Una radiografía de los musulmanes en Europa

Entrevista al profesor José Morales

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PAMPLONA, 6 de noviembre de 2005 (ZENIT.org).- El profesor de teología José Morales, de la Universidad de Navarra, acaba de hacer una radiografía sobre los musulmanes en Europa donde explora la «revolución silenciosa» que está viviendo el viejo continente con la nueva presencia del Islam.

Morales constata, entre otras cosas, que los musulmanes «saben poco del cristianismo» y señala que «tienen razón cuando dicen que los cristianos tenemos fe débil en este momento histórico».

El profesor trabaja en temas de Teología dogmática y espiritual y ha escrito, entre otros «El valor distinto de las religiones» (2003) y «Teología de las religiones» (2001).

Su nuevo libro, «Musulmanes en Europa», acaba de ser editado por EUNSA.

–Europeos, y en particular, españoles «no creen viable ni posible una relación sincera entre musulmanes y occidentales». Esta afirmación es fuerte… ¿nos la completa?

Morales: Hablo en términos generales, que admiten excepciones. Los musulmanes son percibidos en España como personas que pertenecen a otro mundo cultural y que tienen una sensibilidad distinta a la nuestra en asuntos importantes para la organización de la vida y para la convivencia.

Cuando digo «relación sincera» me refiero a una relación personal de cierta hondura y a una comunidad de «horizonte existencial». Los musulmanes se suelen integrar en la sociedad general de nuestro país. Porque los españoles somos más bien directos y comunicativos en el trato.

Muchos españoles tenemos excelentes amigos musulmanes, con gran capacidad de fidelidad y verdadero afecto. Además necesitan integrarse por motivos de trabajo, seguros sociales, atención médica, vivienda, escuela para los hijos, etc. Pero no suelen asimilarse, es decir, no suelen hacerse parte vital y activa de la sociedad española. Cabe integrarse pragmáticamente y vivir sin embargo en un gueto.

–¿Ve al Islam europeo más dinámico y abierto que el Islam en los países de origen?

–Morales: Es pronto para decirlo. Es un proceso que está teniendo lugar y no podemos saber ahora cómo evolucionará.

Lo cierto es que el Islam europeo es actualmente un mosaico de actitudes, corrientes, grupos y sectas que tratan de adquirir poder e influencia sobre los musulmanes que viven en el continente.

De momento no hay signos que hagan pensar en un Islam europeo más dinámico y abierto que el de los países originarios. Habrá sin duda individuos más abiertos pero con poca repercusión sobre el colectivo islámico, que obedece a otras leyes sociológicas más rígidas y que evoluciona con increíble lentitud.

–Usted alude a un número significativo de personas que se convierten al Islam en Europa. ¿Cuáles son las causas de esta fascinación por el Islam?

Morales: Creo que no digo en ningún momento que el número de «conversiones» de europeos al Islam sea significativo. Más bien trato de quitar importancia al fenómeno de esas adhesiones más o menos formales al Islam y digo que es un hecho trivial, que se exagera considerablemente por motivos interesados e ideológicos. Es un fenómeno marginal de quita y pon, debido en gran medida a la crisis de la Iglesia en Europa. Creo que los dos capítulos del libro dedicados al asunto lo explican razonablemente bien.

–Los musulmanes critican a los cristianos por tener una fe «débil». ¿Cree que esto va a hacer que los creyentes cristianos se espabilen?

Morales: Los musulmanes saben poco del cristianismo, como suelen saber poco de su propia religión, con algunas honrosas excepciones. Tienen razón sin duda cuando dicen que los cristianos tenemos fe débil en este momento histórico. No creo sin embargo que nos espabilemos por los consejos que nos den los musulmanes o por las apreciaciones que hagan sobre los cristianos.

Nos ven por lo general con resentimiento porque pertenecemos a la civilización que les domina económica y políticamente.

Es posible desde luego que al contacto con el Islam muchos cristianos puedan aumentar su sentido de identidad evangélica y darse cuenta que son los depositarios de una revelación que no la ha imaginado un hombre.

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ZENIT Staff

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