El Papa recuerda los 20 años del reconocimiento de Comunión y Liberación

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Carisma del movimiento: el cristianismo no es doctrina; es un «encuentro»

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CIUDAD DEL VATICANO, 12 febrero 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha celebrado los veinte años del reconocimiento pontificio de la Fraternidad de «Comunión y Liberación» enviando una carta a su fundador, monseñor Luigi Giussani, hecha pública por el Vaticano este martes.

Comunión y Liberación (CL) es un movimiento eclesial, cuyos orígenes se remontan a 1954. Comenzó en la ciudad de Milán y, tras difundirse rápidamente por toda Italia, hoy está presente en cerca de setenta países en todos los continentes. Cuarenta y cinco mil personas se inspiran en su espiritualidad.

CL se autodefine como un movimiento ante todo porque no se configura como una nueva organización o estructura (no hay ficha de inscripción), ni se centra específicamente en ningún aspecto o práctica particular de la vida de la fe.

Tiene un carisma que Giussani explica en la página oficial [http://www.comunione-liberazione.org ] con dos elementos esenciales: «ante todo el anuncio de que Dios se ha hecho hombre, compañía histórica en nuestro caminar de hombres».

«En segundo lugar –añade–, la afirmación de que Jesús de Nazaret está presente en un signo de concordia, de comunión, de comunidad, de unidad: la Iglesia, su cuerpo misterioso».

Juan Pablo II, en su mensaje, recuerda cómo el fundador de CL llegó a esta visión, escuchando «las necesidades del hombre de hoy».

«El hombre no deja nunca de buscar –explica–: cuando está marcado por el drama de la violencia, de la soledad, y de la insignificancia, y cuando vive en la serenidad y en la alegría, sigue buscando. La única respuesta que puede satisfacerle, aplacando esta búsqueda, le viene del encuentro con Aquel que es el manantial de su ser y de su obrar».

Por eso, explica, CL no «indica un camino, sino el camino para llegar a la solución de este drama existencial». Este Camino, es Cristo. Y «el descubrimiento de este camino –aclara el pontífice– tiene lugar normalmente gracias a la mediacion de otros seres humanos».

Los creyentes, por tanto, explica, «están llamados a hacerse eco del acontecimiento de Cristo, a convertirse ellos mismos en «acontecimiento»».

De este modo, «El cristianismo, antes de ser un conjunto de doctrinas o una regla para la salvación es, por tanto, el «acontecimiento» de un encuentro».

Este mensaje, que el Papa recoge en su carta, era la propuesta que el padre Giussani transmitía a los jóvenes de Milán hace ya más de cuarenta años. Algunos de ellos son hoy auténticos protagonistas de la Iglesia católica, como el arzobispo Angelo Scola, recién nombrado patriarca de Venecia.

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ZENIT Staff

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