“Por unos Cascos Rojos en la ONU”, por Nicole Guedj

Presidenta de la Fundación Cascos Rojos.

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PARÍS, miércoles 10 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- “L’Osservatore Romano” ha apoyado recientemente la idea de formar una “protección civil” internacional que pueda intervenir en caso de catástrofes en el mundo, por orden de la ONU.

La presidenta de la Fundación Cascos Rojos, Nicole Guedj, autora de un reciente manifiesto titulado “Por los Cascos Rojos en la ONU” (Ediciones de Cherche-Midi, París, sept. 2009), explica a ZENIT la necesidad de un cuerpo de este tipo para la aldea global.

– Nicole Guedj, usted fue ministra y actualmente preside la Fundación Cascos Rojos. Los recientes acontecimientos de Haití han hecho sentir especialmente la necesidad de una “protección civil” internacional. ¿Es eso lo que usted defiende en la ONU desde hace diez años?

Nicole Guedj: Efectivamente, yo defiendo desde hace años la creación de una fuerza internacional humanitaria de reacción rápida, situada bajo el auspicio de la ONU: los Cascos Rojos.

La comunidad humanitaria no es lo suficientemente fuerte como para afrontar sola los desafíos del cambio climático.

Las catástrofes naturales no cesan de multiplicarse y las víctimas son cada vez más numerosas.

Debemos dotar a la asistencia humanitaria de un “director de orquesta” para coordinar sus acciones y hacerlas más eficaces.

Si no hemos aprendido las lecciones del Tsunami o las del Katrina, espero que se retengan las de Haití.

A pesar de la movilización sin precedentes de la ayuda internacional, hay que constatar que, por falta de organización y de coordinación, hemos perdido demasiadas vidas humanas.

– Sin embargo, los equipos de rescate llegaron por miles. ¿Cómo explica los problemas de organización de los servicios de emergencia?

Nicole Guedj: El presidente haitiano, René Preval, con el que he firmado un “Llamamiento por unos Cascos Rojos en la ONU”, lo ha explicado muy bien. Haití no estaba preparado para recibir una movilización así. Tenemos que anticipar la gestión de las catástrofes para estar preparados para reaccionar en caso de emergencia.

Con los Cascos Rojos que defiendo, dispondríamos de un Estado mayor, a través de la ONU, para identificar las necesidades y compartir los recursos disponibles, en crecimiento.

Yo imagino también unos centros regionales, en cada continente, para escribir los planes maestros de intervención, destinados a armonizar los procedimientos.

Y en una situación de emergencia, se enviaría una fuerza de trabajo de contribución para evaluar la situación y coordinar los equipos de emergencia. Eso es precisamente lo que hubiera hecho falta en Haití.

L’Osservatore Romano” destaca que en primer lugar habría que movilizar y coordinar los servicios de socorro internacionales en caso de emergencia: esto evitaría un cierto desorden que hace perder un tiempo precioso. ¿No instituiría esto también un derecho internacional a la “intervención humanitaria”, como lo deseaba Juan Pablo II, sin riesgo de dominio de un país sobre otro?

Nicole Guedj: Estoy convencida de que sólo la ONU tiene la legitimidad para intervenir por todo y para todos, en nombre de toda la humanidad.Tomemos el ejemplo del ciclón Nargis que devastó Birmania en 2008.

La junta birmana no aceptó la entrada de equipos humanitarios hasta tres semanas después. Y el único interlocutor al que reconoció legitimidad y credibilidad fue monseñor Ban Ki Moon, el secretario general de la ONU.

Con los Cascos Rojos, habría que instaurar un nuevo modo de gobernanza humanitaria basado en el voluntariado.

Más adelante, los países miembros de la ONU serían invitados a firmar una resolución y en caso de catástrofe, correspondería a los gobiernos solicitar la intervención de los Cascos Rojos.

También en Chile, tres días después de unas inundaciones, Michèle Bachelet apeló finalmente a la ayuda internacional.

– Se ha visto la desigualdad de “oportunidades” ante un terremoto: Chile, severamente golpeado pero donde los daños han sido limitados, y Haití, que lo ha perdido todo. Esta solución parece también ir en la dirección del “bien común universal” al permitir la puesta en común tanto de las técnicas de prevención como de la intervención?

Nicole Guedj: Yo soy una militante de los derechos humanos y me declaro incansable para garantizar el derecho a la seguridad a todos los ciudadanos del mundo.

Es evidente que no todos disponemos de los mismos medios para socorrer a las víctimas. ¡El terremoto en Japón no ha tenido las mismas consecuencias que el temblor de tierra en Haití!

La ONU debe asumir su “responsabilidad de proteger” interviniendo en todas las primeras horas cruciales de la catástrofe.

