En una conferencia que tuvo lugar el pasado martes en la iglesia de San Joaquín en Roma, Vanier afirmó que «la diferencia es un tesoro» y que «entrar en comunión con el pobre nos cambia, nos transforma, nos hace más humanos y es un camino de conocimiento de Dios».

El fundador del Arca, que ha dedicado su vida a la asistencia a las personas con minusvalía psíquica, observó que «el mundo humano es un mundo de conflictos, guerras, divisiones, dominado por la incapacidad de encontrarse».

Cada uno de nosotros, explicó, construye muros porque «tenemos miedo los unos de los otros».
Nuestros miedos son muchos, recordó: «Miedo de la muerte, de desaparecer, de ser rechazados, de no ser amados, de no tener éxito, de sentirnos culpables, del caos dentro de sí».

El miedo de mostrar nuestra vulnerabilidad nos lleva a escondernos porque no se quiere hacer ver a los demás la propia pobreza interior: al dejar que vean nuestra «pobreza» y que toquen «nuestra vulnerabilidad profunda», tememos miedo de ser abandonados.

«¿Cómo podemos llegar a ser más humanos? ¿Cómo se pueden derribar los muros que cada uno crea? ¿Cómo se puede superar el miedo a ser rechazados? ¿Cómo podemos ser nosotros mismos, aceptando lo que somos con nuestra fragilidad», se preguntó Jean Vanier.

«Somos todos seres humanos, somos todos personas», respondió. «Cualesquiera que sean nuestras capacidades o incapacidades, nuestra cultura o nuestra religión, nuestra etnia, somos todos personas únicas, preciosas, con un valor profundo».

«Somos todos capaces de recibir a Dios, cualesquiera que sean nuestras pobrezas, aparentes o no aparentes».

Lo que cuenta, por tanto, es dejar caer los muros para poder entrar en relación los unos con los otros, para poder revelar a los demás que son mucho más bellos de lo que piensan.

Amar a alguien no quiere decir «poseerlo, controlarlo, no es sólo una realidad emotiva, no es obligatoriamente hacer algo por los otros». «Amar a alguien es revelar al otro su belleza, es revelar al otro que es una persona, que es importante, que puede hacer cosas hermosas con su vida».

El amor, precisó, no debe ser sólo emotivo. Hay que amar a las personas «con inteligencia para ayudarlas a levantarse de nuevo», «querer ir más allá de los muros, a través de los muros», «revelar a quienes han sido aplastados que tienen un valor».

«Lo que quiero transmitir antes de morir es que la vida es hermosa si nos ponemos poco a poco a abatir los muros que nos separan», afirmó Vanier.

Según el fundador del Arca, hay que ser sinceros consigo mismos y reconocer una importante verdad: «No soy superior a ti, no soy mejor que tú, soy como tú. Tengo mi fragilidad, mi limitaciones que quizá a menudo he escondido; tú tienes tus limitaciones, quizá más visibles, pero detrás de tus limitaciones estás tú como persona, está tu corazón».

«Para que los muros puedan desaparecer --concluyó--, para que podamos llegar a ser vulnerables los unos ante los otros, para no dejarnos llevar por la competitividad, para que el mundo pueda encontrar la paz, necesito una comunidad, de hermanos y hermanas, de Jesús».

Jean Vanier nació en 1928 en Canadá. Su padre era gobernador general del país. Entró muy joven en la marina militar y la abandonó en 1950 «para seguir a Jesús, para buscar el Evangelio, para descubrir el sentido de nuestra vida y de nuestro mundo».

En 1964, fundó en Trosly-Breuil, Francia, El Arca, una comunidad para y con personas con minusvalía psíquica. Hoy existen más de cien casas con talleres, en treinta países, en las que se comparte la vida y el trabajo.

En 1971, junto a Marie Hélène Mathieu, fundó «Fe y Luz», movimiento que acoge a personas con minusvalía, a sus familiares y sus amigos para compartir momentos de celebración y oración. Actualmente hay más de mil comunidades en el mundo.


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