CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 27 enero 2006 (ZENIT.org).- Benedicto XVI explicó este lunes, al dirigirse a los participantes en un congreso sobre el embrión humano, que el amor de Dios por todo hombre y mujer no depende de su edad, motivo por el cual la Iglesia defiende su carácter inviolable desde su concepción.

«El amor de Dios no hace distinciones entre el ser humano recién concebido y que se encuentra en el seno materno, y el niño, o el joven, o el hombre maduro o el anciano, porque en cada uno de ellos ve la huella de la propia imagen y semejanza», afirmó el Papa.

Escucharon sus palabras los 350 científicos, médicos, bioéticos, teólogos, que participan en el congreso internacional convocado entre este lunes y martes en el Vaticano por la Academia Pontificia para la Vida sobre el argumento «El embrión humano antes de la implantación».

«Este amor sin confines y casi incomprensible de Dios por el hombre --siguió diciendo-- muestra hasta qué punto la persona humana es digna de ser amada por sí misma, independientemente de cualquier otra consideración --inteligencia, belleza, salud, juventud, integridad, etc.--».

«En definitiva, la vida humana siempre es un bien, pues es manifestación de Dios en el mundo, signo de su presencia, resplandor de su gloria», afirmó en el encuentro, que tuvo lugar en la Sala Clementina del Vaticano.

«Al hombre, de hecho, se le da una altísima dignidad, que hunde sus raíces en el íntimo lazo que le une con su Creador: en el hombre, en todo hombre, en cualquier fase o condición de su vida, resplandece el reflejo de la misma realidad de Dios».

«Por este motivo, el Magisterio de la Iglesia ha proclamado constantemente el carácter sagrado e inviolable de toda vida humana, desde su concepción hasta su fin natural», indicó citando la encíclica «Evangelium vitae», de Juan Pablo II.

«Este juicio moral es válido ya desde los inicios de la vida de un embrión, incluso antes de que sea implantado en el seno materno, que le custodiará y alimentará durante nueve meses hasta el momento del nacimiento».

El Papa invitó por último a los científicos y expertos a cultivar una actitud de «asombro» y «respeto» ante el misterio del origen de la vida humana, «misterio cuyo significado la ciencia será capaz de iluminar cada vez más, aunque difícilmente logre descifrarlo completamente».

«Hemos mejorado enormemente nuestros conocimientos e identificado mejor los límites de nuestra ignorancia, pero para la inteligencia humana parece que se ha hecho demasiado difícil darse cuenta de que, al contemplar la creación, se ve la huella del Creador».

«En realidad, quien ama la verdad», afirmó, «debería percibir que la investigación sobre temas tan profundos nos da pone en condición de ver y casi de tocar la mano de Dios».

«Más allá de los límites del método experimental --concluyó--, en el confín del reino que algunos llaman meta-análisis, donde no es suficiente o no es posible la percepción sensorial, ni la verificación científica, inicia la aventura de la trascendencia, el compromiso de "avanzar más allá”».

Más información sobre el congreso en http://www.academiavita.org