Madre Tekla Famiglietti: No hay ecumenismo sin vida interior

Entrevista con la abadesa de la orden de santa Brígida

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ROMA, 15 noviembre 2001 (ZENIT.orgAvvenire).- El ecumenismo, camino para profundizar en la espiritualidad: es el tema escogido por la Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida que promueve el tercer simposio ecuménico en Farfa (Italia) del 14 al 18 de noviembre en el que participan expertos de toda Europa.

«Seguimos el ejemplo de nuestra fundadora, santa Brígida de Suecia, proclamada copatrona de Europa por Juan Pablo II en 1999», explica la madre Tekla Famiglietti, abadesa de la Orden, que en 2002 inicia las celebraciones del setecientos aniversario del nacimiento de la fundadora.
El encuentro tiene lugar después de que el pasado 13 de noviembre Juan Pablo II reconociera que el ecumenismo es una de las prioridades de su pontificado.

–¿Porqué volver a proponer el primado de la espiritualidad también en el ámbito ecuménico?

–Tekla Famiglietti: Estamos empeñadas desde hace años en este campo: el Centro Internacional Ecuménico de Farfa, que inauguramos hace cinco años. Pretende seguir el deseo del Papa de reconstruir al hombre partiendo de la interioridad. No se puede hacer ecumenismo si no hay un fuerte impacto espiritual y un sólido camino interior. Por esto el comité científico del simposio, integrado por católicos y luteranos, ha apuntado a este binomio.

–Las religiosas de santa Brígida están empeñadas en este campo?

–Tekla Famiglietti: En cada una de nuestras comunidades, en especial en las casas de acogida, promovemos encuentros y congresos abiertos a los fieles de otras confesiones cristianas. Tratamos de construir un ecumenismo de la caridad hecho no sólo de palabras y diálogo; caminamos juntos poniendo en el centro a Cristo, ya sea en la celebración eucarística como en la adoración diaria: un momento de oración en el que participan incluso los luteranos, atraídos por la atmósfera de silencio y recogimiento.

En Bremen, abriremos un nuevo centro ecuménico el año próximo, así como en Cuba, donde la casa ha sido querida por Fidel Castro en recuerdo de la visita de Juan Pablo II. En Belén inauguraremos el 8 de diciembre una casa siempre de talante ecuménico que se ocupará de acogida de los peregrinos, pero también de partir el pan con todos los pobres, cristianos y musulmanes sin distinción.

–¿Tienen contactos también con los ortodoxos?

–Tekla Famiglietti: En Estonia, donde estamos desde el 15 de septiembre pasado, hemos iniciado buenos contactos con ellos; la gente advierte la laceración con los católicos y busca a alguien que ayude a recoser los desgarramientos, a sanar las divisiones para que la Iglesia respire también allí con los dos pulmones del Oriente y el Occidente. Querríamos estar presentes en otros países de la Europa del Este; mientras tanto, con los luteranos el diálogo prosigue en Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Polonia, Inglaterra y Suiza.

–Una sensibilidad ecuménica que se arraiga en la historia de su fundadora…

–Tekla Famiglietti: Santa Brígida quería recomponer la unidad en la Iglesia de su tiempo. En el siglo XIV pedía una reforma de las costumbres y la vuelta del pontífice a Roma de Aviñón; en el siglo XIX, la madre Isabel Hesselblad refundó la orden cuando el Papa ya no estaba alejado de Roma pero los fieles se habían alejado del Santo Padre tras el cisma luterano. Por tanto, nuestra espiritualidad ha mantenido su fidelidad a los orígenes: rezar por la unidad y el diálogo ecuménico.

–¿Qué pasos debe dar el ecumenismo?

–Tekla Famiglietti: Sobre todo, como católicos debemos ser los primeros en creer hasta el fondo, pidiendo al Espíritu Santo para que nos convierta y nos haga comprender qué pasos hay que dar; el Papa abre siempre el camino dando ejemplo.

Además de la oración, el testimonio y el diálogo, no podemos permanecer cada uno en nuestras posiciones; tras las palabras hay que pasar a los hechos, a una actuación concreta del ecumenismo, tanto por parte de quien desempeña papeles de responsabilidad como de los simples fieles.

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ZENIT Staff

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