia la postración, la deshidratación y la muerte. Entre la aparición de los síntomas y la muerte o la mejoría transcurren aproximadamente 7 ó 10 días. La tasa de mortalidad oscila entre el 60 y el 88 %.

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ZENIT Staff

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