Sabemos bien que en la emergencia es donde podemos esperar salvar vidas. Después, los equipos están más ocupados contando las víctimas.

– ¿Por qué existe una resistencia así? ¿Es sencillamente una cuestión financiera? ¿Y qué miembros de la ONU son los más refractarios a la puesta en práctica de un cuerpo internacional permanente de este tipo?

Nicole Guedj: Haití ha sido una catástrofe. Hoy, todo el mundo está de acuerdo al decir que la ayuda internacional debe estar regulada y organizada en situación de catástrofe natural.En Haití, hemos podido contar con los estadounidenses que, afortunadamente, han desempeñado la función de los Cascos Rojos coordinando la acción humanitaria.

Pero, le repito, necesitamos una fuerza 100% humanitaria y totalmente neutra.

Como ha dicho el Vaticano, debería haber una verdadera “voluntad política” para que los Cascos Rojos se llevaran a la tribuna de la asamblea general de las Naciones Unidas.

Ningún punto del planeta es inmune a la catástrofe. Ya no se nos perdonará no saber afrontarla.

– ¿Cuáles son los avances ya logrados en este sentido?

Nicole Guedj: En 2004, tras el Tsunami, Kofi Annan aceptó el principio de los Cascos Rojos.Desde Haití, el presidente Preval, pero también el Vaticano se han unido a nosotros en esta lucha.

¡Cada día recibimos numerosos mensajes de bomberos, de asociaciones,… que ya están preparados para ponerse el casco rojo!

Yo también trabajo con el secretario general de la Organización internacional de la francofonía, Abdou Diouf, que también es nuestro patrocinador para implicar a los países francófonos, y más especialmente a África, en este proyecto.

A su vez, el cardenal Lustiger, a quien dirijo un pensamiento emocionado y recogido, también apoyó los Cascos Rojos y aceptó apadrinar mi fundación.

Recuérdese, si es necesario, que la caridad cristiana es la que ha inspirado las bases de la acción humanitaria y por eso es natural que el cardenal Lustiger se haya comprometido con su renovación.

Por mi parte, siempre me he dejado guiar por esta frase del Talmud: “Salvar una vida es salvar a toda la humanidad”.

– Su proyecto parece especialmente apropiado para llegar a los jóvenes que tanto desean realizar un servicio concreto a los demás y hacerlo en el ámbito internacional, al servicio de la aldea global, ¿qué propone hoy a los jóvenes?

Nicole Guedj: La Fundación Cascos Rojos que presido trabaja muy de cerca con la comunidad estudiantil. Cuando probamos nuestro satélite contenedor Emergesat, en Chad, con el ACNUR, constituimos una delegación de presidentes de asociaciones humanitarias de grandes escuelas.

Estos jóvenes tuvieron así la oportunidad excepcional de ir al encuentro de refugiados de Darfur y de personal humanitario.

Hoy, ellos nos ayudan sin descanso para llevar adelante el proyecto de los Cascos Rojos.

También organizamos cada año un concurso estudiantil de creatividad hu
manitaria. El año pasado tuvimos más de 150 inscritos procedentes de todos los rincones de Francia.

Los proyectos fueron especialmente innovadores y hemos seleccionado un proyecto de purificación de agua salina a través de la destilación solar.

Este año, repetimos la experiencia proponiendo a todos los estudiantes europeos que se impliquen de una manera concreta en proyectos de solidaridad internacional.

– ¿Qué otras perspectivas de acción proyecta?

Nicole Guedj: La Fundación Cascos Rojos también trabaja en la concepción de herramientas tecnológicas innovadoras para facilitar la acción humanitaria. Ya hemos realizado el Emergesat, nuestro contenedor de telecomunicaciones por satélite, en colaboración con Thales Alenia Space y el Centro nacional de estudios espaciales.

Este contenedor fue enviado en el primer avión francés que salió para Puerto Príncipe. Actualmente lo utilizan el conjunto de equipos franceses presentes en la residencia del embajador de Francia y se han establecido ya más de 20.000 comunicaciones

También desarrollamos un motor de búsqueda para encontrar a las víctimas de catástrofes naturales.

Este proyecto ha sido seleccionado en la convocatoria de Appel “web innovadora” lanzada por el Gobierno francés y lo realizamos con Google y algunas incipientes franquicias.

Tenemos muchos otros proyectos en curso. Nos corresponde a nosotros concretarlos.

Presentaremos el conjunto de nuestros logros con motivo de una velada de apoyo a los Cascos Rojos que organizamos este miércoles 10 de marzo y que movilizará a todos nuestros patrocinadores y miembros.

[Entrevista realizada por Anita S. Bourdin, traducción del francés por Patricia Navas]

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ZENIT Staff

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