ROMA, viernes, 10 febrero 2006 (ZENIT.org).- Convencido de que en el padre Andrea Santoro se dan los elementos constitutivos del martirio, el cardenal Camillo Ruini (obispo vicario del Papa para la diócesis de Roma) ha anunciado su intención de abrir el proceso de beatificación y canonización del sacerdote asesinado el domingo en Turquía.

Con un cerrado aplauso acogieron los miles de fieles que llenaron la mañana de este viernes la Basílica romana de San Juan de Letrán la noticia, que el purpurado incluyó en su homilía durante los funerales que presidió por el sacerdote de la diócesis.

Según la normativa canónica, si no se da una disposición particular del Papa, para que comience el proceso de beatificación habrá que esperar cinco años.

Fuertes aplausos recibió igualmente el testimonio que el cardenal Ruini compartió con los asistentes, recordando profundamente emocionado «las palabras pronunciadas por su madre, Maria Polselli, viuda de Santoro: “La madre de Don Andrea perdona de todo corazón a la persona que se armó para matar a su hijo y experimenta una gran pena por él, porque también es un hijo del único Dios, que es amor”».

El cardenal Ruini hizo un recorrido por la trayectoria sacerdotal del sacerdote hasta su vocación específica de marchar a Turquía, confirmada por la «afectuosa insistencia del entonces Vicario Apostólico de Anatolia», «quien le quería como sacerdote “fidei donum”, don de la fe, enviado por Roma a hacer presente a Cristo en aquellas tierras donde la fe cristiana había echado al comienzo robustas y fecundas raíces».

«Óptimo párroco» en Roma y «lleno de iniciativas», el padre Santoro inició en el año 2000 su estancia en Turquía, primero en Urfa, posteriormente en Trabzon, donde «con gozo y confianza continuaba orando e intentando hacer el bien, en el respeto de las leyes locales, hasta el domingo pasado», recordó el purpurado.

El cardenal Ruini consideró innecesario entrar en detalles en ese momento sobre el asesinato del padre Santoro, pero subrayó: «Debemos rechazar con indignación las acusaciones e insinuaciones absurdas y calumniosas respecto a medios no lícitos para obtener conversiones, excluidas de raíz por su rigurosa conciencia de cristiano y de sacerdote».

Sesenta años de edad, 35 como sacerdote: «el padre Andrea se tomó tremendamente en serio a Jesucristo» «e intentó con todas sus fuerzas moverse siempre y rigurosamente en la lógica de Cristo», siendo «inseparablemente hombre de fe y testigo del amor cristiano», recordó el purpurado.

Se guiaba por una «sencilla convicción --reveló--: Jesucristo ha dado su vida en la cruz y por lo tanto un discípulo de Cristo, y más un sacerdote, debe a su vez amar a todos y gastarse por todos, sin distinción».

Estos rasgos permiten comprender con mayor profundidad --aclaró el cardenal Ruini-- la elección del sacerdote de trasladarse a Turquía; de todas formas, «hombre de inteligencia penetrante», el padre Santoro «sabía bien que en esa tierra y entre esas poblaciones su impulso apostólico tendría que aceptar muchísimas limitaciones, y de hecho, serenamente, las había aceptado e interiorizado».

«Estaba convencido de que una presencia de oración y de testimonio de vida hablaría por sí sola, sería signo eficaz de Jesucristo y fermento de amor y reconciliación», recalcó.

Y admitió que el padre Santoro tenía «valor cristiano, ese típico valor del que los mártires han dado prueba, a través de los siglos, en innumerables ocasiones», y que «tiene su raíz en la unión con Jesucristo, en la fuerza que viene de Él, de forma tan misteriosa como verdadera y concreta».

«De un valor similar tenemos necesidad cada uno de nosotros para afrontar, como cristianos, el camino de la vida», y «lo necesitamos todos en conjunto si queremos, en la actual situación histórica, afirmar el derecho a la libertad de religión, madre de toda libertad, como válido en concreto en todas partes del mundo, verdaderamente sin discriminaciones», reconoció.

Subrayó que el «valor cristiano» «no es para golpear, sino para amar y para construir, en concreto para construir la comprensión, la amistad y la paz allí donde con demasiada frecuencia reinan la intolerancia, el desprecio y el odio».

«Que el Señor (...) permita que el sacrificio de su vida contribuya a la causa del diálogo entre las religiones y de la paz entre los pueblos», expresaba Benedicto XVI el pasado miércoles (Cf. Zenit, 8 enero 2006). «Éste era ciertamente el ánimo con el que el padre Andrea fue a vivir a Turquía y éste es el sentido que él intentaba dar a su eventual muerte violenta y prematura», explicó el cardenal Ruini.

«Respetaremos plenamente, en el proceso de beatificación y canonización que tengo intención de abrir, todas las leyes y los tiempos de la Iglesia, pero desde ahora estoy interiormente persuadido de que en el sacrificio del padre Andrea concurren todos los elementos constitutivos del martirio cristiano», concluyó obispo vicario del Papa para la diócesis de Roma.

El presunto autor del asesinato del sacerdote católico confesó que le impulsó el odio suscitado por las viñetas de Mahoma publicadas en prensa occidental, las cuales han levantado en los últimos días violentas protestas en varios países musulmanes.