Los cristianos de Iraq: el futuro deseado y el papel esperado

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Habla el embajador iraquí ante la Santa Sede

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ROMA, lunes 7 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- Por su interés, ofrecemos a nuestros lectores la intervención de Habeeb Mohammed Hadi Ali Al-Sadr, embajador de Iraq ante la Santa Sede, en el encuentro “Cristianismo en Iraq”, celebrado en Velletri (Italia) el pasado 29 de enero, sobre la situación actual de los cristianos en este país,

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Los cristianos de Iraq han sido testigos de una época amarga, la de Saddam cuyas consecuencias han sido las guerras, embargos y catástrofes. En todo este periodo los cristianos no tenían voz, durante años se ha paralizado su voluntad, ya que el régimen les tenía prohibido expresar opiniones, formar partidos o asociaciones no gubernamentales, que habrían podido ocuparse de sus problemas y asegurar su continuidad ya que los respectivos jefes residen en el extranjero. Como consecuencia en los años 90 del pasado siglo han salido del país olas de emigrantes huyendo del infierno del régimen iraquí. Llegados al abril de 2003, con la caída de aquella odiosa “estatua”, los cristianos esperaban volver al jardín florido del Iraq libre. Un verdadero paraíso en el que hacer florecer todas las esperanzas hasta aquel momento sofocadas, y donde plantar su verdadero amor por el país que incluso ahora está lleno de los sentimientos iraquíes más bellos.

Pero los enemigos del actual Iraq son las asociaciones de infieles saddamistas que, después de la capitulación del régimen, se aprovecharon del vacío de poder creado como consecuencia de la decisión americana de disolver todas las estructuras de los servicios de seguridad. Y de este modo han podido comenzar a distribuir la muerte y la ruina por todo el país. Han hecho de todo por destruir desde el principio el proyecto del nuevo Iraq democrático. En todo esto, está claro que los cristianos junto a sus hermanos musulmanes, se beben la amargura de esta nueva guerra, porque el país está empecinado en una nueva guerra: aquella contra los fundamentalistas y los terroristas. Se trata de la guerra más feroz de todas las sostenidas por el antiguo régimen. Se trata de hecho, de una guerra contra fantasmas, sombras, que actúan contra el pueblo tomando apariencias distintas que les permiten hacerse presentes en tiempos y lugares preestablecidos y sin ser molestados cometer sus odiosos crímenes.

Indudablemente lo que ha sucedido en Iraq también ha ocurrido en otros países del mundo: embargos, guerras, parálisis económica, derramamiento de sangre, caída de las infraestructuras. Esta es la dolorosa consecuencia del proceso de democratización, incluidos los retos que comporta el tener que afrontar el terrorismo. Será la situación general, que es particular en el verdadero sentido de la palabra, que en consecuencia influye negativamente sobre el pueblo afectando a todos sus componentes.

Por esto, no es justo ni equitativo, analizar la situación de los cristianos iraquíes, abstrayéndolos de la situación global y sin tener en cuenta datos objetivos. Como no es justo tampoco, pedir al gobierno que cree un clima ejemplar dedicado a satisfacer a cada componente sin tener en cuenta al resto, como si los otros vivieran en otro planeta.

Esperamos, por tanto, de nuestros amigos de la Comunidad Internacional, que sean capaces de comprender la verdad y como consecuencia que entiendan que hoy Iraq se encuentra en una fase de su historia que supone la más crítica de su existencia. Vive, de hecho, en un clima de guerra violenta librada contra las fuerzas de los fundamentalistas y terroristas dispuestos a emplear todo lo que está en su mano, desde los recursos humanos a los económicos, con el fin de vencer en sus intentos homicidas. Pero si este “dique iraquí” cediera -Dios no lo quiera- la inundación del terrorismo que se produciría ahogaría al mundo entero. Si esto sucediese, todos y cada uno de los europeos, dirían adiós a la tranquilidad y la estabilidad de la que disfrutan. Los últimos atentados en Moscú son una prueba de lo que digo. Esta situación nos invita a todos a apoyar con fuerza al gobierno iraquí de manera que pueda afrontar este peligro del mejor modo y contenga la epidemia de terror para que pueda defender este “dique” e incluso hacerlo inexpugnable.

