Nicaragua: una Iglesia en los pantanos (I)

Entrevista con el obispo auxiliar de Bluefields, monseñor David Zywiec

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BLUFIELDS, Nicaragua, domingo, 14 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- Nicaragua es un país que ha sido devastado por la guerra civil, la dictadura y los desastres naturales. Hoy es uno de los países más pobres del mundo occidental.

El obispo capuchino David Zywiec es el obispo auxiliar del Vicariato de Bluefields, que abarca casi toda la mitad este del país, incluyendo lo que se conoce como la Costa de los Mosquitos.

El prelado de 62 años nació en el este de Chicago, Indiana, y ha hablado recientemente sobre la vida de la Iglesia en Nicaragua en el programa de televisión «Dios llora en la Tierra» de la Catholic Radio and Television Network (CRTN) en cooperación con Ayuda a la Iglesia Necesitada.

La transcripción de la entrevista aparecerá en dos partes. La segunda parte aparecerá el lunes.

–Señor obispo, ¿nos puede decir cómo acabó un polaco-norteamericano en Bluefields, Nicaragua?

–Monseñor Zywiec: Mis abuelos fueron los que vinieron de Polonia hace cerca de 100 años. Yo quería ser sacerdote y me sentí atraído por los capuchinos. Parecían ser un grupo muy feliz.

Fui al seminario y escuché relatos sobre las misiones en Nicaragua, por lo que me presenté voluntario. Mi superior respondió: «Le necesitamos allí». Fui ordenado en junio de 1974, y en enero de 1975 estaba en Nicaragua.

–¿Cuál fue su primera impresión al llegar?

–Monseñor Zywiec: Al llegar me quedé un poco sorprendido. Vine con uno de mis compañeros de estudios. Llegamos conduciendo un jeep que había sido una donación. Lo bajamos hasta Nicaragua y pensé que nos darían una especie de bienvenida de héroes.

Pero lo cierto es que una semana antes de que llegásemos había habido un secuestro y el presidente impuso la ley marcial y el toque de queda en el país. No lo sabíamos. Así que llegamos a las nueve de la noche. Cruzamos la frontera poco antes de que la cerraran.

Los demás capuchinos nos dijeron: «¡Qué! ¿Han cruzado a esta hora? ¿No saben ustedes que hay toque de queda? Algún soldado medio loco podía haberles disparado y haberle dejado morir al lado de la carretera».

Así no dimos cuenta de aquella violenta realidad, y aquella fue nuestra primera impresión.

–¿Le han amenazado o se ha sentido amenazado durante el tiempo que ha pasado en Nicaragua?

–Monseñor Zywiec: Bueno, una vez cuando estaba trabajando en la selva. Cuando llegue la primera vez enviaron «a los misioneros más viejos a las ciudades, a los más jóvenes a la selva».

Estaban en aquel entonces también los sandinistas, la organización que se rebelaba contra el gobierno; se ocultaban allí, en la selva, y oí que allí había bombardeos y sentí un poco de miedo.

Me decía a mí mismo, «mi mamá y mi papá pagan impuestos para ayudar al gobierno de Estados Unidos, y el gobierno de Estados Unidos ayuda al gobierno nicaragüense, y ellos lanzan bombas en esta zona de aquí, contra la guerrilla».

Nunca vi ninguna de estas bombas, pero me tuvieron un poco asustado. Pero Dios es bueno, y yo estoy todavía aquí.

–¿Qué  fue lo más difícil que tuvo que superar o adaptarse en su nueva vida en Nicaragua?

–Monseñor Zywiec: Llegué en 1975, poco después del Concilio Vaticano II. Cuando pasé por el seminario – estudiando la teología – me sentí muy bien, sabe, porque teníamos una nueva teología, algo sobre asesoramiento pastoral. Me sentía al día en comparación con aquellos viejos misioneros.

Pero luego el ejército del gobierno vino a llevarse a algunas personas presas y las torturó. Algunas «desaparecieron», o encontramos más tarde que habían sido asesinadas. Durante un periodo de dos años descubrimos que habían desaparecido 300 personas debido al gobierno.

¿Qué haces en una situación como aquella? ¡Nadie nos había preparado para aquello!

–¿Nunca pensó que se enfrentaría a algo así?

–Monseñor Zywiec: No, ¡nunca hablamos sobre esto en las clases de teología! Hablábamos sobre asesoramiento pastoral, y apostolados de jóvenes y cosas así, y aquello fue una crisis. La única cosa que podía hacer era recoger información y pasársela al obispo –  Mons. Schlaefer – y me sentí muy apoyado por él.

–En el Vicariato de Bluefields está lo que se llama la «Costa de los Mosquitos». ¿De dónde viene ese nombre?

–Monseñor Zywiec: La parte oriental de Nicaragua, que está en el vicariato de Bluefields, nunca fue conquistada por los españoles, y así los indios «misquitos» que vivían allí fueron autónomos.

Y también fueron capaces, se puede decir, de tener un imperio que iba desde la costa caribeña de Panamá, a través de Costa Rica y a lo largo de Nicaragua hasta Honduras. Contaban con un poderoso respaldo entonces, hasta el siglo XVIII.

–El vicariato apostólico de Bluefields es un área de 22.825 millas cuadradas. ¡Es enorme! ¿Qué es lo que le gusta hacer en una típica visita pastoral en sus viajes a las aldeas – en la búsqueda de sus feligreses?

