El Vaticano pide en la ONU el efectivo respeto de la libertad religiosa

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«Piedra de toque de la observancia de los derechos fundamentales»

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NUEVA YORK, 11 noviembre 2002 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha hecho un llamamiento a la comunidad internacional a favor de todas las comunidades religiosas perseguidas, independientemente de cuál su credo, y ha condenado con firmeza todo recurso a la violencia en nombre de la religión.

El llamamiento fue presentado por el arzobispo Renato Martino al intervenir este viernes ante el comité del la sesión de la asamblea general reunida en Nueva York para afrontar la cuestión de los derechos humanos.

Tras felicitar públicamente al brasileño Sergio Vieira de Mello por su nombramiento como Alto Comisionado para los Derechos Humanos, en sustitución de la irlandesa Mary Robinson, el nuevo presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz aseguró que «entre las libertades fundamentales que la Iglesia debe defender, en primer lugar se encuentra la libertad religiosa».

«El derecho a la vida, el derecho a la libertad de religión o de creencias y el respeto de la herencia religiosa y cultural son las premisas básicas de la existencia humana», aseguró.

«El derecho a la libertad religiosa está íntimamente ligado a otros derechos fundamentales de modo que se puede decir que el respeto de la libertad religiosa es la piedra de toque de la observancia de los demás derechos fundamentales», aseguró el arzobispo Martino.

Tras denunciar que se registran en muchas partes del mundo «políticas discriminatorias o intolerantes hacia las minorías en los Estados que tienen una religión oficial», reconoció que en estos momentos la Santa Sede está preocupada por la persecución que se da en muchos países a causa de la combinación de motivos «étnicos» y «religiosos».

Por último, el prelado expuso la convicción de la Iglesia católica, que considera «el recurso a la violencia, en el nombre de las creencias religiosas, es una perversión de todas las enseñanzas de las religiones más importantes».

«La violencia nunca puede remitirse a una justificación religiosa, ni puede fomentar el crecimiento del auténtico sentido religioso», insistió.

«Las diferencias entre tradiciones religiosas debe ser aceptada, respetada y tolerada –aseguró–. La fe debe ser practicada en el respeto de las demás tradiciones religiosas. La tolerancia religiosa debe basarse en la convicción de que Dios desea ser adorado por personas libres».

El representante de la Santa Sede concluyó lanzando un llamamiento para que toda persona se encamine «por la senda que lleva a la paz, a la tolerancia y el entendimiento. No es posible dejar de oír este llamamiento y no es posible dejar de aceptar su invitación».

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ZENIT Staff

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