De esto se deduce que nuestra actual guerra contra los terroristas no está dedicada sólo a defender la seguridad del pueblo iraquí, sino también a salvaguardar la seguridad y el futuro de la humanidad entera, por este motivo combate en el lugar de la familia internacional.

Los terroristas, por su parte, han entendido que la sangre de los musulmanes iraquíes que han hecho correr como ríos, no es tan interesante a los ojos de los medios de comunicación occidental

Y desde el momento en el que pretendiendo imponer una idea torcida y del todo equivocada de la diversidad de la sociedad iraquí, anulando consiguientemente la experiencia democrática, golpeando a los cristianos, han alcanzado su malvado objetivo. Sin quererlo, los medios de comunicación y las organizaciones internacionales han caído en este mecanismo haciendo el juego a los terroristas, interesándose por los cristianos, por su futuro y el carente desarrollo de la sociedad. La consecuencia ha sido el abandono por parte de los cristianos de sus casas y la emigración.

Las acciones individuales no señalan necesariamente que exista un complot iraquí destinado a la persecución de los cristianos, a la eliminación de su existencia destruyendo su patrimonio cultural como alguno piensa. Las acciones de estos no reflejan, de hecho, la convivencia íntima y secular entre cristianos y musulmanes, como no expresa tampoco la esencia tolerante de la fe islámica que llama al diálogo, al respeto del pluralismo, y rechaza la violencia, incluso lo considera fuera del camino del Islam, como está escrito: “quien mata un alma sin motivo es como si matase la humanidad entera”. Y además: “Creyó el profeta en lo que descendió sobre él desde el Señor y los creyentes creyeron en Dios, en sus ángeles, libros y profetas sin distinción entre alguno de sus enviados”. Con respecto a esto está claro como el Islam de un musulmán falta si no cree en los fundamentos de su fe y en el mensaje de Cristo (sobre él la paz) y por tanto de la Biblia. Por otra parte el gobierno, en su interés por preservar la herencia cristiana de Iraq, ha dado vida a una superintendencia cristiana a nivel ministerial. Financia a la Iglesia con 15 millones de dólares anuales del presupuesto del Estado. Además el mismo gobierno ha exento a las iglesias y monasterios a pagar los impuestos de la luz y del agua, además de restituir a las iglesias, todas las instituciones que el anterior gobierno había expropiado como las escuelas y las universidades.

En realidad, el componente cristiano es objeto de respeto y de estima por parte de todos los jefes políticos y religiosos iraquíes. Son todos conscientes del hecho de que constituyen un elemento fundamental activo en el proceso de democratización del país. La posición oficial y popular del país entero es de solidaridad con los hermanos cristianos, especialmente después del reciente y tremendo atentado que sufrió la iglesia de Nuestra Señora de la Salvación. Este suceso, con todas las manifestaciones de solidaridad que ha desencadenado, es testigo de las verdadera esencia de los estrechos vínculos que caracterizan el tejido social nacional que no ha perdido nunca el equilibrio frente a estos crímenes sino que al contrario, los ha reforzado.

La ley electoral da ventaja a los cristianos reservando para ellos 5 sillas parlamentarias además de las que gane con las elecciones. Los cristianos de Iraq tienen hoy partidos, círculos, organizaciones no gubernamentales dedicadas a la presencia de los cristianos, además disfrutan de libertad plena de culto que viene asegurada por una protección muy rigurosa de la que muchas mezquitas no gozan. Tienen televisiones, radio y periódicos, sea en lengua s
iria o en aramea. A nivel político los cristianos tienen ministros en el nuevo gobierno, decenas de viceministros, diversos embajadores y directores generales.

Para poner fin a la emigración, el gobierno ha dispuesto distintas facilidades en la compra de terrenos, en el acceso a préstamos, en la liberación de las casa ocupadas y en la reinserción de los empleados en sus respectivos puestos de trabajo perdidos previamente en la fuga de las ciudades o del mismo país. Además se ha esforzado en resarcir todos los daños sufridos y en eximir a los cristianos de los impuestos de aduanas.