–Monseñor Zywiec: Normalmente lo que le digo a la gente es que quiero cuatro cosas: quiero tiempo para escuchar confesiones. Luego celebro la misa y luego las confirmaciones u otros sacramentos que se pidan, como un bautismo o un matrimonio.

Y luego me gusta encontrarme con los responsables de la iglesia: me da más posibilidades para dialogar.

Luego digo: «Quiero algo de comer». Normalmente, usted lo sabe, cuando viene el obispo – aunque no haya electricidad – muchas veces matan una vaca o un cerdo porque no hay refrigeración. ¡Así hay comida para todos, y todo el mundo come!

–El vicariato apostólico de Bluefields es casi la mitad de toda Nicaragua. Ustedes son 25 sacerdotes. ¿No se sienten un poco abrumados?

–Monseñor Zywiec: Sí, ese es un problema. Tenemos cerca de 1.000 capillas y 14 parroquias. Una pequeña parroquia tendería un sacerdote con cerca de 30 capillas a su cuidado. Hay un sacerdote del norte de Milwaukee, tiene 79 años y visita más de 100 capillas.

Cada domingo, en las capillas, se tiene la celebración de la Palabra, por lo que a quienes dirigen estas celebraciones se les llama «Delegados de la Palabra». Normalmente tenemos dos de ellos en cada capilla para que en caso de que uno enferme o no pueda hacerlo, siempre tengamos a alguien.

Luego tenemos un catequista para el bautismo, un catequista para la primera comunión y la confesión, catequista para la confirmación, y catequista para el matrimonio.

Tenemos cursos de preparación normalmente una vez al año para estos diversos catequistas. Algunas parroquias tienen cursos para músicos. Y luego hay movimientos – los llamamos movimientos de retiro – y que son una forma de ayudar a crecer en la fe, preparando líderes. Así que dependemos muchos de los laicos.

–¿Cuántos misioneros son?  Ha mencionado que tiene algunos misioneros que están haciéndose mayores. ¿De dónde viene la nueva generación de sacerdotes? ¿Hay vocaciones de Nicaragua?

–Monseñor Zywiec: Los sacerdotes con los que podemos contar serían los sacerdotes que vengan del vicariato de Bluefields; hay misioneros y hay gente que ayuda, pero con quienes podemos contar más es con nuestros sacerdotes diocesanos nativos, y nos encontramos con que muchas de nuestras vocaciones vienen de familias que son líderes de la comunidad.

Por ejemplo, donde hay un diácono casado, o un delegado de la Palabra, hay ese compromiso cristiano  y ese terreno fértil para las vocaciones, no sólo al sacerdocio sino también a la vida religiosa. Por ejemplo, en una población de cerca de 10.000 habitantes, en los últimos 20 años, 15 chicas han entrado en el convento. Creo que es algo hermoso ver cosas como esta.

–¿Qué  expresiones populares de fe o devociones hay en el vicariato?

–Monseñor Zywiec: Tenemos muchas procesiones. En mi
experiencia de Estados Unidos las procesiones se llevan a cabo normalmente dentro, pero en Nicaragua hay un clima más cálido y la gente suele tener las procesiones fuera, como en Semana Santa.

En Semana Santa en algunas poblaciones tienen procesiones para el Vía Crucis, y para la Vigilia de la Pascua está la bendición del cirio pascual en el exterior y luego la procesión hacia la iglesia.

Para nuestras fiestas patronales tenemos una procesión con la estatua del santo patrón que recorre la ciudad, cantando, rezando el rosario. Esto es normal, parte normal de la vida de iglesia. Sólo rezamos para que no llueva mucho.

–Además del tamaño del territorio, ¿qué señalaría usted como el mayor desafío al evangelizar al pueblo misquito?

–Monseñor Zywiec: Aunque el territorio es grande, no se trata quizá de un problema de tamaño, sino de transporte y comunicación. Creo que en la entera región tenemos cerca de 100 kilómetros de carreteras asfaltadas y el resto son carreteras de gravilla. Llueve mucho, y muchas veces hay lugares donde uno se queda pegado.

Otra cosa es que de las 1.000 capillas, 100 son de lengua misquita; el resto de lengua española. Son principalmente granjeros – granjeros de subsistencia – implicados en los trabajos diarios del campo o en la cría de ganado.

Quizá  una de nuestras mayores preocupaciones es que la gente no sólo sea capaz de recibir los sacramentos – ser bautizados – sino que también aprendan sobre su fe y lo que significa en sus vidas diarias vivir una evangelización más profunda. Creo que la promoción vocaciones también es algo importante para nosotros para que podamos tener sacerdotes en el futuro.

Y la promoción humana también es importante, en forma de escuelas, en forma de programas sanitarios para que la gente no sólo escuche la Palabra de Dios, sino que sea capaz de vivir una vida humana y sea capaz de implicarse en la vida nacional, y no sea, por así decirlo, olvidada – que sea capaz de participar y participar de forma consciente.

 

Esta entrevista fue realizada por Mark Ridermann para «Dios llora en la Tierra», un programa semanal radiotelevisivo producido por la Catholic Radio and Television Network (CRTN) en cooperación con la organización católica Ayuda a la Iglesia Necesitada.

Más información en www.ain-es.org, www.aischile.cl

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ZENIT Staff

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