Mujer y niños, perjudicados por la introducción del divorcio vincular; alertan obispos de Chile

«El matrimonio para toda la vida seguirá siendo un bien para Chile», aseguran

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SANTIAGO DE CHILE, miércoles, 31 marzo 2004 (ZENIT.org).- El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile ha reiterado recientemente su convicción de que el divorcio vincular, sobre todo el divorcio unilateral por abandono, lejos de fortalecer a la familia termina perjudicando a sus miembros más débiles.

Así se desprende de una declaración del Comité Permanente del episcopado chileno del pasado 17 de marzo, difundida con ocasión de la reciente aprobación por parte del Congreso nacional de la nueva Ley de Matrimonio Civil que, junto con algunos avances, incluye sin embargo el divorcio vincular.

«Era necesaria una nueva ley de matrimonio civil para mejorar la legislación anterior y para aliviar y ayudar a los hermanos y hermanas cuyos matrimonios se han quebrado, y que necesitan nuestra acogida y acompañamiento», reconocen los obispos chilenos en el documento.

Pero los prelados, que «desde que se inició el debate político y legislativo» propusieron al país la enseñanza de Jesús «a favor del matrimonio indisoluble», alertan de los efectos negativos del divorcio vincular.

«A la luz del conocimiento que la fe, la razón y la experiencia nos entregan, tenemos la firme convicción de que el divorcio vincular –sobre todo, el divorcio unilateral, por abandono– lejos de fortalecer a la familia, termina perjudicando habitualmente a sus miembros más débiles, particularmente a las mujeres y los hijos», advierten.

Y es que, de acuerdo con los prelados, «erosiona la estructura familiar quien olvida que el bien de la indisolubilidad es el bien del matrimonio mismo».

«Conscientes del bien que representa para la sociedad entera –para las familias, y especialmente para los niños, los jóvenes y las mujeres– el matrimonio para toda la vida, más que nunca pondremos todo nuestro empeño pastoral en fortalecer los fundamentos de los matrimonios chilenos», anuncian en el documento.

Igualmente los obispos chilenos expresan su intención de «entregar más adelante una palabra de esperanza sobre el evangelio de la familia, que nos ayude a responder a los desafíos que plantea esta ley».

«Nuestro compromiso permanente será alentar e inspirar a los jóvenes de edad y de espíritu a realizar su sueño de entrega y fidelidad», concluyen. «El matrimonio para toda la vida de innumerables jóvenes y adultos seguirá siendo un bien para Chile».

Tras presentar el documento a la prensa, el vicepresidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Gonzalo Duarte –obispo de Valparaíso–, aludió a la actitud asumida por los parlamentarios católicos, y afirmó que no es primera vez en la historia chilena que personajes de la vida pública que se declaran católicos no siguen la postura del Magisterio eclesial.

En todo caso, aclaró que la posición de la Iglesia no es condenar y que su voluntad es seguir dialogando sobre los temas importantes para el bien del país.

Monseñor Duarte sostuvo que detrás de cada separación hay un dolor tremendo y la Iglesia acompaña a las personas en su sufrimiento y en su soledad. «La actitud nuestra no puede ser de descalificación ni de condena, sino de acompañamiento», recalcó recordando que la pastoral de la Iglesia incorpora esta prioridad en su servicio.

El vicepresidente del episcopado del país añadió que la familia chilena necesita ser muy apoyada en diversos ámbitos para enfrentar las distintas presiones que está recibiendo. Mencionó, entre varios desafíos, los problemas habitacionales, las extensas jornadas laborales y el trabajo dominical.

También confirmó que la Iglesia ha pedido que se acelere la tramitación de los tribunales de familia, porque tanto la Iglesia como el Estado deben buscar instancias para ayudar a la superación de las crisis conyugales.

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ZENIT Staff

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