Recientemente, la presidencia de la República elaboró un decreto relacionado con la constitución de una oficina que se interese por las cuestiones de los cristianos iraquíes y coordine las medidas de seguridad, como también las actividades económicas y sociales a ella confiadas. El mismo primer ministro Al Maliki, formó rápidamente un Consejo de Seguridad Supremo para desarrollar las necesarias medidas de seguridad destinadas a prevenir nuevos atentados. Además ordenó la pronta reconstrucción de la iglesia de Nuestra Señora de la Salvación subvencionada por el Estado, después él mismo visitó las ruinas de la iglesia y se encontró con los obispos. Formó parte de la oración por el amor y la paz organizada después del atentado, visitó a los heridos en el hospital y les ofreció regalos por parte del estado para expresar a sí su cercanía. No sólo esto, su gobierno reserva otras ventajas para los cristianos, que esperan sólo la aprobación del Parlamento y su aprobación como decreto de ley. Esto nos tranquiliza con respecto al futuro de los cristianos en Iraq que será prometedor y próspero a la luz de las notables mejoras que habrá en el país a nivel de seguridad y de economía que ya está constantemente mejorando. El nuevo presidente de la cámara Al Nujaifi ha organizado reuniones especiales para analizar “la cuestión cristiana”, también visitó a su Beatitud Eminentísima el cardenal Delly expresándole su apoyo y el del Parlamento a los hermanos cristianos, ya que todos estamos en la misma trinchera.

Y no podemos olvidar tampoco la postura del presidente de la región del Kurdistán Masud Barzani que ha hecho de toda la región un refugio seguro para todos los cristianos que en Iraq se han sentido amenazados, asegurándoles todos los servicios: desde alojamiento, educación a la sanidad. El Nuncio Apostólico en Baghdad, su excelencia monseñor Giorgio Lingua, le ha transmitido los saludos del Santo Padre al presidente Masud Barzani por los encomiables esfuerzos realizados en este ámbito y discutiendo con él la posibilidad de pedir el apoyo internacional, para, con el acuerdo con el gobierno iraquí, ayudar a la región del Kurdistán a soportar el peso de la situación actual.

Por su parte Talabani propuso la formación de brigadas de protección especial, a las cuales se podrían inscribir los jóvenes cristianos para colaborar en la protección de los lugares de culto y de los barrios habitados por cristianos. Esta idea tiene el apoyo de los obispos iraquíes.

La nueva Constitución ha garantizado a los cristianos la plena igualdad de derechos y de deberes, incluso les ha concedido la fundación de una región particular propuesta por ellos, cualquiera que sea. Nuestro gobierno, por el bien del país está interesado también en la reactivación del turismo religioso cristiano y estará encantado de abrirle los brazos a los peregrinos cristianos que vengan del extranjero para visitar Ur, en el sur de Iraq, donde nació el padre de los profetas (Abraham) sobre él la paz. Está además, deseoso de desarrollar relaciones de amorosa colaboración y entendimiento con la Santa Sede en todos los ámbitos.

Para llevar a cabo el renacimiento general de la realidad cristiana, se espera que los cristianos den pasos hacia adelante para abandonar el miedo y su actual clausura. Se desea además, que perseverando con paciencia en la comunión de los sacrificios con los conciudadanos, rechacen la idea de emigrar, haciendo fracasar así el plan enemigo de vaciar el país de cristianos. Tienen también el deber de custodiar el celo apostólico y hacer un frente común para superar las discordias internas y salvaguardar la unidad nacional, rechazando toda protección externa. Contribuyendo a reforzar las actividades de caridad, sobre todo en el sector sanitario y de la enseñanza, para que el cristiano iraquí sea testigo de la resurrección de Cristo, sobre él la paz, en esta tierra buena y fértil. Es necesario activar toda forma de diálogo islamo-cristiano, difundir la cultura del respeto al otro para llegar a la unidad necesaria y afrontar los retos de la globalización.

Y finalmente, creedme amigos, mi pueblo sólo puede respirar su identidad con dos pulmones, el islámico y el cristiano. Un Iraq sin cristianos es un Iraq sin identidad y símbolos. Sí… los cristianos de Iraq permanecen allí, serán para la eternidad fuentes fértiles, proyectos de salvación, llamas de ideas, caminos para el renacimiento y manos que planten el bien y distribuyan el amor creando esperanza. Tendremos así estaciones enteras en las levantaremos himnos llenos de súplicas por Iraq para que este país vuelva a ser una tienda grande que acoge a todos.

[Traducido del italiano por Carmen Álvarez]

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ZENIT Staff

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